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Jerusalén y Al-Aqsa: Propiedad y soberanía

Director de la mezquita deAl Aqsa, el sheij Omar al-Kiswani gesticula con el signo de la victoria durante las celebraciones tras la retirada de las medidas de seguridad israelíes cerca de las entradas a la Mezquita Al Aqsa en Jerusalén, el 27 de julio de 2017. (Mostafa Alkharouf - Agencia Anadolu)

La actual batalla que tiene lugar en la Jerusalén ocupada puede clasificarse en el contexto de la política ocupante como la ocultación de la propiedad indígena de esta tierra y de sus lugares emblemáticos. La tierra es el componente más importante de la identidad de los pueblos indígenas y la ocupación se ha apoderado deliberadamente de su tierra y su identidad, así como de su propiedad legal e histórica.

Jerusalén y Al-Aqsa han sido elementos políticos fundamentales a lo largo de la historia. La escena se complicó aún más desde la construcción del Muro de Separación, lo que agregó un aspecto diferente al conflicto sobre la propiedad y soberanía de la tierra. Esto se reflejaba en la restricción a los habitantes de Jerusalén y su mercado que tiene un gran significado cultural y tradicional. También se refleja en las restricciones y medidas represivas en la Ciudad Vieja y en los servicios que el municipio intenta chantajear a los habitantes de la ciudad con el llamado comportamiento de seguridad de los residentes de Jerusalén.

La ocupación reserva un trato especial a los habitantes de Jerusalén, dado el estatus especial de Jerusalén en el sentido cotidiano, político y social. Es la ciudad palestina que está constantemente en llamas y que tiene un contacto directo diario entre palestinos y soldados de ocupación. Las preocupaciones de los palestinos en Jerusalén son muy variadas. La Intifada de Jerusalén tiene un profundo impacto en la situación nacional y, a pesar de las difíciles condiciones, los jóvenes de Jerusalén han demostrado que todos los esfuerzos e intentos de obstaculizarlos y contenerlos no los disuadirán de su papel en la lucha popular. Incluso han ido más allá que las facciones palestinas en su resistencia individual, convencidos de que la soberanía sobre Jerusalén pertenece a los habitantes de Jerusalén y a todos los palestinos.

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Si hablamos de momentos críticos y fases, también debemos hablar de la importancia de la Intifada en Jerusalén y Al-Aqsa en el año 2000. La intifada marcó un punto de inflexión en la lucha palestina y en el sentido de la identidad nacional, comparada con la identidad civil. También arrojó luz sobre el significado político de la ciudadanía.

Un niño palestino arroja piedras a un tanque israelí, al igual que la imagen de Faris Odeh en octubre de 2000, durante la Segunda Intifada

Esta fase se distinguió por el hecho de que fue un levantamiento popular y juvenil que registró un heroísmo histórico. Esto se debe a que la Segunda Intifada asentó las bases una nueva conciencia palestina. Estas bases son la expresión de una genuina solidaridad nacional. En cuanto a la ira popular, realmente no fue más que el resultado de protestar por el derecho a un estilo de vida propio y completo y por el rechazo de la soberanía de Israel que se manifestaba en los asentamientos, en el proceso de judaización y en la toma de Al-Aqsa. Por lo tanto, la escena de los habitantes de Jerusalén y de los palestinos en Palestina insistiendo en que la soberanía sobre Jerusalén sólo sería palestina era prometedora. La movilización colectiva de la época fue una fuerte expresión de exigencias claras y de imposición de desafíos ante la ocupación. Hoy estamos presenciando otra escena política que reitera, una vez más, que Jerusalén y Al-Aqsa están bajo soberanía palestina y que esta no puede verse comprometida. Esta insistencia y determinación se refleja en la movilización de Jerusalén, que es muy consciente de que el conflicto en curso es un conflicto sobre la propiedad histórica y la soberanía.

 Por lo tanto, la situación popular que estamos presenciando en Al-Aqsa es una expresión de esta conciencia. Por otra parte, las posiciones expresadas por las instituciones islámicas en cuanto a la movilización contra las medidas en Al-Aqsa expresan la presencia de un liderazgo fuerte y firme con una clara brújula que apunta a desafiar a la ocupación para poder afirmar plenamente que la soberanía siempre pertenecerá a los palestinos. Las sentadas alrededor de Al-Aqsa, junto con su concepto de soberanía y de difusión de un estado de perseverancia frente a los intentos de la ocupación por recuperar la soberanía y mostrar músculo con respecto a Jerusalén y Al-Aqsa, no son más que una motivación porque los habitantes de Jerusalén no están tan preocupados por las medidas de “seguridad” utilizadas por Netanyahu en el interior de Al-Aqsa como por ganar la batalla de la propiedad y la soberanía.

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Desde la votación sobre el proyecto de ley “Jerusalén como capital de Israel” durante su lectura inicial en la Knesset y la decisión de la Knesset respecto al nacionalismo y la “judeidad” del estado, hemos notado una clara escalada política respecto a Jerusalén y Al-Aqsa en particular, lo que no es más que la expresión de una crisis de soberanía.La cuestión y el reto que hoy se plantean van más allá de las medidas de “seguridad”, extendiéndose a quién pertenece la soberanía y el control sobre Al-Aqsa. El intento de la ocupación de borrar la propiedad e imponer la soberanía, en forma de instalar puertas electrónicas, cámaras, etc., es una forma procesal de una acción política. Esto es especialmente cierto, ya que estas órdenes eran el resultado de una decisión política, y no podemos interpretar esto aisladamente de su significado político.

La cuestión sigue siendo cuál puede ser la imagen de la lucha. Insistimos en que uno de los aspectos del conflicto no radica sólo en la confiscación de tierras, sino también en el reconocimiento de nuestra propiedad histórica como pueblos indígenas y el reconocimiento de nuestra soberanía en nuestra capacidad de pueblo indígena.

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Arab48 el 26 de julio de 2017.

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