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Se estacan las conversaciones respecto al Nilo entre Sudán, Egipto y Etiopía; ¿ahora qué?

Renaissance Dam en Etiopía [Business Monthly / Facebook]

Las conversaciones acerca del Río Nilo entre Sudán, Egipto y Etiopía celebradas en Jartum el 5 de abril están en punto muerto. La discusión giró en torno a la construcción de la Gran Presa de An Nahda en Etiopía. El proyecto hidroeléctrico de 4.000 millones de dólares se encuentra en el Nilo Azul, en la región etíope de Benishangul-Gumuz, a unos 15 kilómetros al este de la frontera con Sudán. A Egipto le preocupa que la presa tenga un impacto perjudicial en el flujo del Nilo y repercuta en el porcentaje de agua del río.

Tras años de conversaciones informales, la tensión entre Etiopía y Egipto se ha intensificado. El 29 de enero, el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi, y su homólogo sudanés, Omar Hassan Al-Bashir, se reunieron con el ex primer ministro etíope, Hailemariam Desalegn, en la cumbre de la cumbre de la Unión Africana (UA) en Addis Abeba. La reunión pretendía dar pie a un proceso de compromiso con respecto al Nilo. Según Reuters, los tres líderes “instruyeron a sus ministros de energía y agua que, en un mes, elaboraran un informe que resuelva los problemas respecto a la presa.”

El Nilo fluye desde dos afluentes; el Nilo Blanco se considera la cabecera, y el Nilo Azul es su principal fuente de agua. El primero sube en los Grandes Lagos de África entre Ruanda y Burundi, y el afluente del Nilo Azul es el lago Tana en Etiopía, que contribuye en más de un 80% al flujo del Nilo. El Nilo Azul y el Blanco convergen en Jartum y corren aguas abajo a Egipto, que depende de los 55.500 millones de metros cúbicos de agua que extrae del río; un 93% de los 94 millones de habitantes de Egipto viven a lo largo de las orillas del gran río.

A lo largo de los años, se han firmado una serie de tratados entre los países que comparten las aguas del Nilo. La mayoría de estos acuerdos excluyen a la nación principal, Etiopía, que, durante muchos años, careció de estabilidad y músculo político, lo que llevo a su negligencia y aislamiento respecto a las decisiones importantes acerca del río.

Sin embargo, las fortunas económicas y políticas de Etiopía han cambiado junto a su estatus geopolítico. Egipto insiste en recurrir al acuerdo de 1959 con Sudán para su porcentaje de agua del Nilo. Esto fue un suplemento de otros acuerdos previos que otorgaban a Egipto el derecho a su porcentaje ya mencionado del agua del Nilo cada año y a Sudán 18.500 millones de metros cúbicos. El gobierno en Addis Abeba argumenta que Sudán y Egipto se repartieron el porcentaje de las aguas sin considerar las necesidades de Etiopía.

Leer: La presa An Nahda y las relaciones entre los países del Nilo

Apelando a la lógica, a menudo, con poco éxito, Egipto a su vez ha argumentado que Etiopía recibe más de 510 mm de lluvia al año, mientras que su país tiene que abastecer a una población mucho mayor con unos exiguos 200 mm. Desde la expulsión de Hosni Mubarak en 2011, Egipto ha cambiado su actitud, intensificando sus amenazas contra Etiopía. Abdel Fattah Al-Sisi contó en diciembre del pasado año al Financial Times que “el Nilo es un asunto de vida o muerte” para Egipto. Su predecesor, el presidente Mohammad Morsi, dijo: “si el Nilo disminuye en una gota, nuestra sangre es la alternativa”. Estas declaraciones tan dramáticas no han facilitado la situación; en cambio, han llevado a Etiopía a hundirse ante Egipto respecto a este tema.

Basta con decir que el caballo se ha desbocado en cuanto a la construcción de la presa; ya está completa en un 60%. También existe un alto nivel de orgullo nacional en Etiopía respecto al proyecto; se utiliza el mantra público “la presa ha sido financiada por los etíopes para los etíopes”. Sólo estos dos factores hacen difícil imaginar que Etiopía llegue a revertir sus proyectos. La presa será construida.

La cuenca del río Nilo cubre territorios en Egipto, Sudán, República Centroafricana, Eritrea, Etiopía, Kenia, Ruanda, Burundi y Tanzania [Foto de archivo]

Entonces, ¿cuál es el camino a seguir? Un alto cargo etíope me contó que el mayor desafío a la hora de negociar con Egipto es su “actitud hacia los africanos”. Mencionó el tono amenazante de Morsi y Al-Sisi durante las negociaciones. También denunció un incidente producido en mayo de 2016 durante la Asamblea Medioambiental de la ONU en Addis Abeba. El jefe de los Cuerpos Diplomáticos Africanos hizo una protesta formal ante la asamblea después de que, supuestamente, el líder de la delegación egipcia, Mohamad Hisham Shoeir, se refiriera a los africanos como “perros y esclavos”.

El cargo siguió explicándome el derecho de Etiopía a su soberanía nacional, a su propiedad de la tierra y recursos naturales. “No hay duda con respecto a los recursos [petróleo y gas] de los Estados del Golfo, así que, ¿por qué debería Etiopía negociar el uso de sus propios recursos naturales?” se preguntaba.

Etiopía eligió a un nuevo primer ministro, Abiy Ahmed, el día 2 de abril. Hay quien duda que vaya a facilitar el proceso de negociación.

Ahmed procede de Oromia, una región que en octubre del pasado año se benefició de una donación de 40 millones de birr (1,5 millones de dólares) para la rehabilitación de personas desalojadas otorgada por el multimillonario etíope Mohammed Hussein Al-Amoudi. A pesar de sus desacuerdos ocasionales con algunos politicos regionals, Al-Amoudi tiene vastos intereses comerciales en la región y una relación arraigada con su pueblo. En noviembre fue detenido junto a varios príncipes y empresarios saudíes en el Hotel Ritz Carlton en Riad, por orden del príncipe heredero Mohammad Bin Salman.

El empresario es conocido en Etiopía y en otros lugares como el mayor inversor privado en el proyecto de la Presa de An Nahda. Egipto ha criticado constantemente a Al-Amoudi y le culpa del ambicioso proceso etíope. Dados estos hechos, la perspectiva de facilitar las negociaciones entre Etiopía y Egipto parece remota, al menos a corto plazo.

Leer: Egipto, Etiopía y Sudán se reunen para debatir el futuro de la presa de An Nahda

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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