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El escándalo del secuestro de niños judíos árabes en los albores de la creación de Israel

Las IDF apresan a un menor palestino

Un escándalo se gesta en Israel, y lleva décadas maquinándose. Durante los años de la fundación de Israel, cientos de bebés nacidos en familias judías de países árabes fueron secuestrados y entregados a familias blancas askenazíes para su adopción. Las familias afectadas eran, en su mayoría, judíos recién llegados provenientes de Yemen, aunque también raptaron bebés de familias marroquíes, iraquíes y tunecinas. Como movimiento colonialista, el sionismo siempre ha estado profundamente imbuido del tipo de etno-nacionalismo racista que consideraba a los judíos árabes “orientales” (“mitzrahim”, por su nombre en hebreo) inferiores a los judíos askenazíes y blancos de Europa.

El proyecto del sionismo siempre ha sido “reunir” a los judíos de todo el mundo en un nuevo “Estado judío” en el territorio histórico palestino, ahora llamado, en su mayoría, “Israel”. La mayoría de las gentes palestinas fueron expulsadas por las milicias sionistas entre 1947 y 1948 en lo que un historiador israelí ha descrito como una “limpieza étnica”. Esto se debe a que eran mayoritariamente no judíos y, por lo tanto, obstaculizaban el proyecto del sionismo. La propia arabidad de los judíos árabes era otro obstáculo para el sionismo, y tenía que ser eliminado.

El primer primer ministro de Israel, David Ben-Gurion (foto de archivo)

El racismo llegó a su cima. El primer ministro de Israel, David Ben-Gurion, se quejaba de que los judíos árabes carecían incluso de “los conocimientos más elementales” o “un rastro de educación judía o humana”. Explicó que “no queremos que los israelíes se conviertan en árabes. Estamos obligados por el deber a luchar contra el espíritu del Mashreq (“Oriente árabe”), que corrompe a las personas y a la sociedad.”

Este racismo era una característica fundamental del sionismo: la superioridad de “los judíos” (implícitamente, y a veces explícitamente, conceptualizados como “blancos”) respecto a “los árabes”, considerados un espíritu “corrupto” de la región. Por lo tanto, los judíos con un origen cultural y lingüístico árabe eran un problema. Las injurias comunes entre la tropa israelí contra los judíos árabes en aquellos primeros años eran que eran “negros demasiado primitivos para aprender” y con una inteligencia “menor que la de los hombres blancos.” El mismo Ben-Gurion contó a una revista en 1968 que los judíos de Marruecos “no tenían educación. Sus costumbres son las de los árabes.”

Debido las antiguas y racistas actitudes coloniales como estas, los judíos árabes fueron sometidos a un intenso proceso de des-arabización. Principalmente se ocupaba de los niños para que, según Ben-Gurion, “en su tercera generación, quizás, surja algo bueno del judío oriental”.

Abundan las historias de los supervivientes que ahora viven Israel, familias yemeníes y árabe-judías, acerca de bebés y niños pequeños que fueron arrebatados a sus madres en los años 40 y los 50 y declarados muertos en circunstancias muy sospechosas. A las madres se les negaba el acceso a los cuerpos, y no se emitieron certificados de defunción.

5.000 de estos niños no habían muerto. En realidad, fueron secuestrados y entregados a familias askenazíes. Muchas de estas familias eran supervivientes del Holocausto que habían perdido a sus hijos. Los estándares racistas prevalentes en Israel suponían que los judíos europeos y blancos eran considerados capaces de proporcionar ambientes familiares “superiores”, en comparación con los judíos “maleducados” de los países árabes.

Aunque este escándalo tiene características únicas, tiene ciertas similitudes con otros movimientos colonialistas. Los niños indígenas en los territorios que son ahora Estados Unidos, Canadá y Australia eran muchas veces secuestrados y obligados a vivir en instituciones cuyo objetivo era “matar al indio, salvar al hombre.” La política oficial de Australia de forzar “la eliminación del color” de la población negra aborigen también está documentada.

En el caso de Israel, varias investigaciones estatales sobre las denuncias han negado cualquier participación del Estado. Un activista mizrahi israelí lo ha descrito como 60 años de intentos del  establishment político, mediático y legal para ocultar la verdad.

Un ministro del gobierno israelí fue encargado de reexaminar las pruebas entregadas el año pasado de que cientos de niños yemeníes fueron arrebatados a sus padres, aunque declaró que “no sabía” dónde habían ido a parar. Según Haaretz, “entre 1948 y 1954, entre 1.500 y 5.000 niños, sobre todo bebés yemeníes, fueron reportados como desaparecidos o muertos.”

Un informe sobre el tema en el Financial Times señaló que “muchos padres creen – y, en algunos casos, se ha demostrado gracias a pruebas de ADN – que sus hijos fueron raptados de hospitales o campamentos de refugiados y entregados a israelíes judíos askenazíes sin hijos de ascendencia europea, incluyendo a supervivientes del Holocausto.” Un activista mizrahi contó al Financial Times que fue un acto de “genocidio”, siguiendo la definición de la ONU. Además, “es algo que no puede separarse del proyecto sionista.”

A pesar de que la negación de los secuestros se profundiza en el Israel askenazi, es poco realista negar el rapto de miles de bebés “orientales” de sus madres “sin educación” para que pudiesen ser criados en familias judías blancas no árabes debe haber involucrado algún tipo de complicidad estatal. La única pregunta real parece ser si el gobierno israelí organizó activamente estos secuestros o si simplemente fue cómplice de ello.

Sin embargo, una autora israelí afirma que esto es esencialmente una cuestión académica. “En última instancia, no creo que importe si los funcionarios del gobierno planearon activamente lo ocurrido o si simplemente miraron hacia otro lado mientras otros llevaban a cabo los secuestros”, declaró Soshana Madmoni-Gerber a Al-Jazeera. “De cualquier modo, fue un crimen perpetrado contra miles de padres que aún no saben la verdad sobre el destino de sus hijos.”

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004