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Las advertencias de la organizaciones internacionales no ayudan a Gaza

Semahir, de la familia Sahin, prepara la mesa del iftar antes de romper su ayuno, durante el mes sagrado del Ramadán en el barrio oriental de la ciudad de Khan Younis, destruido en la ciudad de Gaza, Gaza el 28 de mayo de 2017. Viven en una tienda de plástico cerca de su casa, que fue semiderruida después de los ataques de las fuerzas israelíes en 2014. Desde entonces, la familia Sahin todavía está esperando que los restos de su casa para sean retirados y su casa reconstruida. (Ali Jadallah - Agencia Anadolu)

La última advertencia de Amnistía Internacional acerca de la “catástrofe humanitaria” que se producirá si Israel no pone fin al bloqueo ilegal sobre el enclave palestino es el último de una serie de informes acerca de la situación de la Franja de Gaza. Mientras el suministro eléctrico disminuye aún más, los palestinos de Gaza no solo se enfrentan a la inestabilidad interna, sino también a enormes carencias en el ámbito de los servicios públicos, incluyendo sanidad, gestión de aguas residuales y acceso a agua potable, algo que se ha convertido ya en un lujo.

Dado que han transcurrido 10 años desde que Israel impusiera su yugo sobre la Franja, es vergonzoso que las organizaciones internacionales sigan advirtiendo de una “inminente” e insostenible situación, cuando la realidad es que las circunstancias actuales ya se han deteriorado hasta tal punto que posiblemente sean irreversibles incluso si el bloqueo desaparece.

Otra realidad ignorada son lo ataques directos e intencionados a la infraestructura de Gaza durante la ofensiva israelí de 2014 –la conocida operación Margen Protector– que aseguró que los palestinos siguieran encarcelados dentro de sus propias fronteras, como parte de un perpetuo ciclo de destrucción

El comunicado de prensa de amnistía internacional puede que consiga que la palabra “catástrofe” suene más inminente, sin embargo, la selección de palabras muestra un calculado juego con las probabilidades y las comunes dilaciones en reconocer que la violencia del Estado de Israel, la complicidad de la comunidad internacional y el colaboracionismo de la Autoridad Palestina son los orígenes del sufrimiento de los palestinos. “En tanto poder ocupante”, explica Amnistía, “Israel tiene la obligación de asegurar que las necesidades básicas de la población civil son cubiertas. Y, al menos, Israel debe dejar de dificultar y cortar el acceso de dicha población a recursos y bienes esenciales”. Asimismo, la organización asegura que la comunidad internacional “no puede seguir haciendo oído sordos al devastador sufrimiento causado por la cruel e inhumano aislamiento israelí de Gaza”.

Teniendo en cuenta que Israel ha dado la vuelta a todos los conceptos para acomodarlos a su agenda expansionista y colonial, es casi imposible que el derecho internacional tenga un significado real en cuanto a la defensa de los derechos de los palestinos. Las leyes relevantes han sido consagradas a la inmovilidad y raramente reflejan ninguna adaptación a las nuevas circunstancias políticas. Además, teniendo en cuenta que Israel actúa siempre fuera de los límites del derecho internacional y de la rendición de cuentas, pedir que una determinada legislación se aplique es una cosa, pero asegurar su implementación es algo muy distinto.

Estas peticiones, no obstante, dan a la comunidad internacional una tapadera burocrática que le permite aislar la situación de crisis humanitaria del contexto político. Como resultado de ello, la legislación suple la necesidad de discurso político mientras que la situación humanitaria es analizada y transformada en un asunto de concienciación, sin aportar nada que pueda hacerla cambiar.

Las Naciones Unidas (NNUU) establecieron un espacio de tiempo según el cual hacia 2020 Gaza será “inhabitable”. Ayer, el Coordinador de Acción Humanitaria de las NNUU para los territorios ocupados palestinos, Robert Piper, afirmó que la decisión de Israel de reducir aún más el suministro eléctrico de la Franja era resultado de “una larga disputa interna de los palestinos”. Más allá de haber aceptado la narrativa de Israel, las declaraciones de Piper obvian el ciclo de dependencia que sostiene a la Autoridad Palestina.

Hay también un rechazo a buscar la rendición de cuentas de Israel y a asegurar “que cumple con su obligación de suplir las necesidades básicas de la población civil”, y se tiende a exigir simplemente que una correcta interpretación de dicha norma es publicada, antes que una versión dictada por el gobierno de Tel Aviv. Gaza se ha tornado una zona de experimentación en la cual las masacres y la privación de derechos son la clave para determinar la lenta pero inexorable desaparición de los palestinos, que a pesar de todo siguen resistiendo.

Como resultado de todo ello, si las organizaciones internacionales se niegan rotundamente a reconocer este vicioso círculo, equivalente a un “progresivo genocidio” del pueblo palestino, ninguna declaración, ya sea bien o mal planteado, llevará a ninguna acción en contra de Israel, el poder colonial responsable de todo ello. 

 

 

 

 

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MEMO Staff Writer

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