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Mohammed bin Salman, el príncipe del caos

El príncipe heredero y ministro de Defensa de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salmán (foto de archivo)

El acto final del golpe palaciego del que he estado escribiendo desde que el rey Salman tomara las riendas del gobierno saudí acaba de ser completado. Todo el mundo esperaba que el golpe fuera contra Qatar, pero la realidad es que se estaba gestando hacia dentro de las fronteras del reino.

Tuvo lugar en medio de la noche, después del fayr –la oración de la madrugada que da la bienvenida al nuevo día–, tras la cual millones de saudíes despertaron con la noticia de que su príncipe de 31 años estaba destinado a ser el futuro rey. La marcha de su padre, el rey Salman –cuyo discurso dado durante la visita de Trump a Riad fue incomprensible para la mayoría de árabes que lo escucharon– es ahora una mera formalidad. Y su hijo, Bin Salman, es rey por todo menos por el título.

Paso a paso, finalmente el último obstáculo que se interponía en el vertiginoso camino de Bin Salman hacia la cumbre del poder saudí –su primo, Mohammed bin Nayef– ha sido apartado del poder. Poco pudo hacer para evitarlo, pero luchó hasta el final. Primero, la corte fue anulada, luego fue creado un Consejo de Seguridad Nacional, con poderes superiores a los suyos. Posteriormente se le arrebataron sus poderes judiciales. Finalmente, se inició la operación de boicot contra Qatar, uno de sus más cercanos aliados.

Arabia Saudí sigue siendo funcionando como un sistema tribal, por lo que si el jeque de tu tribu decide tomar un rumbo, poco puedes hacer para no seguir sus designios. El consentimiento no debe ser confundido con consenso. Se vio venir de lejos, pero no nos equivoquemos: esto es el mayor golpe en el seno de la casa real saudí desde que el rey Saud se viera forzado a abdicar en favor del príncipe Faisal en 1964.

¿Qué significa todo esto?

Todos los mecanismos del poder saudí están ahora en manos de un joven, inexperto y arriesgado hombre, que en su corto período de tiempo al cargo del Ministerio de Defensa se ha ganado la reputación de temerario.

Lanzó la campaña aérea contra los hutíes en Yemen y después desapareció, yéndose de vacaciones a las Maldivas, y pasaron varios días hasta que el secretario de Defensa de EE.UU. pudo localizarle, Decenas de miles de muertos después, los hutíes siguen teniendo el poder en Sanaá, el sur ha escapado al control de Abd Rabbuh Mansour Hadi y ha estallado una epidemia de cólera.

Todo documento que ha pasado por las manos de Bin Salman ha terminado en la trituradora. Su primera medida de austeridad consistió en recortar los salarios de los empleados públicos, advirtiendo de que sin ello el país entraría en bancarrota en cinco años. Después revirtió esta decisión, asegurando que se había conseguido cierta estabilidad financiera. Después se comprometió a realizar compras a EE.UU. por valor de 500 mil millones de dólares.

Ahora, todos los saudíes tendrán un día extra de vacaciones, completando con ello un total de dos semanas.

Los detalles de todas sus repentinas decisiones, entre ellos cómo se llevarán a término, son inexistentes. El plan de vender el 5% de Aramco, la compañía estatal de petróleo, en los mercados bursátiles de Nueva York y Londres, ya ha despertado las alarmas en EE.UU. –concretamente por parte de las familias de las víctimas del 11-S y en forma de demandas que exigen al reino que declare sus reservas nacionales– mientras también hay oposición en Reino Unido.

Lo mismo ocurre en Siria. No olvidemos qué país ha aportado algunos de los más peligrosos militantes a los grupos opositores al régimen sirio. Fue durante el mandato del príncipe Bandar bin Sultán, como secretario de seguridad nacional, cuando 1.239 reclusos en el corredor de la muerte –incluidos asesinos y violadores–fueron liberados a cambio de que fueran a “hacer la yihad a Siria”, tal y como se exponía en un informe fechado el 17 de abril de 2012.

Con Bin Salman, el reino ha pasado de controlar veladamente a la oposición siria –hasta el punto de decir al líder del comité de negociaciones en Ginebra cuando debía marcharse exactamente la delegación para asegurar que las conversaciones eran un fracaso– a perder cualquier interés por los rebeldes. Cuando eres aliado de Arabia Saudí, puedes ser abandonado en la cuneta en cualquier momento.

Ya sea en Yemen, Siria o Qatar, el príncipe heredero se ha ganado otro título: el de príncipe del caos.

El mentor de Bin Salman

Sin embargo, ha seguido instrucciones. Middle East Eye informó en su día de que el mentor del joven príncipe, Mohammed bin Zayed, el príncipe heredero de Abu Dhabi, le dio dos consejos para acelerar su ascenso en el poder.

El primero fue que abriera un canal directo de comunicaciones con Israel. Algo que ya ha hecho, y bajo su mando el reino está más cerca que nunca de entablar vínculos comerciales con Tel Aviv. Tanto el ministro de exteriores saudí, Adel al-Jubeir, como Nikki Haley, la embajadora de EE.UU. en la ONU, siguen el mismo guión con el propósito de meter a Hamás en la lista negra

El segundo fue que redujera el poder de las instituciones religiosas del reino. Aunque Bin Salam ha reducido la influencia del estamento religioso en la vida diaria de los saudíes, lo está usando a su vez para reforzar su autoridad. Una serie de tweets por parte de los ulemas, el comité saudí de teólogos expertos, demuestran cómo la religión ha sido puesta al servicio de la política.

Esto es lo que este cuerpo de ulemas dice acerca de los Hermanos Musulmanes:

“La Hermandad Musulmana no está entre aquellos que siguen el camino correcto. Al-Luhaidan, que Allah lo proteja”. “Los miembros de la Hermandad solo quieren alcanzar el poder, no les importa la fe. Al-Fawzan, que Allah le proteja”

Y más importante todavía es este tweet:

 

“No hay nada en El Libro ni en la sunna que permita la multiplicidad de partidos y grupos políticos. Por el contrario, ambos los censuran”

 

El mensaje está claro. Los partidos políticos no están permitidos. NO vamos a daros democracia, sino autoritarismo y teocracia.

Incluso los tiempos de este último acto del golpe palaciego son importantes. Su familia y los ciudadanos de La Meca le jurarán fidelidad la 27ª noche de Ramadán, Lailat al-Qadr, la noche en la que las oraciones tienen un valor miles de veces superior. Es la noche más importante del calendario musulmán.

No se trata pues de un rey que quiera acabar con la influencia de la religión en el Estado, sino que pretende crear su propio mandato autoritario.

 

Yemen es el siguiente

Todo ello forma parte del efecto Trump. Las ambiciones de Bin Salman de tomar el trono saudí y los planes de Bin Zayed de imponer una dictadura en todo el Golfo han coincidido con la llegada al poder del más peligroso presidente de EE.UU. de la historia moderna. La visita de Trump a Riad fue el pistoletazo de salida. En pocos días, los tanques del eje Salama-bin Zayed comenzaron a rodar, primero hacia Qatar, y después contra Bin Nayef.

Yemen es el siguiente objetivo. Como hemos informado, ha habido una escisión importante entre el presidente yemení en el exilio, Hadi, que se encuentra en Riad, y las fuerzas que tienen el control sobre Aden, apoyadas por los emiratíes. Los dos grandes aliados en la campaña contra los hutíes se enfrentan en el sur del país.

Esto, entiendo, se resolverá pronto. Bin Salman se ha encontrado con Tahnoon Bin Zayed, el hermano de Mohammed bin Zayed y también su jefe de seguridad, para pedirle que fomentara la calma en el sur de Yemen.

Bin Salman aseguró a Tahnoon que una vez se convierta en el príncipe heredero, apartará a Hadi y pondrá a Jaled Bahah en su lugar, próximo a los emiratíes.

Bahah ha visitado Riad recientemente, con el propósito de reforzar sus vínculos con la nueva administración saudí. A continuación se iniciará una ofensiva total contra el partido Al-Islah, la rama de los Hermanos Musulmanes en Yemen.

Este es por tanto un nuevo amanecer no solo para los saudíes, sino para toda la región. Si estos planes salen adelante, la región se verá sujeta a décadas de conflictos, guerras civiles y derramamiento de sangre.

¿Inseparables?

Sin embargo, los villano suelen acabar confrontados entre sí. Bin Zayed, el arquitecto de esta campaña contra el islam político y todas las fuerzas prodemocráticas de la región, ha postergado los propósitos de Bin Salman hasta ahora. Le ha puesto en primera línea de salida para convertirse en rey.

No obstante, una vez Bin Salman llegue al poder, puede que el rey no consienta seguir siendo asesorado por un Estado más pequeño, y puede que los intereses de ambos comiencen a diferir. Hemos visto ya algo similar en Egipto, donde los saudíes instalaron a un dictador militar, para comprobar después que su títere no les apoyaba en su campaña contra Irán.

El segundo factor es que el eje Salman-Bin Nayef forjará, de manera involuntaria, nuevas alianzas para contrarrestar la predominancia del otro. El cierre de las fronteras saudíes con Qatar ha acelerado ya la llegada de tropas turcas a Doha. Y puede que también lleve a Turquía, Omán y Kuwait a reconciliarse con Irán. Las divisiones creadas por la guerra siria entre Hezbolá y Hamás podrían desaparecer rápidamente.

Cuando padre e hijo llegaron al poder después de la muerte del rey Abdulá, hubo esperanza de que podrían unir a los suníes y asumir su liderazgo cuando más se necesitaba. En su lugar, han fragmentado el escenario político y lo han polarizado de manera irreparable.

 

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Middle East Eye.

 

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David Hearst es editor jefe de Middle East Eye. Fue corresponsal de The Guardian, antiguo editor asociado en el exterior, European Editor, Jefe de la Oficina de Moscú y corresponsal para Europa e Irlanda. Se incorporó a The Guardian desde The Scotsman, donde había sido corresponsal.

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