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El fin del proyecto del Estado palestino independiente

Los manifestantes gritan consignas y sostienen banderas palestinas durante una protesta contra el reconocimiento del presidente estadounidense Donald Trump de Jerusalén como capital de Israel, el 7 de diciembre de 2017 en la ciudad de Gaza, Gaza [Mustafa Hassona / Agencia Anadolu]

No quieren reconocer la verdad. El proyecto de un Estado palestino independiente está acabado. Lo saben los estadounidenses, los europeos, los israelíes y la propia Autoridad Palestina. No existe ninguna posibilidad de que se negocie para crear un Estado independiente y soberano.

El proyecto, propuesto por el Cuarteto Internacional – Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y las Naciones Unidas – durante el gobierno de George W. Bush, concluyó con un mapa para la paz que, supuestamente, llevaría a la creación de un “Estado palestino viable que conviva en paz y con seguridad con Israel”, o eso prometieron. Con el tiempo, ha quedado claro que el proyecto no consistía en crear un Estado soberano independiente, sino un protectorado reprimido con obligaciones de seguridad ante la ocupación israelí y restringido bajo las condiciones de quienes controlan la vida cotidiana de los palestinos, sometidos a dictados externos.

Si se hubiera establecido, hoy en día este “Estado” sería un proyecto dependiente incapaz de proteger a su pueblo y que no tendría ningún contacto geográfico con sus territorios, fragmentados por la ocupación. Sería un “Estado” sujeto a una ocupación que lo somete, y tendría que luchar mes tras mes para recibir las sobras que les otorgarían los donantes internacionales para pagar un salario a sus trabajadores y a sus fuerzas de seguridad.

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Básicamente, el Estado palestino que se requería hubiese supuesto una autoridad de seguridad que protegiera a la ocupación israelí de la resistencia de las generaciones palestinas que aspiran a reclamar su libertad, su independencia y su derecho a regresar a sus territorios y hogares, de los que fueron expulsados a la fuerza. Está claro que, de momento, esta autoridad ha cumplido con sus “deberes” bajo el pretexto de la “coordinación de seguridad”, incluso durante los momentos de tensión entre Ramallah y el gobierno de Netanyahu.

Parece obvio que la Autoridad Palestina tiene problemas, lo que explica el tono riguroso que ha adoptado ahora en su discurso, sobre todo bajo el enfoque del infame proyecto de Trump, llamado el “acuerdo del siglo”. Las principales promesas que ha hecho al pueblo desde su fundación en 1994 no se han cumplido, a pesar de los muchos eslóganes que ha planteado sobre sus sucesivos “logros.” Puede que el pueblo haya olvidado que esta potencia no era más que una fase transisional hacia el Estado independiente antes de que terminara el pasado siglo. Sin embargo, la situación temporal se ha convertido en permanente, y no se ve nada de luz al final del túnel.

Para tratar de compensar, la Autoridad se aferró a ciertos símbolos formales de independencia, como alzar banderas y desplegar alfombras rojas. Más que nada, ha sido una mera descentralización administrativa bajo la ocupación, aunque lo niegue.

Las fuerzas israelíes siguen asaltando ciudades y pueblos palestinos de Cisjordania y arrestando a personas a diario, expandiendo sus asentamientos ilegales y controlando el desplazamiento de los palestinos en sus cruces y puntos de control militares. Bajo el liderazgo de la Autoridad Palestina, se han formado varios gobiernos y se han adoptado posturas de soberanía. Sin embargo, todos sus cargos se ven con las manos atadas ante las restricciones de la ocupación.

El propio presidente Mahmoud Abbas ha afirmado en varias ocasiones que no puede salir de sus instalaciones en Ramallah sin la aprobación de Israel. A lo largo de los años, los primeros ministros de Palestina han planteado sus quejas por el trato que reciben por parte de los soldados israelíes, de la edad de sus nietos. Si esta es la situación de oficiales con tarjeta VIP, ¿cuánto sufrirán los palestinos encerrados entre muros, barreras militares y asentamientos?

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No es de extrañar que el alto cargo palestino Saeb Erekat, que ha participado en las negociaciones durante un cuarto de siglo, haya afirmado que el verdadero gobernante de Palestina no es Mahmoud Abbas, sino el arrogante Avigdor Lieberman, ministro de Defensa israelí.

Hay que admitir que cualquier “Estado palestino” que se declarara dentro de esta deplorable situación no sería un verdadero Estado independiente, aunque el gobierno palestino se viera obligado de nuevo a celebrar logros vacíos, alzando más banderas y recibiendo a delegaciones que les den la enhorabuena.

Desde que Trump llegó al gobierno, el pueblo palestino ha entrado en una etapa difícil, ya que el presidente de los Estados Unidos pretende imponer a la fuerza su proyecto y acabar con la causa palestina. Una vez más, nadie le ha preguntado al pueblo palestino por su opinión y su postura al respecto; ni la administración estadounidense, ni el gobierno israelí, por supuesto; ni siquiera la Autoridad Palestina.

Quizá el jefe de la Casa Blanca no se haya dado cuenta de que la causa palestina no nació ayer. Es arriesgado que él y su gobierno asuman que el pueblo palestino se arrodillará y aceptará el fin de su historia, incluso aunque el gobierno palestino parezca más débil e indefenso que nunca.

 

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