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El peligro real del yihadismo en Malí

Rebeldes del Azawad maliense. (Mohamed Vall/ Al Jazeera)

 

Malí es uno de los estados más inestables de África. Después de decenas de alzamientos touareg, guerras civiles y la incapacidad de lograr un desarrollo socioeconómico sostenible ha provocado que, debido a la situación de su entorno geográfico, el país se haya convertido en un estado fallido que necesita de la intervención extranjera para poder subsistir como ente nacional.

Las tensiones en Malí han sido constantes desde que logró obtener la independencia de Francia en 1960. El foco del conflicto se encuentra en las tensiones étnicas, si bien la mayoría de sus habitantes son subsaharianos, éstos forman parte de diferentes clanes y tribus frecuentemente enfrentados entre sí, al mismo tiempo nos encontramos con grupos árabes y touareg, estos últimos son los que más inestabilidad política han generado debido a sus aspiraciones independentistas.

Frente a esto nos encontramos con un incremento de la tensión religiosa por el aumento de la presencia de elementos yihadistas en el sur de Argelia. Desde principios de la década de 1990 se produjo el desarrollo de elementos islamistas radicales, que tendrá su máximo exponente a partir de la caída de Gadafi y la destrucción de Libia: drogas llegadas de América Latina se mezclarán con señores de la guerra, traficantes de armas y comerciantes de personas; todo ello en una región pobre con inmensos países, poca población, fronteras porosas y voluntades fácilmente sobornables en una de las zonas con más tensión del mundo.

En 2012 se produjo la gran guerra que asoló Malí. Este conflicto acabaría provocando la independencia de facto de toda la zona norte al crearse la República de Azawad, que al final acabó sufriendo un conflicto interno debido a las tensiones entre MLPA (de izquierda socialista), cuyo portavoz Moussa Ag Assarid reconoció que Azawad sería una república que respetaría la carta de Naciones Unidas, esto le enfrentó directamente a sus aliados militares de las facciones islamistas, especialmente el grupo islamista touareg Ansar Dine.

El apoyo que los islamistas de Ansar Dine recibieron de Al Qaeda del Magreb Islámico permitió la expulsión del MLPA del recién creado país, proclamando el inicio de una República Islámica en Azawad. Los islamistas habían parasitado el movimiento secesionista y se habían hecho con el poder debido a sus ingentes recursos financieros y humanos provenientes de sus contactos internacionales.

El empuje de este ejército islamista no sólo acabó con el MLPA, sino que amenazó directamente la supervivencia del resto de Malí, que ya había perdido la mitad norte de su territorio. El gobierno de Bamako intentó una última ofensiva que fracasó y obligó a la comunidad internacional a intervenir para evitar la expansión de una República Islámica yihadista en la zona, teniendo en cuenta la fragilidad del sur de Argelia, la cercanía de Mauritania y Marruecos y la situación de Libia, convertida ya en un estado fallido.

Francia desplegó su ejército en el año 2013 en Malí, después de una campaña con las fuerzas armadas maliense del gobierno de Bamako logró penetrar en la región de Azawad y capturar las ciudades más importantes, expulsar al Ansar Dine, a Al Qaeda del Magreb Islámico y a la MUYAO. La recuperación del territorio no ha significado la llegada de la paz a Malí, ya que el territorio se encuentra acosado por grupos islamistas que se mueven en sus santuarios del norte del país y sur de Argelia mayormente y desde allí hostigan a las tropas francesas (que se hallan ahí con la operación Barkhane) y a las tropas malienses.

En conclusión, debemos entender que la presencia de Francia y de la ONU en Malí es lo único que impide la disolución del país y la constitución de un estado “islámico” en parte de su territorio, al mismo tiempo el número de efectivos en la zona ha crecido por la afluencia, pequeña pero constante, de combatientes llegados desde Europa al teatro norteafricano (mucho menos famoso que el teatro sirio, pero existente también), al mismo tiempo los grupos yihadistas están encontrando muy apetecible asentarse en los territorios del Sahara/Sahel situándose así cada vez más cerca de las puertas de Europa.

 

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