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Las intervenciones en Oriente Medio siempre tienen intereses “nacionales”, no humanitarios

Ciudadanos sirios esperan para evacuar la ciudad de Arbin en Ghouta oriental para llegar a Hama el 28 de marzo de 2018 [Dia Al-Din Samout / Agencia Anadolu]

Poco después del ataque con misiles en Siria, Donald Trump alardeó a su habitual manera que había sido una “misión cumplida”. En Reino Unido, nadie exhibió tal arrogancia. De hecho, la primera ministra, Theresa May, se vio obligada a explicar al parlamento por qué había ordenado el ataque sin consultar a los diputados.

Durante el debate parlamentario se ofrecieron dos explicaciones: que bombardear Siria servía a los intereses nacionales británicos; y que se hizo por preocupación humanitaria por el sufrimiento del pueblo sirio.

Todo esto pide que nos detengamos y nos preguntemos, ¿y ahora qué? ¿se detendrán las intervenciones en Siria, o dirigirán su atención a otras zonas llenas de sufrimiento humano?

¿Pensarán en los palestinos de Cisjordania y Gaza, que llevan 50 años oprimidos por la brutal ocupación militar de Israel? En el caso de la Franja de Gaza, la gran mayoría de sus dos millones de habitantes viven en una situación de pobreza como resultado directo del asedio israelí, que cumple ahora su duodécimo año.


Los niños que sufren de cólera se pueden ver recibiendo tratamiento médico en Yemen [Ian Bremmer / Facebook]

Los intervencionistas no muestran ninguna indignación moral respecto a que más del 50% de los palestinos que subsisten por debajo de la línea oficial de la pobreza (dos dólares al día). Tampoco nadie pide que se tomen medidas significativas frente a las víctimas y heridos resultantes de los ataques de los francotiradores israelíes contra manifestantes pacíficos, o frente a las muertes evitables causadas por la falta de electricidad, medicinas y por el cierre frecuente de hospitales. De hecho, no se ha dado ni una mínima señal de preocupación por los informes de la ONU que advierten que el territorio será “invivible” en 2020. El 97% del agua disponible en Gaza ya no es potable.

Del mismo modo, en Yemen, los gobiernos respaldados por Occidente han librado una guerra a sangre fría contra el Estado más pobre de Oriente Medio. Los sectores de la educación y la sanidad yemeníes han sido prácticamente eliminados. “La situación en Yemen – hoy, ahora mismo, para la población del país – parece el apocalipsis” declaró hace poco Mark Lowcock, jefe de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

Después de tres años de asesinatos y destrucción indiscriminados, la coalición saudí también ha provocado epidemias mortales. “El brote de cólera”, explicó Lowcock, “es, probablemente, el peor que se ha visto nunca; a finales de 2017 se estimaba que había un millón de casos”.

Está claro que estas catástrofes provocada por el hombre no les causa ninguna emoción a Estados Unidos, Francia y Reino Unido, que siguen vendiendo artefactos militares a Arabia Saudí y a Emiratos Árabes Unidos (EAU) para que sigan librando esta despiadada guerra. En lugar de reducir las capacidades militares de sus aliados del Golfo, Occidente las refuerza. ¿Por qué? Todo se reduce a “intereses nacionales”.

La intervención directa no es una opción debido a los intereses mencionados, a pesar de que existen disposiciones para ella en el derecho humanitario. Lassa Oppenheim nos recuerda en su tratado sobre el derecho internacional que “si un Estado que forma parte del Reglamento de la Haya relativo a la guerra terrestre violara una de estas reglas, todas las demás potencias signatarias tendrían derecho a intervenir”.

Aunque como regla está prohibida, la intervención es permisible cuando se ejercita con propósitos humanitarios, para detener persecuciones o actos extremos de crueldad. Así, ya en 1827, Reino Unido, Francia y Rusia intervinieron en el conflicto entre Grecia y Turquía para poner fin a las atrocidades que se estaban cometiendo.

A pesar de la magnitud del sufrimiento humano, la intervención de Occidente en Siria también se basa en mantener el equilibrio de poder para que Rusia e Irán no supongan una amenaza para los intereses occidentales o, de forma releveladora, para los del aliado de Occidente, Israel.

Leer: ¿Está Occidente librando la guerra equivocada en Siria?

Por supuesto, Israel es la causa directa de la catástrofe humanitaria de la Palestina ocupada y de los campamentos de refugiados palestinos en los países vecinos. Sin embargo, a pesar de este inmenso sufrimiento humano, lo máximo para lo que se ha preparado Occidente es para “mediar” entre las “partes”. Desde su retorcido punto de vista, la cuestión no es poner fin a la colonización y ocupación militar israelí del territorio palestino, sino controlar una “disputa” local sobre las tierras.

Tras haber sido ellos mismos sujetos a la brutal ocupación de la Alemania nazi entre 1939 y 1945, la mayoría de los europeos son muy conscientes de cuáles son las implicaciones de utilizar este término, sobre todo la de que existe el derecho y el deber de resistir a los ocupantes. Por desgracia, si se siguen ignorando las peticiones de la Autoridad Palestina para contar con “protección internacional”, no hay ninguna posibilidad de que se produzca lo que los juristas internacionales llaman “interferencia dictatorial” para acabar con la ocupación israelí. Y los palestinos que ejercitan su derecho – deber – a resistir son descritos como “terroristas”.

Si se considera desde el contexto más general, el sufrimiento humano tiene un papel secundario a la hora de determinar las políticas occidentales en Oriente Medio. Por supuesto, los políticos sólo se referirán al caso humanitario si esto les genera alguna ventaja. En momentos de elecciones, recordarán a los votantes que apoyaron la intervención en Siria para evitar el uso de gas venenoso contra civiles; parece que atacarles indiscriminadamente con bombas barril es aceptable, pero las armas químicas son una línea roja.

Sin duda, si el principio de una humanidad común tiene algún significado real en esa parte del mundo, debe aplicarse en todos los ámbitos. Al fin y al cabo, la sangre derramada en Siria, Palestina y Yemen es toda del mismo color. Hasta que, y a menos que los “intereses nacionales” pasen a un segundo plano frente a los problemas humanitarios, la hipocresía de la intervención occidental seguirá quedando expuesta, y los gobiernos tiranos de Oriente Medio – incluido el israelí – seguirán asesinando impunemente.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor, y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Dr Daud Abdullah

El Dr. Daud Abdullah es el director de Middle East Monitor/Monitor de Oriente

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