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Luna de miel en las relaciones entre Arabia Saudí y Sudán

RIAD, ARABIA SAUDI- 23 DE ENERO: El presidente de Sudán Omar Al Bashir (I) estrecha la mano con el rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud en el Palacio de Yamamah en Riad, Arabia Saudí el 23 de Enero de 2017. Bandar Algaloud / Consejo Real Saudí /Agencia Anadolu)

Claramente, las relaciones sudanesas y saudíes han recorrido un largo camino desde aquel día de Agosto de 2013 en el que al avión presidencial sudanés en el que viajaba Omar Hassan Al-Bashir le fue denegada la entrada en el espacio aéreo de Arabia Saudí. El viaje tuvo que ser abortado y el presidente se vio obligado a regresar a su país sin “haber cumplido su misión”.

El presidente se dirigía a Teherán para participar en la ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente iraní, Hassan Rouhani. Desde el comienzo del gobierno de Al-Bashir en 1989, Irán ha sido uno de sus aliados más fuertes y cercanos. Los vínculos militares y culturales también eran robustos. Eran frecuentes los intercambios culturales con periodistas y grupos de mujeres, y el acoplamiento del buque de guerra naval de Irán en el Mar Rojo ocurrió nada menos que tres ocasiones. Acciones que hicieron que sonaran las alarmas en la región del Golfo.

Ejercícios militares conjuntos sudaneses-saudíes

Sin embargo, sólo tres años después de un enfriamiento visible de la relación entre los países; los lazos entre Sudán y Arabia Saudí están, literalmente, “por los cielos”. El mes pasado, las dos naciones organizaron una gran exhibición de aviones militares sudaneses-saudíes. Arabia Saudí envió a sus Eurofighters fuera del reino en su primera misión, además de los modelos americanos F-15 y Typhoons; mientras que Sudán desplegó a sus Mig-29y Shukhois rusos y chinos. La exhibición tuvo lugar en Merowe, el gran yacimiento de las pirámides y de la antigua civilización de Sudán, ilustrando una nueva amistad estratégica entre los dos vecinos, que ahora parecen estar divididos tan sólo por el Mar Rojo.

 

Amistad de confianza

En los últimos años, Jartum ha redescubierto su amistad con el reino en el que residen un gran número de ciudadanos sudaneses, y los empresarios saudíes están comprando terrenos de primera calidad en la capital sudanesa para permitir la inversión y la creación de empleo. En cuanto al Mar Rojo, Arabia Saudí confía en que Sudán, su vecino del oeste, proteja su ruta comercial, que es vital para la industria petrolífera del reino.

Los observadores tienen claro que el punto de inflexión clave fue en 2014, cuando Jartum anunció que iba a cerrar el Centro Cultural Iraní, citando intentos por parte de Teherán de causar una inestabilidad “intelectual y social”. Dicho de otra forma, el centro cultural, que propagaba el chiísmo, se empezó a considerar una amenaza. Más tarde, Al-Bashir argumentó que Sudán ya tenía suficientes “diferencias tribales” sin que hiciera falta importar otra cuestión de conflicto político. Pero, dada la posición política y económica de Sudán en el momento, varios críticos consideraron la salida de Irán de la esfera sudanesa como fruto de la “conveniencia política.”

Sudán estaba decepcionado con la respuesta de Teherán en cuanto a su diputa con Sudán del Sur. Poco después de la secesión, cuando estalló una guerra comercial  acerca de la distribución de los ingresos petroleros entre los dos países y tras perder el 75% de estos ingresos, los sudaneses sintieron que Teherán no hizo nada por ayudarles. En su lugar, Irán parece haber presionado al máximo para intentar aumentar la población chií de Sudán, que se estima en 12.000 personas.

Sudán es un firme país islámico sunní, y algunos dirían que es un país “sufí”, pero las relaciones con el país mayoritariamente chií fueron cruciales durante los años de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la ONU. Pero reanudar la conexión saudí le ha dado a Sudán su nuevo papel estratégico e importante. Unos 5.000 millones de dólares de las exportaciones saudíes a través del Mar Rojo y de la inversión saudí en agricultura, producción de alimentos y ganadería hacen que Sudán esté en posición de satisfacer las necesidades de su vecino. Ahora las fragatas saudíes, y no iraníes, son comunes en el Mar Rojo. Arabia Saudí considera a Sudán como una puerta de acceso a Sudán del Sur, Etiopía y Chad, lo que supone que Sudán sea un conducto vital para la cartera de inversiones saudí.

 

Un papel significativo

A la hora de explicar el rejuvenecimiento de las relaciones sudanesas-saudíes, Jartum se ha mostrado reacio a admitir que la amistad se enfrió. Sin embargo, durante un tiempo, Arabia Saudí suspendió los tratos financieros con Sudán, que eran una de las únicas maneras con las que Sudán podía acceder a los mercados internacionales, mientras los Estados del Golfo fueron instruidos específicamente para que no negociaran con el estado de África Oriental.  

Además de unirse a una iniciativa para combatir la extensión del chiismo en África, Jartum parece estar haciendo todo lo posible para alinearse con la agenda saudí. Su papel en la coalición saudí en Yemen es pequeño, pero muy significativo. Las fuerzas militares de Sudán están en la línea de frente en la batalla contra los hutíes y los intentos de asegurar que los militantes del Daesh no se hagan con e control de la región.

En aquel momento, los informes mediáticos acerca del divorcio con Teherán sugerían que, poco después, Arabia Saudíingresó 1.000 millones de dólares en el banco central del país para apuntalar las reservas extranjeras de Sudán. Las estimaciones de la inversión saudí varían, pero se cree que, en los próximos 5 años, serán de 15-20.000 millones de dólares.

La inauguración de las presas en Alto Atbara y Setit, al este de Sudán, también supondrán hasta 2.000 megavatios de electricidad, pero esto también permitirá que Arabia Saudí comience a cultivar en un área de terreno en la región de un millón de acres. El proyecto saudí “Visión 2030” también permitirá que los saudíes tengan acceso total a las aguas subterráneas sudanesas para el riego, que les serán arrendadas por 99 años.  

El rey de Arabia Saudí junto al presidente egipcio Abdelfattah Al Sisi en una imagen de archivo

Están empezando a producirse alianzas diferentes y cambiantes en la región como resultado de esta relación. Cuando Egipto apoyó la propuesta de la Federación Rusa de atacar Alepo el año pasado, Arabia Saudí criticó al país al que había apoyado tras la expulsión del presidente egipcio democráticamente elegido, Mohamed Morsi. Riad estuvo se vio aun más sorprendida cuando Egipto trató de impedir que estableciera una base en Yibuti. A cambio, Arabia Saudí cortó sus ventas de petróleo con El Cairo y, desde entonces, ha fortalecido sus lazos con Jartum y Addis Abeba.

Se espera que, en unos pocos meses, ambos países estén juntos en su luna de miel, ya que se ha puesto en marcha el proyecto de otro espectáculo aéreo en Arabia Saudí. Pero, mientras los dos países – más Etiopía – parecen estar preparándose para un compromiso a “largo plazo” para conseguir ganancias económicas, políticas y militares; la alianza, sin duda, inflamará aún más al eje de Egipto, Sudán del Sur y quizás Uganda, que parece estar creando una oposición orquestada para proteger sus intereses.

 

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El periodista y productor de noticias de televisión.