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¿Por qué es tan racista el movimiento feminista árabe ?

Una autoproclamada activista “humanitaria” y por los derechos de la mujer de Jordania fue descubierta recientemente insultando a las trabajadoras domésticas de una agencia de reclutamiento en Snapchat. Ola Al-Fares, una periodista premiada, alineó a seis trabajadoras en una foto sólo para reírse de ellas ante sus seguidores. Se burló implacablemente de su forma de vestir, diciendo que tiene que arreglar su “sentido de la moda”, y lo hizo mientras miles de personas las miraban.

 

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@Loreal As a brand that supports women’s rights ,is it acceptable for your brand ambassador @OlaAlfares to treat domestic workers as slaves?

Trad: Farah Missmar (@Missmarized): @Loreal Como marca que apoya los derechos de las mujeres, ¿es aceptable que su embajadora, @OlaAlfares, trate a estas trabajadoras domésticas como esclavas?

Al-Fares decidió disculparse sólo después de que las acusaciones contra ella se hiciesen virales. Afirmó que no pretendía ofender a nadie, aunque recibió aún más críticas por su “arrepentimiento.”

Ola Al-Fares (@OlaAlfares): @Missmarized @Loreal @LOrealParisUK @LOrealParisUSA @LOrealParisCAN @LOrealParisAU @lorealparis Lamento profundamente este malentendido, y que, inintencionadamente, haya ofendido a estas mujeres o al público.

Ola Al-Fares (@OlaAlfares): @Missmarized @Loreal @LOrealParisUK @LOrealParisUSA @LOrealParisCAN @LOrealParisAU @lorealparis Los que me conocen saben que soy una activista humanitaria que realmente cree en la igualdad, sin importar la raza o la etnia, y siempre será así.

Otro caso de racismo contra trabajadoras también se hizo viral esta semana. Una mujer de Kuwait grabó a una trabajadora doméstica mientras ésta colgaba de la barandilla de un balcón, negándose a ayudarla justo antes de que cayera desde un séptimo piso.

Transcripción del vídeo: Empleadora: ¡Madre mía, estás loca! ¡Ven aquí! Trabajadora doméstica: ¡Agárrame la mano! ¡Agárrame la mano!

Los bomberos llegaron en su ayuda, y después fue insultada en las redes sociales porque “cayó desde un séptimo piso y no le pasó nada.”

Miles de personas reaccionaron con enfado en defensa de las víctimas en ambos casos. La mayoría piden justicia para las víctimas, y hubo unas pocas peticiones por el fin de los sistemas estructuralmente racistas vigentes en estos países, que hacen que los trabajadores extranjeros tengan que sufrir estas situaciones.

Es innegable que, a menudo, el movimiento feminista árabe demuestra una tremenda falta de interseccionalidad. Del mismo modo que el “feminismo blanco” es criticado por una serie de académicas feministas por abordar los problemas de la mujer desde una perspectiva eurocéntrica; el feminismo del mundo árabe pone un énfasis desproporcionado en las mujeres árabes. Como resultado, los derechos de las mujeres no árabes de clase trabajadora del mundo árabe suelen ser pasadas por alto cuando, de hecho, son cruciales para el proyecto de liberación de las mujeres árabes.

Hace unos meses escribí acerca de por qué es peligroso que los salvadores blancos hablen sobre las mujeres árabes. El artículo se basaba en un vídeo que se hizo viral a principios de este año, que se oponía a la tutela masculina en Arabia Saudí. El vídeo fue aclamado como una revelación feminista en el mundo árabe, pero sólo se centraba en la situación de las mujeres saudíes en Arabia Saudí. El hecho de que el vídeo se hiciese viral, sin ser criticado por centrarse exclusivamente en la lucha de la mujer saudí de clase media, deja verlos defectos racistas del movimiento.

Muchos creen que este argumento es una generalización total. Sin embargo, no borra el hecho de que hay muchas mujeres árabes que creen que la raza y la clase deben ser componentes clave del movimiento feminista en la región de Oriente Medio-África del Norte (MENA), en lugar de evaluar las deficiencias del movimiento. Descartar la amplia falta de internacionalidad del movimiento regurgitando que “no todas las feministas árabes carecen de interseccionalidad” ya no es una opción, y lo demuestran los constantes crímenes contra mujeres trabajadoras extranjeras que ocurren en sistemas de racismo, clasismo y misoginia estructurales.

Cuando las cuestiones raciales y de clase no están integradas en el movimiento feminista árabe, dejan margen para que personas como Ola Al-Faren se autoproclamen como defendoras los derechos de la mujer y considerar que, públicamente, pueden ser racistas y clasistas. Al continuar así, el feminismo dominante del mundo árabe no está haciendo nada por concienciar a los gobiernos sobre el abuso que sufren las mujeres pobres trabajadoras no árabes y, por lo tanto, arriesgándose a perder su credibilidad como movimiento feminista.

Las mujeres árabes también son presas de perpetrar esta doble moral. La diputada kuwaití Safaa Al-Hashem siente que está luchando contra las actitudes  sexistas en el parlamento. Esta misma semana, un diputado se negó a sentarse a su lado porque ella llevaba perfume. Es alabada tanto en Kuwait como en el mundo occidental, probablemente debido a que es la única diputada mujer del Estado del Golfo.

Sin embargo, Al-Hashem también es conocida por su indulgencia hacia los comentarios racistas y la postura anti-inmigración. En un momento dado, dijo que los inmigrantes deberían pagar un impuesto por caminar por las carreteras de Kuwait. También cree que no deberían tener permitido obtener medicamentos gratis en el hospital, aunque sean pobres.

Al tenerla como un modelo sólo por su género, su racismo se ignora por completo, y las víctimas de este racismo, entre ellas las mujeres de la clase trabajadora, se quedan marginadas.

Aunque hay que aplaudir que el movimiento feminista del mundo árabe esté ganando impulso, hay que hacerlo con las intenciones adecuadas. Las mujeres trabajadoras no árabes ya no deben considerarse como objetos de “simpatía”; ni como ajenas al movimiento; sino como focos de cambio. Si su lucha no se trata igual que la lucha de las mujeres árabes, el movimiento caerá en la trampa del racismo, y no se conseguirá un verdadero cambio en el mundo árabe.

 

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