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¿Es Sudán un puente entre arabidad y africanidad?

Autoridades turcas, qataríes y sudanesas participan en la gala de apertura de la nueva instalación textil. (Ibrahim Hamid/Agencia Anadolu)

Más del 70% de los hablantes de árabe como  lengua materna viven en África, tienen genes africanos y una cultura fruto de la mezcla de componentes árabes y africanos. La literatura africana escrita en árabe forma el tercer pilar de la literatura africana en su conjunto, junto al inglés y el francés. A diferencia de lo que dicen algunos europeos (“pseudo-intelectuales”, como los llama el autor Fadili Jamma) la literatura del Magreb árabe, Egipto y Sudán no es en absoluto “sólo” de naturaleza árabe: también es literatura africana.

Hay diez países árabes en África. Constituyen una realidad palpable de mezcla étnica y cultural que podría conducir a un renacimiento cultural árabe-africano. De esos países, Sudán es el que más cerca ha estado de lograr esto; siempre ha sido conocido como un puente de comunicación, y un cruce entre la arabidad y la africanidad. El profesor Yahya Al-Awad citó al difunto escritor Tayeb Saleh, quien afirmaba que la opción estratégica de Sudán es servir de puente para la interacción entre el norte y el sur del Sáhara. “Esta opción está en línea con los intereses nacionales sudaneses, y a favor de liberarnos de las prisiones de la arabidad y la africanidad, donde no somos reconocidos por ninguno de los dos”, dijo.

Sudán está llamado a ser el puente entre la arabidad y la africanidad debido a su geografía y demografía. La riqueza de su diversidad en términos de etnicidad, cultura, religión y lenguaje ha llevado a que se la conozca por el sobrenombre de Little Africa. Sin embargo, para que esta denominación se materialice, se tendrían que haber cumplido en el pasado tres condiciones principales: la construcción del Estado moderno en Sudán después de su independencia; esto es, que Sudán hubiera seguido unido en el norte y el sur, manteniendo tanto sus dimensiones árabes como africanas; y  la construcción de un puente entre la arabidad y la africanidad, en ambas direcciones sur-norte y norte-sur.

Desafortunadamente, las élites sudanesas no han logrado ninguna de estas condiciones, lo cual es un fracaso que nos impide hoy verlo como una realidad. Es un fracaso de tales dimensiones que casi ha destruido la noción de que el país es el puente árabe-africano.

La élite árabe-islámica del norte de Sudán ha venid creyendo que tenía la “misión sagrada” de difundir el islam y la lengua y cultura árabes en el sur de Sudán y más allá hasta el interior africano. Si bien no estoy necesariamente en desacuerdo con esto, debe hacerse utilizando medios pacíficos de genuina amistad y abierta interacción, considerando sagrado no el mensaje por sí solo, sino la preservación del mosaico de la diversidad. Sin embargo, parece que las elites del norte no tuvieran en cuenta la sensibilidad asociada con este concepto de Sudán como  puente entre la arabidad y la africanidad, y han mantenido la conexión como una calle de sentido único, desde el norte hacia el sur exclusivamente.

Mapa de Sudán (imagen de archivo)

Mientras tanto, las élites del sur acusan a las del norte de ignorar la unidad sudanesa y de negar la realidad de la diversidad y la pluralidad, de pensar en las tribus del sur de Sudán como si tuvieran poca o ninguna cultura. Por lo tanto, insisten  los norteños, la unidad sólo puede lograrse mediante la conversión de los del sur al Islam y enseñarles árabe por la fuerza. Las élites del sur continúan señalando que la ignorancia y las invenciones han llevado al norte a afirmar que el árabe, o el dialecto árabe-juba, es la lingua franca de las diferentes tribus del sur. De hecho, la lengua árabe de Juba no se extiende más allá de los límites de la ciudad de la cual recibe su nombre; No es hablada por los miembros de la tribu de Bari que viven alrededor de la ciudad, por no hablar de las otras tribus del Sur. Las tribus vecinas allí aprenden los idiomas del otro y hablan entre sí, o simplemente se comunican a través de un traductor.

Creo que es justo reconocer que las elites del norte que gobernaron Sudán tras su independencia procedieron con un entusiasmo sin precedentes, en nombre del “patriotismo”, a implementar una política de islamización y arabización del Sur como la única solución a la guerra que comenzó en Torit en agosto de 1955. Las diferencias culturales, religiosas y étnicas entre el sur y el norte no fueron reconocidas hasta después de la revolución de octubre de 1964, bajo el gobierno provisional de Sirr Al-Katim Al-Khalifa. Este fue un avance positivo que se desarrolló y condujo a la mesa de negociaciones de 1965, a la que asistieron todas las fuerzas políticas del Norte y del Sur y representantes de siete países africanos como observadores: Egipto, Argelia, Uganda, Kenia, Nigeria, Tanzania y Ghana.

La conferencia no logró los resultados esperados. Las elites del sur culparon a sus homólogos del norte de unirse en contra de algunos de los puntos centrales que planteaban. Es cierto que el acuerdo de Addis Abeba firmado por el régimen de Jaafar Nimeiri con los sureños dio a Sudán una paz que duró once años, pero la guerra civil se reanudó después de que el propio Nimeiri revocase el acuerdo. En este sentido, el destacado político sureño Dr. Lam Akol dice que Nimeiri violó el acuerdo tras la reconciliación de 1977 con los partidos del norte en su contra, y se mantuvo en contra del acuerdo de Addis Abeba e incluso afirmó que había cláusulas secretas dentro de él.

Lo que quedaba del puente árabe-africano, fue destruido por la imposición del régimen islámico en Sudán bajo el yugo de Omar Al-Bashir. Este, controla el país a través de la opresión y la tiranía, utilizando políticas que asumieron la superioridad racial, hasta el punto de lanzar una guerra yihadista contra el sur, así como otras políticas y prácticas que continuaron hasta después de la firma del Acuerdo General de Paz en Enero de 2005. Todo esto abrió el camino a la separación del sur para formar el nuevo estado de Sudán del Sur en 2011.

En la revista Khartoum, en 1981, el Dr. Musa Al-Khalifa escribió: “Si una cultura ha asumido que su idioma es el mejor, y su religión es la mejor, y sus miembros los mejores, entonces eleva a sus ciudadanos proyectando para que crean que otras culturas son inferiores. Al observar el problema del racismo, encontramos que es el resultado del predominio de una cultura particular, que se considera avanzada y elegida, y esto se basa en la idea de que hay una cultura superior y otra inferior “.

¿No es esto lo que hemos visto -y seguimos viendo- en Sudán? ¿Sigue siendo un puente entre arabidad y africanidad?

 

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