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Emiratos Árabes Unidos: ¿La “Pequeña Esparta” del Golfo o un puesto avanzado de mercenarios?

Los Desert Falcons F-16 de las fuerzas aéreas de los EAU después de regresar de una misión durante el ejercicio de entrenamiento con las fuerzas aéreas de los EE. UU. el 31 de enero de 2011 [US Air Force photo / Staff Sgt. Benjamin Wilson]

Lejos quedan los días en los que un pequeño e inocente grupo de emiratos en la costa este de la Península Arábiga contaba con una economía floreciente, una actitud abierta al comercio y cuyo nombre sólo estaba manchado por el abuso y la explotación de los trabajadores del sur de Asia. Algo con lo que nunca se asociaba era con el concepto de la expansión militar o la creación de influencias. Sin embargo ahora, este pequeño aunque próspero grupo de naciones, ha logrado aspiraciones tan ambiciosas que se ha convertido en la pequeña Esparta del Golfo.

Durante la última década, los Emiratos Árabes Unidos han estado ocupados expandiendo su influencia por toda la región, tanto por medios económicos como por fuerza militar. En su intento de expandirse por la región, se han hecho con el control de los puertos de la costa del Cuerno de África y el Yemen; empresas de Dubai como DP World han comprado e invertido cientos de millones de dólares en los puertos de Assab en Eritrea y Berbera en Somalilandia, estableciendo bases militares allí.

Cuando el Consejo Transicional del Sur (CTS), respaldado por los Emiratos, se hizo con el puerto de Aden a finales de enero, quedó reflejada la importancia que está cobrando EAU. Esta organización militar secesionista que pide la división del Yemen en dos estados, Norte y Sur, tardó tan solo dos días en arrebatar el puerto de las manos del gobierno reconocido internacionalmente, que llevaba casi dos años controlándolo. El hecho de que Emiratos respalde al CTS no sólo demuestra que este Estado del Golfo está dispuesto a diferir de la coalición saudí, sino que también está superando a sus aliados de la coalición sobre el terreno.

 

El mar es el límite

Los objetivos de EAU, derivados del príncipe heredero de Abu Dhabi y Vicecomandante de las Fuerzas Armadas de los Emiratos, Mohammed Bin Zayed Al-Nahyan, se parecen en muchos aspectos a las del vecino saudí: contrarrestar la influencia de Irán en la región y detener el avance de los houthís en el Yemen.

Al igual que Arabia Saudí, EAU ha utilizado su base en Assab para garantizar el uso estratégico de la vía acuática a su favor en el Yemen, y utilizará la misma estrategia con el nuevo puerto en Berbera. En 1855 el explorador británico Richard Burton vaticinó: “Berbera es la verdadera clave del Mar Rojo, el centro del tráfico del este de África, y el único lugar seguro para los envíos en la costa occidental de Eritrea… La ocupación [británica] se ha apoyado por muchas razones.”

Quien controla los puertos del Este de África y del Yemen controla el Mar Rojo. Con el control de estos dos importantes puertos, los Emiratos se harán con una gran influencia en el poder comercial y naval que atraviese el Estrecho de Bab Al-Mandeb.

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Otra causa más sutil que unifica a los aliados del Golfo es la supervisión de la creciente influencia de Turquía en el Cuerno de África. En una entrevista realizada en El Cairo, el príncipe heredero saudí Mohammad Bin Salman, afirmó que Turquía forma parte junto a Irán de un “triángulo del mal”.

Durante los últimos años la influencia turca en la región ha sido innegable, sobre todo en Somalia, donde ha participado en incontables proyectos como la construcción de carreteras y hospitales, la concesión de becas a miles de estudiantes somalíes e incluso la recogida de residuos. Cerca del 80% de los ingresos del gobierno somalí se generan gracias al puerto y aeropuerto de la capital, Mogadiscio, ambos administrados por empresas turcas. Estos proyectos han afianzado la posición de los turcos en la región, y han alimentado la opinión popular de que la Turquía de Erdogan será la salvadora de los marginados del mundo musulmán.

 

¿Quién controla Emiratos?

Los ejércitos de los estados del Golfo, particularmente el de Arabia Saudí, se han conocido durante mucho tiempo como los “tigres de papel”; cuentan con algunos de los mejores equipos militares producidos por los fabricantes de armas de la OTAN, pero no con un plan estratégico que esté a la altura. A lo largo de las décadas, EAU ha intentado superar esa desventaja concretamente emprendiendo programas de formación con las fuerzas armadas estadounidenses y británicas, así como con ejércitos de renombre de países de mayoría musulmana, como Pakistán y Turquía. Sin embargo, se suele pasar por alto que las capacidades militares emiratíes siguen dependiendo de la presencia de mercenarios.

Desde finales de la década de los 2000, el país ha estado construyendo un ejército de mercenarios liderado por Erik Prince, el fundador y propietario de la empresa estadounidense Blackwater Worldwide. Prince, cuya organización se vio obligada a desplazarse desde Estados Unidos a Abu Dabi tras su controvertida actuación en Irak, recibió un contrato de 529 millones de dólares de Bin Zayed para construir este ejército de mercenarios de élite e instruirles personalmente.

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Cuando se reveló en 2015 que los Emiratos Árabes Unidos habían enviado a 450 mercenarios latinoamericanos, la mayoría colombianos curtidos en la batalla, para luchar en la guerra de Yemen, quedó expuesto su método de utilizar un ejército compuesto por combatientes extranjeros. El plan del país, que consiste en utilizar muy pocos soldados emiratíes, es igual de inteligente como estúpido; ha evitado que Emiratos se ensucie las manos y ha garantizado un riesgo mínimo para los nacidos en el país, pero su dependencia de los mercenarios extranjeros podría dar lugar a una inestabilidad interna.

Aún está por ver si Maquiavelo tenía razón al decir que los mercenarios “son inútiles y peligrosos; si un Estado se controla basándose en ellos, no será ni firme ni seguro, ya que están desunidos, son ambiciosos y no tienen disciplina.” A pesar de la practicidad y rentabilidad de los mercenarios, es raro que un Estado estable dependa del personal militar extranjero tal y como lo hace Emiratos Árabes Unidos. Incluso la Guardia Presidencial, la unidad militar con más autoridad del país, está dirigida oficialmente por un ex-oficial militar australiano.

 

¿Paraíso independiente o puesto avanzado de mercenarios?

Cuando escuchamos el nombre de Emiratos Árabes Unidos, en lugar de imaginar los pulcros y colosales centros comerciales, las exorbitantes maravillas del capitalismo y los extravagantes festivales propios de un mundo feliz huxleyniano, sería más acertado imaginar las torturas de un Estado dirigido por mercenarios.

A lo largo de la última década, todas sus acciones – el respaldo a un Yemen Sur separatista, la conquista estratégica de islas situadas en el Estrecho de Bab Al-Mandeb y la sutil separación de sus aliados de coalición saudíes  – han resultado ser un éxito y han demostrado que EAU es una fuerza regional a tener en cuenta. Pero, ¿qué guarda el futuro para un país protegido por un ejército de mercenarios extranjeros a los que no les importa la población civil, y con ambiciones que van más allá de los objetivos de la coalición del Golfo? Esta “pequeña Esparta” cada vez parece más un puesto de mercenarios de corte occidental que un Estado independiente capaz de resistir la supuesta amenaza iraní ni, mucho menos, cualquier otra amenaza.

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Muhammad Hussein actualmente lee política en una universidad en Londres Muhammad Hussein actualmente lee política en una universidad en Londres Muhammad Hussein actualmente estudia política en una universidad de Londres. Tiene un gran interés en la poliítica de Oriente Medio e internacional.