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¿Es Arabia Saudí realmente responsable del terrorismo global?

Imagen de archivo del ejército saudí

 

“No hay nada más obstinado que un consenso de moda”, decía la baronesa Margaret Thatcher en 1981. Es cierto, y nada está más consensuado en el discurso británico a día de hoy que la creencia de que Arabia Saudí es la raíz de todos los males del mundo, especialmente del terrorismo. Los saudíes, como dijo el columnista de izquierdas Owen Jones después de que el Dáesh declarara el califato en 2014, “están hundidos hasta el cuello en su complicidad con el terrorismo”. Algo que según él tenía que ver con el “wahabismo”.

Después tienes al locutor de extrema derecha Iain Dale, que presenta un programa muy popular en LBC radio. En su blog, citando al que era el think tank favorito de David Cameron y de Michael Gove –Policy Exchange– afirmó que entendía perfectamente que Reino Unido quiera mantener buenas relaciones diplomáticas con Qatar y Arabia Saudí, pero se preguntaba “hasta cuándo podremos ignorar en lo que ambos petro-Estados están implicados”. Jeremy Corbyn está de acuerdo con él, y dijo que “conversaciones difíciles” deben tener lugar acerca de Arabia Saudí y la “financiación del extremismo”. Unos comentarios que realizó tras los ataques en el Manchester Arena y en el puente de Londres. 

En 2008, el paranoico y charlatán profesor “experto” en terrorismo Anthony Glees, argumentaba que las donaciones de dinero de la familia real saudí a las universidades británicas llevaría “al desarrollo de un apartheid musulmán autoimpuesto”. Y añadió: “tendremos dos identidades, dos conjuntos distintos de alianzas y dos sistemas legales y políticos distintos. Esto llevará irremediablemente, por la mera lógica del gobierno , a incrementar enormemente el riesgo de terrorismo”.

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Así que observemos quienes fueron los dos ideólogos clave de Al-Qaeda. El primero de ellos, Sayyid Qutb, un egipcio que estudió en occidente. Si bien su hermano vivió en Arabia Saudí, él no lo hizo. Qutb odiaba a Arabia Saudí y se refería al wahabismo como “yahiliya” o “estado de ignorancia”. De hecho, atribuyó su viraje al radicalismo no a estudiar en madrasas saudíes, sino a su pérdida de fe cuando estudiaba en –agárrense–EE.UU.

¿Y qué pasa con Ayman Al-Zawahiri? un sau…oh, no, tampoco es saudí. También egipcio, como Qutb, que formó parte de los Hermanos Musulmanes hasta radicalizarse y ser expulsado por ser un lunático asesino.

¿Y los talibanes? Son deobandis, un grupo que emergió como reacción al colonialismo británico en la India, mucho antes de que Arabia Saudí siquiera existiera. ¿Y la India? Debe de haber miles de yihadistas allí. No, realmente no los hay, a pesar de que Arabia Saudí haya estado enviando cientos de millones de dólares para la construcción de mezquitas, escuelas y centros sociales como parte de sus “actividades misioneras”. Entre los 1,3 millones de indios se encuentran ciento setenta millones de musulmanes, por cierto.

En lugares como Nigeria y Malasia, donde se ha acusado a los saudíes de introducir la versión más desquiciada de la sharía –propia del islam más conservador, que precede a la creación de Arabia Saudí en cientos de años–. En Indonesia, también sujeta a los esfuerzos propagandísticos de Arabia Saudí (subrayo la palabra “esfuerzos”), Sidney Jones, del Instituto de Análisis Político del Conflicto en Yakarta, hizo un estudio acerca de los alrededor de 1.000 individuos arrestados –en el que es el país con mayor población musulmana del mundo– desde 2002, y sólo 4 o 5 tenían vínculos con instituciones wahabíes o salafistas- La conexión saudí, por tanto, era “más un bulo que otra cosa”. 

Críticos con la extensión del wahabismo en Reino Unido son muchas veces incapaces de citar fuentes fiables de su supuesta influencia. El liberal demócrata Tom Brake aseguró recientemente que “no es un secreto que Arabia Saudí en particular suministra fondos a cientos de mezquitas en el Reino Unido, promocionando una interpretación muy radical del islam. Es en estas instituciones donde el extremismo británico echa raíces”.

Iain Dale, por su parte, tiene cifras distintas: “En 2007, de las 1.528 mezquitas de Inglaterra, solo 68 se adherían al salafismo o al wahabismo. Dichas cifras han aumentado un 20% en los últimos ocho años hasta llegar a los 1.850 centros a día de hoy. Alrededor de 110 de estos se cree podrían estar bajo control wahabí o salafí y recibiendo fondos de Arabia Saudí o de fuentes relacionadas.

Todo parece y suena ruin, pero si examinamos los número, todo ello supone nada más que un aumento del 4,4% al 5,9% en el número de mezquitas de Inglaterra fundadas por Arabia Saudí, entre 2007 y 2015. No son muchas mezquitas. Desde luego no son cientos. Mi anecdótica experiencia me dice que el flujo de capital saudí se detuvo en los 90, al menos en Inglaterra. En cualquier caso, dado que ninguna mezquita expone de manera pública de dónde saca sus fondos, me cuesta mucho esfuerzo comprender de dónde sacan los analistas todas estas cifras.

Hay un problema en acusar a Arabia Saudí de estar detrás de todo lo relacionado con el terrorismo. Particularmente con los izquierdistas y liberales que respetan el pluralismo, se debe lidiar con el hecho de que Arabia Saudí es hogar de dos centros religiosos de mayúscula importancia: Meca y Medina. Puede que el país no esté regido precisamente por los mejores gobernantes, pero no debería sorprendernos que los imanes británicos hayan estudiado en Arabia Saudí. Al fin y al cabo, es el lugar de origen de la fe islámica.

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El problema se hace mayor, particularmente para los grupos tolerantes con el islam, porque si culpas a la “ideología” saudí de la amenaza, inevitablemente te adhieres a la visión neoconservadora del terrorismo, que considera que todo es una cuestión cultural y no de individuos. Terminas relacionando ser una personar religiosa y conservadora con ser directamente un terrorista. Esto es a lo que supuestamente se oponen personas como Jones o Corbyn.

Arabia Saudí puede ser muchas cosas –un régimen opresivo, sectario y lleno de desigualdades de todo tipo– pero si se les culpa del terrorismo de las calles de Londres te metes en una ratonera que, sinceramente, sólo te puede llevar a culpar al islam per se.

Así pues, ¿por qué no le damos una segunda vuelta a esta idea? Lo que causa el terrorismo es la existencia de gente enferma y desgraciada que tiene los medios y la voluntad para cometer ataques terroristas. Los terroristas siempre han existido. Podremos detenerles invirtiendo en servicios de seguridad, en vez de glorificar sus éxitos en los medios, y afrontando los problemas sociales que generaron el caldo de cultivo para el terror. Cualquier otra cosa es una pérdida de tiempo, como lo es hablar ad nauseam acerca de Arabia Saudí y su ideología wahabí.

 

 

 

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