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La crisis de Qatar ha afectado a la política, pero también ha generado oportunidades

Arabia Saudí, Egipto, UAE y Bahréin se reúnen en El Cairo para abordar la crisis con Qatar (Agencia Anadolu)

Desde el 5 de junio de 2017, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto han llevado a cabo un bloqueo sobre el Estado de Qatar, provocando la “crisis del Golfo”. Las palabras son importantes en la política – las naciones que ejercen el bloqueo se niegan a aceptar que existe una crisis en la región, y argumentan que todo sigue como siempre en muchas partes del Golfo, excepto en Qatar.

Muchos analistas, incluido este autor, argumentan que el bloqueo ha impactado en la política, la sociedad y la economía de la región, provocando una crisis regional. Según Brookings Doha, “en 2015, el valor de los flujos comerciales de Qatar superaba los dos mil millones de dólares con Arabia Saudí, los siete mil millones con Emiratos y los 500 millones con Bahréin. Qatar exporta más que importa a estos tres países”.

La continuación del bloqueo ha afectado a este flujo comercial, que ha sufrido un efecto económico negativo en las economías de todos los países involucrados. El bloqueo también ha paralizado el funcionamiento del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). El CCG es el organismo económico y político formado por Kuwait, Qatar, Arabia Saudí, Bahréin, Omán y Emiratos Árabes Unidos. Desde el comienzo del bloqueo, el CCG no ha conseguido llegar a un consenso respecto a varios temas políticos y económicos urgentes en la región.

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Además, el bloqueo ha provocado una crisis en las familias de la región. Muchas familias tienen miembros separados por las fronteras, y el bloqueo ha afectado mucho a sus desplazamientos. Además, ha elevado la probabilidad de una guerra, provocando incertidumbre política. Turquía ha establecido una base militar en Qatar con capacidad para albergar 5.000 tropas. Esto son sólo unos pocos ejemplos que los analistas y comentaristas han citado para justificar su argumento de que sí existe una crisis en la región.

Probablemente este mes se publiquen varios artículos acerca del impacto negativo de la actual crisis. Sin embargo, esta crisis también ha generado una serie de oportunidades políticas para Qatar. Para empezar, cuando comenzó el bloqueo, el primer sector afectado fue el suministro de alimentos, sobre todo de lácteos. Antes del bloqueo, Qatar importaba el 90% de sus alimentos y productos lácteos de sus vecinos. Horas después del bloqueo, la gente entró en pánico y compró todos los lácteos que pudo, vaciando las estanterías de muchos supermercados. Casi de la noche a la mañana, Turquía e Irán acudieron al rescate y repusieron el déficit.

Qatar se apresuró a encontrar soluciones para evitar que se volviera a vivir esta situación en el futuro. Desarrolló la relativamente pequeña granja láctea de Baladna hasta convertirla en una instalación de vanguardia. La granja, situada a las afueras de Doha, contaba con el ambicioso plan de importar 14.000 vacas Holstein para la producción de leche. Según el ministro de Finanzas de Qatar, Ali Sherif Al-Emadi, en junio de 2018, Qatar es autosuficiente en términos de satisfacer sus necesidades lácteas.

Un barco con comida se prepara para salir dle puerto de Izmir, en Turquía, con, dirección a Qatar [Cem Öksüz/Anadolu Agency]

En segundo lugar, desde 2015, Qatar formaba parte de la coalición militar saudí contra los hutíes de Yemen. Es una guerra muy cara que no tiene ningún final a la vista. Según la revista National Interest, “se estima que la guerra les ha costado a los saudíes más de 100.000 millones de dólares” desde que estalló hace tres años. La guerra de Yemen suponía mala publicidad para todos los países involucrados – sobre todo Arabia Saudí – frente a las organizaciones en defensa de los derechos humanos de todo el mundo. Según The Guardian, “las ONGS internacionales han expresado su preocupación por los ataques aéreos de Arabia Saudí y han acusado a la coalición de atacar deliberadamente a civiles con sus bombas racimo, lo cual constituiría un crimen de guerra”.

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El aislamiento político de Qatar en 2017 no podría haber llegado en un mejor momento. Qatar se apresuró a aprovechar la oportunidad para salir de la coalición saudí y, consecuentemente, absolverse de la mala publicidad y la responsabilidad financiera.

Lo tercero, y, probablemente, más importante, es que Qatar se vio obligado a embarcar en una ofensiva de seducci diplomática tras el bloqueo. El emir de Qatar, el jeque Tamim Bin Hamad Al-Thani, y el ministro de Asuntos Exteriores, el jeque Mohammed Bin Abdulrahman Al-Thani, han viajado por todo el mundo tratando de disipar las “mentiras” que se difunden sobre Qatar. Fue el bautismo de fuego para el joven Bin Abdulrahman, que sólo llevaba un año y un par de meses en el cargo cuando estalló la crisis.

Juntos han participado en varias reuniones internacionales que, hasta cierto punto, han facilitado la transmisión de su mensaje al mundo. En febrero de 2018, Bin Hamad se dirigió al Consejo de Seguridad de Múnich (CSM), en Alemania. El CSM es una de las reuniones políticas más prestigiosas, en las que se encuentran líderes y personas influyentes de la política global. Del mismo modo, Bin Rahman participó junto a otros ministros extranjeros en el Diálogo Mediterráneo de 2018 en Roma, Italia. También han embarcado en un tour africano subsahariano en el que viajarán a varios países clave de la región.  

Como conclusión: sin duda, la crisis ha afectado a la economía, la política y la sociedad qataríes. Sin embargo, también ha generado oportunidades para Qatar. El país ha empezado a buscar mercados alternativos para adquirir su suministro alimentario esencial, y también ha desarrollado agresivamente su propio potencial al cumplir con sus demás necesidades nacionales. Se ha superado políticamente a sí mismo al reforzar su relación con Europa, África y otras partes del mundo que antes no estaban muy incluidas en su radar político.

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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