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Camino a un nuevo comienzo para Palestina

Los palestinos sostienen pancartas durante una protesta contra el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel el 12 de diciembre de 2017 [Daniel Bar On / Agencia Anadolu]

Ahora que Estados Unidos se ha quitado del todo la máscara, los palestinos requieren un replanteamiento urgente de sus prioridades políticas, alianzas y estrategia de liberación nacional.

Las cosas deberían cambiar después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, aceptara la definición de Jerusalén como la capital de Israel, violando así el consenso internacional al respecto.

El movimiento de Fatah, que ha controlado a la Autoridad Palestina (AP) desde su creación en 1994, se ha adelantado a la ira del pueblo respecto a la decisión de EE.UU., declarando un “día de la ira”. Varios palestinos han sido asesinados y varios han resultado heridos en los conflictos en los Territorios Ocupados, que han explotado por la justificada ira hacia la medida estadounidense.

Pero la manipulación de las emociones palestinas por parte de su gobierno es despreciable, como mínimo. La “política de la ira”, que el gobierno palestino ha utilizado antes, suele servir para desviar el descontento popular y las críticas.

Sin duda, Israel y Estados Unidos merecen ser condenados por su papel a la hora de mantener, financiar y defender la ocupación militar y la subyugación del pueblo palestino. Pero los líderes palestinos también merecen ser condenados. Quienes han participado voluntariamente en el fútil juego del “proceso de paz”, balanceando la débil perspectiva de la “solución de dos Estados” ante los ojos de los palestinos y palestinas desesperadas.

Los líderes palestinos y un ejército de oficiales, políticos, expertos y contratistas se hicieron con miles de millones de dólares de los fondos extranjeros que servían para mantener en pie el desfile del “proceso de paz” durante más de 25 años, mientras que la población común se empobrecía y se desanimaba más que nunca.

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Quienes se resistieron, fuera del marco político aceptable que presentó el gobierno palestino, fueron acosados, encarcelados y castigados con dureza. No fue sólo el caso en Gaza, sino también en Cisjordania. Muchos periodistas, académicos, artistas y activistas han sido maltratados por cuestionar los métodos de la AP.

Pero aquí estamos; la AP llama a esos mismos palestinos a enfurecerse. Hamás también ha pedido una nueva intifada. Curiosamente, las facciones palestinas no han aprendido de la historia. Los levantamientos reales, sostenibles y populares nunca son una respuesta a la petición de un partido o de un político. Es un grito espontáneo y genuino por la libertad que surge de las masas, no de las élites políticas.

Mientras que algunas facciones palestinas esperan que la ira del pueblo contra la ocupación israelí cree un amortiguador de protección para que puedan sobrevivir un día más, otros grupos están montando la ola por sus propios intereses políticos.

Pero esta no es una estrategia. Enviar a personas con el pecho al descubierto a luchar contra soldados armados sólo para enviar un mensaje mediático no causará presión ni a Israel ni a EE.UU. De hecho, la mayoría de los medios estadounidenses han centrado el debate en la “violencia palestina”, como si la violencia de la ocupación israelí no fuese un problema y como si la seguridad de los israelíes fuera lo más importante.

Ni las peticiones educadas a Estados Unidos para que reconsidere su decisión y presione a Trump para que rescinda de la medida cambiarán la situación.

El comunicado final que presentaron los ministros de Exteriores de la Liga Árabe en El Cairo el sábado pasado es un ejemplo del lenguaje deslucido e ineficaz.

Pedirle a Trump que retire su decisión no hará que nada cambie un ápice. Los palestinos necesitan que sus hermanos árabes articulen una postura fuerte y unificada al respecto, sin pararse a explorar otras rutas políticas y ejercer una presión real y tangible sobre EE.UU. e Israel.

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El gobierno de Palestina ha degradado la lucha palestina y ha malgastado años muy valiosos persiguiendo al espejismo americano. Debe rendir cuentas.

¿Por qué los líderes palestinos se siguen aferrando con tanta fuerza a sus puestos, teniendo en cuenta el daño que le han infringido a la causa palestina?

Si el Gobierno palestino tuviese un mínimo de respeto por sí mismo y de responsabilidad, emitiría una disculpa sincera a su pueblo por todo el tiempo, la energía y la sangre malgastada. Después, haría una revisión completa de sus filas, activaría todas las instituciones de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), unificaría a todas las facciones bajo el paraguas de la OLP y declararía una nueva estrategia con respecto al futuro, cada vez más sombrío.

Pero nada de esto ha pasado aún. Sin una estrategia común, los llamados furiosos a la movilización palestina sólo alimentarán los intereses de las facciones, pero, eventualmente, demostrarán no ser de ayuda al pueblo palestino y a sus aspiraciones nacionales.

En realidad, los y las palestinas no necesitan que Fatah o Hamás declaren un “día de la ira” o una nueva intifada. Su odio hacia la ocupación y su amor por su ciudad de Jerusalén no necesita comunicados oficiales. Es su batalla. Siempre lo ha sido, han luchado todos los días desde hace 50 años.

Lo que ha hecho Trump tendrá terribles consecuencias para la región en los próximos años. Pero uno de los primeros resultados es que ha expuesto que el proceso de paz no es más que un numerito y que el papel de Estados Unidos no es ni honesto ni justo. Pero también debería exponer al gobierno palestino por sus fracasos y su corrupción.

Si los y las palestinas van a empezar de nuevo, tienen que comenzar su viaje con un nuevo discurso político, con sangre nueva, y con una nueva perspectiva de futuro basada en la unidad, el crédito y la competencia. Nada de esto puede suceder con las mismas caras, el mismo lenguaje y las mismas políticas de siempre.

Es hora de un nuevo comienzo.

Manifestación contra el presidente de los Estados Unidos Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu durante una protesta en la Plaza de la República en París, Francia, el 9 de diciembre de 2017 [Agencia Nedim / Anadolu]

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Ramzy Baroud

Ramzy Baroud es periodista, autor y editor de Palestine Chronicle. Es autor de varios libros sobre la lucha palestina, entre ellos "La última tierra": Una historia palestina' (Pluto Press, Londres). Baroud tiene un doctorado en Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter y es un académico no residente en el Centro Orfalea de Estudios Globales e Internacionales de la Universidad de California en Santa Bárbara. Su sitio web es www.ramzybaroud.net.

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