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Esperanza y escepticismo tras la victoria de Rohaní en Irán

TEHERÁN, IRÁN - 13 DE MAYO: El presidente iraní, Hassan Rohaní, pronuncia un discurso en el Complejo Deportivo Azadi antes de las elecciones presidenciales del 19 de mayo en Teherán, Irán, el 13 de Mayo de 2017. (Fatemeh Bahrami - Agencia Anadolu)

La televisión estatal iraní ha felicitado oficialmente a Hassan Rohaní por haber ganado de nuevo las elecciones presidenciales, tras imponerse claramente al candidato conservador Ebrahim Raisi.

Rohaní ha obtenido 22,8 millones de votos en en las disputadas elecciones de este viernes, en comparación con los 15,5 millones que ha logrado Raisi, de un total de 38,9 millones de papeletas emitidas, según los datos ofrecidos por el Ministerio del Interior, que explicó que aún quedan papeletas por contabilizar.

A principios de esta mañana, una fuente del Ministerio del Interior señaló a la Agencia Reuters que Rohaní había alcanzado una ventaja irreversible en las elecciones presidenciales de Irán, citando una cuenta extraoficial que se hizo eco de la noticia a primera hora de la mañana.

En una reunión informativa con periodistas, el portavoz del Ministerio del Interior, Ali Asghar Ahmadi avanzó una proporción similar de los votos emitidos, y a media tarde ya se había confirmado que el clérigo reformista dispondrá de un segundo mandato para seguir en la senda de la reconciliación de Irán con Occidente, al mismo tiempo que continúa su expansionismo en Irak, Siria, Líbano, Yemen y otros países de la región.

"Se acabó, Rohaní es el ganador", dijo la fuente bajo condición de anonimato.

Uno de los partidario de Rohaní se alegraba de la noticia, si bien dijo que espera de él que promueva mayores libertades sociales y económicas, promesas que hizo cuando fue elegido por primera vez tras un auténtico terremoto electoral en el año 2013 , con los iraníes cansados ​​de la decadencia económica y las altas tasas de represión de la disidencia.

Mahnaz, de 37 años, y partidario del candidato reformista, dijo: "Estoy muy feliz por la victoria de Rohaní. Ganamos. No cedimos a la presión. Les demostramos que todavía existimos"

Quiero que Rohaní cumpla sus promesas

Ahmadi, el portavoz del ministerio del Interior, detalló que se habían emitido unos 40 millones de votos, lo que indica una participación cercana al 70%, aproximadamente similar a la de 2013. Ahmadi explicó además que los resultados finales serían anunciados en las últimas horas del día de hoy.

La gran participación parece haber favorecido a Rohaní, cuya principal preocupación había sido la apatía entre los votantes reformistas, decepcionados por el lento ritmo de los cambios prometidos por el presidente.

"La amplia movilización de los grupos conservadores y la posibilidad real de una victoria de Raisi han animado a muchas personas a salir a votar", opina Nasser, un periodista de 52 años de edad.

"Hicimos una apuesta entre amigos, yo les dije que Raisi ganaría y creo que eso animó a algunos de mis amigos que no iban a haber votado a votar finalmente".

'La autocracia permanecerá'

Los analistas han expresado sus cautelas sobre la capacidad real de Rohaní para llevar a cabo reformas ambiciosas, a pesar de su aparente gran victoria, dada la influencia de los servicios de seguridad en el sistema clerical-republicano híbrido de Irán.

"Las dos últimas décadas de elecciones presidenciales han sido siempre unos pocos días de euforia, seguidos de largos años de decepción", advierte Karim Sadjadpour, miembro de la Carnegie Endowment, y especializado en Irán.

La democracia en Irán florece sólo unos días cada cuatro años, mientras que la autocracia es de hoja perenne

Rohaní, de 68 años, y que asumió el cargo prometiendo abrir a Irán al mundo y dar a sus ciudadanos más libertades en el país, se ha enfrentado a una oposición inesperadamente fuerte por parte de Raisi, un personaje cercano al Líder Supremo de Irán, Ali Jameneí.

La elección es importante "para el papel futuro de Irán en la región y en el mundo", dijo Rohaní, quien hace dos años logró un acuerdo con las principales potencias mundiales para frenar el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de la mayoría de las sanciones económicas.

Raisi, de 56 años, acusa a Rohaní de gestionar mal la economía y durante su campaña ha viajado a áreas pobres, pronunciando mítines en manifestaciones prometiendo beneficios sociales y empleos.

Se cree que el clérigo conservador ha gozado el respaldo de la poderosa fuerza paramilitar de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés), así como del apoyo tácito de Jameneí, cuyos poderes como líder supremo superan a los del presidente electo, pero que normalmente se aleja de la política cotidiana.

"Respeto el resultado del voto del pueblo y el resultado será respetado por mí y por todo el pueblo", dijo Raisi después de votar ayer, según la agencia de noticias Fars.

Sin embargo, Raisi apareció más tarde en el Ministerio del Interior en Teherán denunciando la escasez de papeletas de su candidatura en muchos colegios electorales, según Fars. Las autoridades, en cualquier caso, accedieron a las demandas de Raisi y suministraron más papeletas a las áreas afectadas.

La Guardia Revolucionaria y otros miembros de la línea dura esperaban que una victoria para Raisi les hubiera dado la oportunidad de salvaguardar el poder económico y político que consideran amenazado por el levantamiento de las sanciones y la apertura del país a la inversión extranjera.

Durante las semanas de campaña, los dos principales candidatos intercambiaron acusaciones de corrupción y brutalidad en debates televisivos hostiles sin precedentes. Ambos niegan las acusaciones del otro.

Rohaní había instado a la Guardia a no entrometerse en la votación, una advertencia que refleja la tensión política.

Las sospechas de que la Guardia y una milicia bajo su control condicionaron los resultados de la votación a favor del candidato ultraconservador Mahmoud Ahmadineyad llevó a ocho meses de intensas protestas a nivel nacional en 2009, que fueron violentamente reprimidas.

Unas elecciones ajustadas

Para los iraníes de a pie, estas elecciones se presentaban como una dura elección entre dos visiones completamente opuestas del país.

Rohaní, conocido durante décadas por ser un miembro del establishment de talante moderado, más que un reformista, ha cultivado un discurso reformista radical en las últimas semanas, criticando la falta de respeto a los derechos humanos de sus rivales conservadores.

"He votado a favor de Rohaní para evitar la victoria de Raisi. No quiero que un extremista sea mi presidente ", dijo Ziba Ghomeyshi en Teherán. "Esperé en la fila durante cinco horas para emitir mi voto."

Muchos votantes pro-reforma son partidarios de Rohaní de forma un tanto tibia, decepcionados por su fracaso a la hora de implementar cambios más amplios durante su primer mandato. Sin embargo,  han querido evitar una victoria de Raisi a toda costa, a quien perciben como un representante de las corrientes más oscuras de los servicios de seguridad del régimen: en la década de 1980, el candidato conservador fue uno de los cuatro jueces que condenaron a muerte a miles de presos políticos.

Para los conservadores, la elección representaba una oportunidad para restaurar los valores de la revolución de 1979, que exige que los funcionarios electos estén subordinados al clero chií y al Líder Supremo, en un sistema de goibierno conocido como Velayat-e Faqih ("gobierno del juez islámico").

A pesar de la eliminación de las sanciones que tenían que ver con el programa nuclear iraní en 2016, aún persisten sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Irán basadas en cuestiones de derechos humanos y el presunto apoyo del país asiático al terrorismo, lo que ha mantenido a las compañías extranjeras con cierto recelo a la hora de invertir, limitando hasta la fecha los beneficios económicos que cabría esperar del fin de las sanciones nucleares.

Raisi ha centrado su campaña en la economía, visitando zonas rurales y pueblos y prometiendo viviendas, empleos y más beneficios sociales, en un mensaje que pretendía conectar con los millones de votantes pobres furiosos con la élite de Teherán.

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