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¿Se convertirá Siria en la próxima Libia?

Imagen de civiles sirios que encuentran refugio después de que las fuerzas del régimen de Assad realizaran ataques aéreos en Damasco, Siria, el 15 de Febrero [Hamza Adnan -Agencia Anadolu]

Karl Marx dijo una vez: “La historia se repite a sí misma; primero, como una tragedia, segundo, como una farsa”. Basado en esta noción, el mundo libre ha sido desquiciado en su participación en el conflicto sirio. Se empeñó en sus razones para creer que Siria acabará por convertirse en otra Libia. Este paradigma del pensamiento político es un conjunto en un pasado reciente áspero, en este área al borde del Sáhara. Ambos países están unidos por su historia convergente y benevolente, que se remonta mucho más allá que a su independencia en 1946 y 1951 respectivamente

La tragedia

Libia aún no ha encontrado una solución para el estallido político que llevó a la deposición de su líder, Muammar Gaddaffi. La enervante situación en Siria, junto con la participación rusa e iraní, ha provocado que la Casa Blanca sea prudente en su enfoque de la incuestionable tiranía del régimen sirio de Assad; un régimen que ha superado de lejos la tiranía perpetrada por el dictador libio.

La acción estadounidense contra el régimen de Assad en Siria, y no sólo contra el Daesh, contrasta con la participación preliminar de la OTAN y los aliados en Libia.

La diferencia es que, para el pueblo sirio, la participación internacional ha llegado 6 años después de que estallase una guerra que ya ha desalojado a 13,5 millones de personas, asesinado a 400.000 y destruido el país.

 

La farsa

Los paralelos en ideología y política previas a sus “Primaveras Árabes” han sido profusamente utilizados por un Occidente hedonista para imponer sus planes a largo plazo de un futuro para ambos países que sólo beneficia a dos partes del mundo: Occidente (EEUU y Europa) o Rusia e Irán en Oriente.

El problema para los sirios después de Assad es que, a diferencia de Libia, los rusos han dejado clara su postura de apoyo a Bashar Al-Assad. Esto deja a la oposición siria unida a Occidente.

Sin embargo, en Libia la participación internacional ha obstaculizado el progreso social y político. Han dejado al país falto de un gobierno funcional, o quizás con demasiados gobiernos, empeorando la situación. Se considera que el impetuoso involucramiento militar de Occidente en Libia ha tenido un efecto adverso y ha conducido al país a su situación actual.

Aunque podría discutirse si la decisión de permitir que un país socialista durante 47 años encontrase su propio camino hacia la democracia fue un movimiento perjudicial por parte de Occidente, es evidente que esto podría convertirse en un problema en una Siria sin Al-Assad.

Este tira y afloja con los dos países ha dejado un Oriente Medio volátil. Aunque es cierto que tanto libios como sirios soñaron y lucharon por su libertad, la libertad que pueden esperar no es utópica.

Se entremezcla con conflictos desde el principio, cuestiones de inclusión de todos los partidos y tribus, la estabilidad en un Estado post dictatorial, derechos y libertades y, lo más difícil de todo, la implementación de la constitución, seguido de la reconstrucción de la asistencia social; educación, planificación, sanidad y finanzas.

También habrá remanencias rezagadas de los antiguos regímenes; en caso de Libia, se manifiesta en la figura del general Khalifa Haftar. Aún está por ver si habrá una figura similar en Siria.

De momento, los paralelos entre ambos países son similares sólo en la medida en que los dos han sufrido mucho, compartiendo una cultura y un lenguaje común. El futuro de sus países radica en su pueblo y no en sus líderes políticos, en sus logros y no en sus bajas, en sus actos de caridad y no en sus actos de guerra.

En el ajedrez entre Estados Unidos y Rusia, Libia y Siria sólo son peones listos para ser sacrificados.

 

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Estudiante libio-británico de licenciatura en Comunicación Mediática y Sociología. Comentarista sobre asuntos sociales, mediáticos y políticos de Libia y Oriente Medio.