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“Sé fuerte” – Los heridos iraquíes de Mosul reciben ayuda psicológica

“Sé fuerte, Ahmed, no tengas miedo”

Tumbado en una camilla de hospital, el estudiante iraquí Ahmed Khalaf está casi desesperado tras haber perdido una pierna cuando un proyectil de metralla le golpeó mientras corría para huir de los militantes del Daesh en Mosul.

“Sé fuerte, Ahmed, no tengas miedo”, le aconseja el psicoterapeuta Karam Saad a Khalaf, de 20 años, mientras relata cómo su familia acababa de abandonar su hogar para escapar de la zona de guerra del oeste de Mosul cuando un proyectil les cayó encima.

Ahora Khalaf está en un hospital al sur de Mosul, pero ha perdido el contacto con su padre y su hermano, que resultaron gravemente heridos en el ataque del 19 de marzo. Su padre y su hermano están bajo cuidados intensivos en clínicas distintas en Erbil, una región kurda autónoma y relativamente pacífica a 80 km de Mosul.

Hay unos 320.000 civiles desplazados debido a la batalla de seis meses por el control de la segunda mayor ciudad de Irak. Las fuerzas estadounidenses junto al ejército iraquí y varias milicias populares están tratando de arrebatársela a los yihadistas de Daesh, que la tomaron en 2014.

Un niño, con una pierna escayolada, recibe tratamiento en un hospital en Erbil, Irak, el 12 de abril de 2017. (Yunus Keleş - Anadolu Agency)

Khalaf está luchando por asimilar el hecho de que los médicos tuvieron que amputar su pierna derecha por encima de la rodilla. Se le ha ofrecido apoyo emocional post-trauma, algo inusual en el Irak conservador y religioso, para ayudarle a lidiar con su nueva discapacidad.

“Las sesiones psicológicas me han ayudado, pero sigo pensando sobre lo que me ha pasado, lo que les ha pasado a mi padre y a mi hermano. No paro de pensar en ello”, le cuenta Khalaf a su psicoterapeuta.

“Ahora no puedo pensar en mi futuro. Pero, si Dios quiere, reanudaré mi vida, seguiré estudiando.”

El grupo humanitario Hándicap Internacional ha ofrecido apoyo a Khalaf y a más de 5.300 personas desplazadas de Mosul. También ha proporcionado rehabilitación física a casi 1.200 personas gravemente heridas, incluyendo amputados.

Pero, con la batalla entrando en su séptimo mes y con unos 400.000 civiles aún atrapados en el último bastión iraquí de los militantes, la laberíntica Ciudad Vieja de Mosul, esto es sólo el principio.

“Ante una crisis de tal magnitud, las organizaciones humanitarias no pueden satisfacer todas las necesidades”, declara Marlene Sigonney, portavoz del grupo.

El concepto de psicoterapia es relativamente nuevo en Irak, ya que en otros países árabes conservadores las personas con problemas emocionales suelen buscar ayuda en una mezquita o en una iglesia, no en una clínica.

“En la sociedad iraquí, la gente es reacia a enfrentarse a sus problemas psicológicos”, cuenta Saad, que se graduó en la Universidad de Mosul antes de que el Daesh tomara la ciudad. “Sólo aceptan tratamiento en los peores casos.”

Además de sufrir traumas, los iraquíes que han perdido piernas o brazos en la guerra también tienen problemas a la hora de conseguir miembros artificiales. En un centro especializado de Erbil dirigido por el Comité Internacional de la Cruz Roja, los pacientes tienen que esperar dos meses para ser tratados.

La clínica de Erbil está intentando reclutar más especialistas para ayudar a hacer frente a un desbordamiento de 210 casos en la provincia de Nineveh, devastada por la guerra, cuya capital regional es Mosul.

Ahmed Ammar es una de las personas que está empezando a caminar de nuevo. Es un mecánico de coches y padre de cinco hijos que dirigía un taller al oeste de Mosul. Mientras practicaba con su pierna prostética, cuenta:

“Abrí la puerta del patio y un IED (artefacto explosivo improvisado) explotó”.

“Me amputaron la pierna desde el tobillo y me pusieron una prótesis, pero después tuve gangrena y me la amputaron más allá de la rodilla. El Daesh puso el artefacto. Me quitaron la pierna.”

 

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