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La guerra en Siria y la Cumbre Árabe

Líderes árabes posan para una foto durante la 29ª Cumbre de la Liga Árabe en Dhahran, Arabia Saudita [Foto de archivo]

Abril parece ser un mes completo para Siria en cuanto a guerra, ataques, fragmentación y división. También parece un mes completo para los árabes en cuanto a paz y normalización mediante visitas de políticos y acuerdos de miles de millones de dólares, además de la cumbre para la reconciliación y para negociar, seguida de declaraciones de condena, denuncia y apoyo, todo ello en medio de la hospitalidad beduina tradicional.

Empiezo por la guerra terrenal en Siria. Se libra en varios frentes e involucra a muchas facciones. A principios de abril, Turquía anunció que había cumplido los objetivos de la Operación “Rama de Olivo”. Entre ellos se incluía el hacerse con el control total de Afrín, al noroeste de Siria, tras derrotar a las fuerzas armadas kurdas de la zona, entre ellas las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y las Unidades de Protección Popular (YPG). La operación turca duró varios meses, se produjo en un total silencio internacional y fue ignorada por todos los bandos; ni siquiera Israel se opuso.

El proceso de eliminar a los grupos armados de Ghuta Oriental, representados por la oposición siria o por militantes extranjeros, comenzó con acciones conjuntas de las fuerzas ruso-sirias. Como siempre, sus misiles y bombas no distinguieron entre insurgentes y civiles; como siempre, murieron cientos de víctimas de todas las edades, y el llamado primer mundo no hizo nada al respecto.

El 7 de abril, Bashar Al-Assad, también como siempre, bombardeó una zona civil con armas químicas, asesinando a casi 70 personas, también niños. Sólo cuando las horrorosas imágenes de las víctimas se difundieron por las redes sociales se despertó realmente la conciencia del mundo “libre”. Tras unos días de maniobras políticas, Estados Unidos, Reino Unido y Francia atacaron a objetivos sirios ambiguos. Dispararon más de 100 misiles, y después publicaron comunicados afirmando que habían alcanzado a todos sus objetivos. Sin embargo, no mencionaron la naturaleza de estos objetivos, ni tampoco cuánto daño se había causado. Lo importante es que todo el mundo mantuviera la calma, metiendo de por medio algunos comunicados bien comedidos.

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Después, la prensa apuntó a Tel Aviv y Teherán, donde emergieron indicaciones del estallido de una pequeña guerra entre Israel e Irán en territorio sirio. Ambos países intercambiaron amenazas de que se destruirían el uno al otro y tras esto, las cosas se calmaron.

La guerra en Siria continuó. Tras todos estos acontecimientos, el día 20 de abril, el ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov, declaró que parece que Siria se dirige a una división. También insistió – al igual que el presidente Vladimir Putin – en que las fuerzas rusas entraron en el conflicto sirio para preservar su integridad, unidad y seguridad territorial. La 29ª Cumbre Árabe debía celebrarse en marzo pero el país anfitrión, Arabia Saudí, se coordinó con el secretariado de la Liga Árabe y decidió posponer la reunión hasta abril. Esto fue precedido del anuncio de la reelección del presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi, para un segundo mandato, así como de la visita a Egipto, Reino Unido, Estados Unidos y Francia del príncipe heredero saudí Mohammad Bin Salman.

El viaje de Bin Salman a El Cairo resultó en la apropiación de 1.000 kilómetros cuadrados de la costa egipcia del Mar Rojo para su enorme proyecto “Neom”, así como en inversiones saudíes en Egipto por un total de entre 10 y 12.000 millones de dólares que se pagarán a plazos. En Reino Unido, se le recibió con una verdadera hospitalidad, y volvió con acuerdos armamentísticos y comerciales. A esto le siguió Washington, donde el gobernante de facto de Arabia Saudí se reunió con el nuevo emperador, Trump, quien le recordó al príncipe heredero los acuerdos realizados durante su visita a Riad el pasado mayo, que sumaban casi 500.000 millones de dólares y que están en proceso de implementarse. Todo indicaba que esperaba más acuerdos, ya que los saudíes tienen mucho dinero y el emperador americano quiere una parte para proporcionar millones de empleos a los ciudadanos de su país. El príncipe saudí no decepcionó a Trump y se llegaron a nuevos acuerdos que sumaron otros 400.000 millones de dólares.

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Para completar su gira por Estados Unidos, Bin Salman se reunió con personalidades políticas y militares con experiencia en lo que sucede ahora mismo en la región árabe, desde Palestina hasta Irak, Siria, Libia, Yemen y demás. Después viajó a Francia y España y ambos países recibieron una parte de la riqueza saudí, aunque una proporción relativamente pequeña. Francia llegó a acuerdos con un valor menor a 20.000 millones de dólares, mientras que los de España no alcanzaron los 3.000 millones. Ya en su país, el príncipe heredero supervisó los últimos preparativos de la Cumbre Árabe.

Entre tanto, el príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohammed Bin Zayed, había anunciado anteriormente que visitaría los Estados Unidos por razones no especificadas, pero finalemente no llegó a hacerlo. Sin embargo, el emir de Qatar, el jeque Tamim Bin Hamad Al-Thani, sí fue a EEUU tal y como había programado y recibió una agradable bienvenida en la Casa Blanca. Qatar y Estados Unidos están vinculados por una alianza militar estratégica, y la base militar estadounidense más importante del Golfo, Al-Udeid, se encuentra en Qatar.

Antes de que los gobernantes – o los representantes de quienes no pudieron asistir – se reunieran en la cumbre de Dhahran, se produjeron en Siria los acontecimientos ya mencionados. Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kuwait expresaron su apoyo total a los ataques aéreos tripartitos contra las instalaciones de “armas químicas” del régimen de Assad. Esto impidió que el asunto se discutiera en la cumbre. Sin embargo, ninguno de estos países ni ningún otro mencionó la Operación “Rama de Olivo” de Turquía, dejando la puerta abierta a su condena.

La Cumbre Árabe finalizó como muchas otras antes y, el ciclo de la vida árabe volvió a la normalidad, dictada no por los presentes sino por los deseos de las verdaderas fuerzas dominantes, que no forman parte del mundo árabe. La agonía y los gritos de los árabes de Siria se perdieron en el caos y la confusión de la guerra. También se perdieron los de Yemen, donde millones de personas sufren de enfermedades y de hambre, y están al borde de una catástrofe humanitaria en medio de una guerra y una división política. E igual con las voces del pueblo de Libia, donde el este, el oeste, el sur y quienes apoyan al general Khalifa Haftar, que ha desaparecido debido a una enfermedad, buscan reemplazarle; quienes apoyan al gobierno de Trípoli siguen luchando. Libia también se dirige claramente a una división.

La lista es larga y continúa hasta llegar al núcleo del problema existencial: la causa palestina. La liquidación de la causa en el “Acuerdo del Siglo” pondrá fin a la existencia de la nación árabe. Escuchamos los gritos del pueblo palestino a través de la barrera de seguridad israelí mientras participan en las Marchas del Gran Retorno. Es como si fuesen los últimos gritos que podrían salvar a la nación. Los oímos pero, ¿alguien está realmente escuchándolos? ¿Alguien responderá?

Traducido de Al Araby Al Jadid, 26 de abril de 2018.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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