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Las viudas de guerra de Sri Lanka y su situación en el Golfo

Nathkulasinham Nesemalhar, de 54 años, de pie en frente de su casa en Jaffa, Sri Lanka, el 3 de junio de 2017. La falta de empleo en la antigua zona de guerra ha llevado a las "viudas de guerra" como Nesemalhar a emigrar al Golfo donde son explotadas y vendidas como servidumbre doméstica. [Folleto: Ariel]

Cuando Nathkulasinham Nesemalhar embarcó en marzo en un vuelo de Colombo a Mascate (capital de Omán), creía que la tarjeta de embarque que tenía en la mano era su billete de oro para una vida mejor después de décadas de guerra en la que lo perdió todo, incluido su marido.

A la viuda, de 54 años, procedente de la antigua zona en guerra de Sri Lanka, le habían prometido trabajar como criada para una familia acomodada en el estado del Golfo de Omán. Tendría una bonita habitación, horas de trabajo decentes y 30.000 rupias (150 dólares) al mes, lo suficiente para pagar sus deudas.

Pero el sueño de Nesemalhar pronto se convirtió en una pesadilla. Se encontró esclavizada con otras mujeres en un cuarto débilmente iluminado y sin ventilación, a kilómetros de Mascate. Diariamente era enviada a diferentes hogares para limpiar, y luego encerrada de nuevo por la noche.

“Éramos 15. Nunca nos pagaron. Finalmente regresamos a casa cuando intervino el gobierno de Sri Lanka “, dijo la señora, madre de tres hijos, cuyo marido desapareció en 2001.

“Las personas que no han pasado por un conflicto no entenderán lo difícil que es cuidar a los niños pequeños sin ningún apoyo. Sufrimos durante la guerra y estamos sufriendo ahora “, dijo en su casa en Jaffna, provincia septentrional de Sri Lanka.

Es comúnmente denunciada la situación de abuso que sufren las criadas asiáticas y africanas en países de Oriente Medio como Arabia Saudí, Qatar, Bahréin y Omán.

Pero la historia de Nesemalhar pone de manifiesto una tendencia ascendente pero no aún reconocida en la isla del Océano Índico, donde la falta de oportunidades para miles de viudas de guerra las convierte en presa fácil para los traficantes que las venden como esclavas en el extranjero.

Según la Oficina de Empleo Exterior de Sri Lanka, más de 1.000 mujeres del norte -muchas de hogares encabezados por mujeres- buscaron empleos como sirvientas en países del Golfo entre los años 2015 y 2016. Los datos del Banco Central muestran que sólo en 2011 fueron 300.

“Las cifras son insignificantes en comparación con las más de 100.000 mujeres de Sri Lanka que salen anualmente como trabajadoras domésticas”, dijo S. Senthurajah, directora ejecutiva de Social Organizations Networking for Development (Red de Organizaciones Sociales para el Desarrollo), una organización benéfica con sede en Jaffna.

“Pero como hace unos años casi nadie del norte partía para realizar trabajos domésticos, se trata de un número importante. La causa de la emigración es que no pueden llegar a fin de mes.

Sri Lanka disfruta de su octavo año de paz después de un conflicto de 26 años que terminó con la derrota de los separatistas Tigres Tamiles en 2009.

Más de 100.000 personas murieron, alrededor de 65.000 permanecen desaparecidas y millones fueron desplazadas de sus hogares durante la etapa de violencia, concentrándose principalmente en la mayoría étnica tamil de las provincias del este y del norte.

Sin embargo, a pesar de que el gobierno dedica miles de millones de dólares para el desarrollo de infraestructuras en el norte, poco se ha hecho por las 90.000 mujeres que perdieron a sus maridos, padres y hermanos durante el conflicto, según dicen los activistas basándose en la realidad.

La provincia del norte es una de las provincias más subdesarrolladas del país en términos de paridad de género.

La participación femenina en el mercado laboral es del 21%  frente all promedio nacional del 35%, según los datos del gobierno, mientras que la tasa de mortalidad de las parturientes es del 30% frente al 22% nacional.

Las Naciones Unidas calculan que más de una quinta parte de los 250.000 hogares del norte están encabezados por mujeres como Nesemalhar – viudas de guerra que se han convertido en el sostén de su familia.

Sin empleos y con pocas oportunidades de ganarse la vida, estas mujeres -muchas de las cuales cuidan de hasta cuatro personas- se ven obligadas a tomar dinero prestado de los prestamistas, dejándolas expuestas a la explotación por parte de las redes de tráfico de personas.

“Son las más vulnerables y fáciles de convencer para aceptar estas ofertas”, dijo Ravindra De Silva, responsable de la Asociación de Amistad y Amor, que trabajó con las autoridades para rescatar a Nesemalhar.

Las agencias de reclutamiento emplean aldeanos locales que son conocidos y respetados en sus comunidades y que buscan a mujeres endeudadas y empobrecidas.

Prometen empleos decentes, sueldos generosos y pintan un cuadro atractivo de una buena vida en una nación rica. Todo lo que las mujeres tienen que hacer es firmar un contrato básico y rellenar algunos papeles – pero a menudo no son conscientes de los términos y condiciones.

Esto equivale a un contrato de trabajo de servidumbre, donde las agencias de reclutamiento -que están registradas por el gobierno- engañan a las víctimas creyendo que no tienen que pagar un precio por el servicio, dijo Da Silva.

La agencia que envió a Nesemalhar a Omán, por ejemplo, se negó a repatriarla diciendo que el empleador pagó 300.000 rupias (1.955 dólares) por ella y que ella debía reembolsar dicha cantidad para poder regresar a casa.

Nesemalhar tuvo más suerte que la mayoría. Después de ser retenida durante varias semanas, fue rescatada cuando las autoridades de Sri Lanka se enteraron de su situación a través del pariente de otras mujeres que estaban esclavizadas con ella.

Pero muchas víctimas no son rescatadas o no pueden pagar el dinero para regresar a casa y pueden llegar a ser explotadas y maltratadas durante años. En la mayoría de los casos, no hay enjuiciamiento de los agentes de contratación o de los empleadores.

Sólo un puñado de casos han saltado a los titulares.

En 2013, una criada de Sri Lanka fue decapitada en Arabia Saudí, acusada de negligencia después de que un niño bajo su cuidado muriera. En 2010, los médicos encontraron que una mujer de 50 años, rescatada de Arabia Saudí, había sida quemada con un hierro caliente y tenía piezas de metal incrustado en su piel.

Los activistas dicen que si bien los informes de abuso físico y psicológico son comunes, las mujeres son reacias a hablar de abuso sexual y violación, temiendo la vergüenza y el estigma social.

Los funcionarios dicen que no pueden cancelar el registro de las empresas de reclutamiento y enjuiciar a los traficantes o empleadores extranjeros si las víctimas no lo solicitan – a menudo son demasiado pobres y están muy traumatizadas para llevar a cabo una acción legal-.

Las autoridades de Sri Lanka dicen que la mayoría de las mujeres pasan por agencias de reclutamiento registradas y completan un curso de 40 días antes de su partida.

El gobierno sólo interviene si recibe una queja de que alguien es retenido en contra de su voluntad.

“En el caso de Nesemalhar, nos hemos asegurado de que trajimos a estas mujeres de vuelta, si hay otros casos como ese, veremos lo que podemos hacer”, dijo Thalatha Atukorale, ministra de Empleo Exterior, a la Thomson Reuters Foundation.

Atukorale dijo que era consciente de que la pobreza en el norte estaba llevando a la explotación de las viudas de guerra, y agregó que los funcionarios estaban vigilando más a los traficantes de la zona.

Pero los analistas dicen que los sobrevivientes del conflicto necesitan mucho más apoyo para reconstruir sus vidas y conseguir ingresos.

“Hay muchas pequeñas iniciativas en marcha por parte del gobierno, las ONG’s y las empresas”, dijo Alan Keenan, analista de International Crisis Group en Sri Lanka.

“Pero no se suman a una respuesta coherente o eficaz ante la situación desesperada que muchas mujeres enfrentan en el norte y el este”.

Para Nesemalhar, la vida ha empeorado desde que regresó a casa – tanto que está pensando en regresar al Golfo. Sus deudas siguen aumentando y ella se enfrenta al estigma social en su comunidad que la acusan de haber sido una trabajadora sexual en Omán.

“Mis hijos dicen que tienen vergüenza de salir. Yo tampoco puedo salir porque la gente se ríe de mí o porque les debo dinero “, dijo Nesemalhar.

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