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La experiencia marroquí: ¿salida constitucional o un "partido a la medida"?

Imagen del nuevo Primer Ministro de Marruecos, Saadeddine Othmani [Oficina de Prensa de PJD / Anadolu]

La declaración emitida por la Corte Real el 15 de marzo apartando al líder del Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD), Abdelilah Benkirane, de la responsabilidad de formar gobierno ha puesto fin a las negociaciones de formación de gobierno más largas de la historia del país.

Han pasado más de cinco meses desde que Benkirane fuera encargado de entablar negociaciones con las distintas fuerzas políticas con el fin de formar gobierno, después de que su partido ganara las elecciones parlamentarias sin mayoría suficiente, pero el ya ex primer ministro no logró formar una coalición de gobierno que le permitiera continuar con la serie de reformas que comenzaron en 2012. Estas reformas conforman la llamada “excepción marroquí”.

Esta excepción estuvo presente en la declaración de dimisión de Benkirane, que contradecía todas las interpretaciones hechas en el contexto de la búsqueda de una salida a esta sofocante crisis. El rey Mohammed VI no podía seguir confiando en el hombre que intentó superar el bloqueo político, sino que, en lugar de eso, como esperaban los partidarios de Benkirane, le culpaba implícitamente de no haber sabido resolver la situación. Tampoco apoyó las tan discutidas interpretaciones antidemocráticas de la constitución de 2011 en los últimos días de la crisis política.

Entre el comunicado de la Corte Real para excusar a Benkirane, que está restringido por el texto de la nueva constitución, y la decisión de nombrar a Saadeddine Othmani, que se tomó de acuerdo al Artículo 19 de la antigua constitución; existen varias interpretaciones de la intervención de la corona a la hora de resolver la crisis política.

 

Cumplimiento de la Constitución

El comunicado de la Corte Real afirma que el rey intervino dentro de los límites de la relación entre el jefe de Estado y un primer ministro electo. Es decir, el rey intervino en su condición de jefe del Estado, que asume la responsabilidad de respetar la Constitución y de proteger los intereses del país y de sus ciudadanos.

Según el Artículo 42, el rey ejerció su autoridad constitucional cuando decidió apartar a Benkirane y destituir al político.

En cuanto a los tecnicismos, el monarca respetó claramente las disposiciones de la Constitución, optando por nombrar a Saadeddine Othmani (el número dos del partido ganador de las elecciones) como sustituto deBenkirane. De este modo, técnicamente, actúa dentro de los límites del Artículo 47, es decir, la elección de un primer ministro dentro del partido que gana las elecciones.

Cabe señalar que la Constitución le brinda al rey otra opción: disolver el parlamento y anunciar la convocatoria de elecciones anticipadas, así como otras opciones anticonstitucionales, como la interpretación de ciertos artículos conforme a la voluntad de la monarquía, debido a las muchas lagunas del texto constitucional que se han revelado durante la crisis de gobierno (como el período concedido para formar gobierno).

Otra opción sería establecer una nueva práctica constitucional, similar a lo que sucedió con la Unión Socialista de Fuerzas Populares con el nombramiento de Driss Jettou como primer ministro en 2002, lo que hubiera supuesto una desviación de la metodología democrática habitual.

El nombramiento por parte de la monarquía de otro miembro del PJD refuta la teoría que se promovió antes de las elecciones parlamentarias, según la cual el rey no quería a los islamistas en el gobierno, incluso si éstos encabezaban las urnas.

La relación entre ambas partes, según la opinión de algunos analistas, había llegado hasta un callejón sin salida o “divorcio”. Sin embargo, esta decisión confirma lo contrario. El palacio tiene un problema con una cierta tendencia o personas, dadas sus posiciones y conflictos con personas y partidos cercanos a palacio, y no con la organización islamista en general.

 

Con su forma de hacer frente a la crisis de gobierno, Benkirane quería “exportar” la crisis a la monarquía mientras seguía teniendo las llaves en su mano. Lo justificó diciendo que el rey es el jefe de Estado y el juez de las instituciones, y también mediante la “ambigua” relación entre los principales partidos que protagonizaron la crisis y palacio, o al menos una de sus alas.

Sin embargo, palacio se dio cuenta de esto y devolvió deliberadamente la pelota al tejado del partido, y no sólo al del secretario general, ya que la declaración real mencionaba a una figura alternativa dentro de las filas del partido, sin dar ningún nombre.

Sin embargo, palacio enmendó rápidamente la situación por temor a entrar en confrontación directa con los aliados de Benkirane. Esta enmienda consistió en nombrar a la segunda figura del partido como primer ministro, y encargarle lograr la coalición de gobierno que el secretario general no había conseguido.

De este modo, palacio evitó cualquier sorpresa que pudiera surgir de la reunión del Consejo Nacional, especialmente después de que la Secretaría General anunciara su negativa a responsabilizar a Benkirane de la demora de la formación de gobierno, señalando que esta responsabilidad recae sobre las “diferencia de condiciones” durante las varias etapas de negociación.

La declaración de la Secretaría General acabó con las voces que pedían el regreso del partido a las filas de la oposición. De este modo, demostrarían a la gente que es un partido con total independencia en decisiones internas y que no está dispuesto a recibir ninguna orden.

Pero no es lo que ocurrió. La monarquía nombró a Saadeddine Othmani y, al hacerlo, obligó a la asamblea del partido a hacer frente a la realidad, ya que la monarquía dejó al PJD con muy pocas opciones.

Por lo tanto, los líderes del PJD se vieron obligados a interactuar positivamente con la nueva figura elegida por palacio, sin esperar a las posiciones y decisiones tomadas por su asamblea interna, y quizás ni a los nombres propuestos por el partido para liderar el gobierno, reemplazando a Benkirane.

 

Más allá de la destitución y el nombramiento

Las destituciones y nombramientos son esenciales en el panorama político de Marruecos, dada la naturaleza del sistema actual, caracterizada por dos factores: hibridez y ambivalencia. La variable clave sigue siendo cómo ejerce la monarquía sus poderes constitucionales, en un marco de equilibrio con el poder del parlamento.

En otras palabras: ¿tomará un enfoque democrático y dará ejemplo a las demás figuras del panorama político para atenerse a la interpretación democrática de la constitución, o serán sus intereses los que dicten sus acciones a la hora de lidiar con los deberes constitucionales?

La respuesta está indirectamente en la evolución de la crisis gubernamental, a través de varios mensajes de los que podemos concluir lo que ha estado ocurriendo y lo que está ocurriendo actualmente en la política marroquí.

En primer lugar, descartar a Benkirane es un mensaje del Estado al PJD para que cambie su enfoque a la hora de lidiar con palacio, y un mensaje para el nuevo primer ministro, Saadeddine Othmani, para que sea más flexible y sensible a otros enfoques y al pluralismo de la sociedad marroquí, y que evite la “oposición política” que ejerció su predecesor.

En segundo lugar, el Estado está decidido a seguir con el proceso de integrar a los islamistas en el panorama político, como a cualquier otro partido. Pretende lograrlo introduciéndolos lentamente en el complejo sistema político, confiando básicamente en el factor tiempo.

Esto supone una repetición del método utilizado con la Unión Socialista de Fuerzas Populares, que tiene un largo historial, que terminó en un tiempo récord (1997-2017).

En tercer lugar, el Estado quiere una versión del PJD diferente a la que quiere parte de la gente. El Estado necesita promover el éxito del modelo marroquí en África e internacionalmente.

Por otro lado, es incapaz de sostener un partido político que promueve una nueva cultura política que todavía está comenzando a andar en Marruecos, basada en votos políticos, legitimidad de las urnas, voluntad popular, etc. Esto tendrá un impacto político en la sociedad en algún momento.

En cuarto lugar, el Estado no quiere enfrentarse al PJD, ya que, teniendo en cuenta la situación actual, necesita al partido. Si hubiese intentado dividir al partido, hubiese elegido al ministro de Transportes y Equipamiento, Abdulaziz Al-Rabah, en vez de a Saadeddine Othmani. Esto implica que el objetivo es crear un partido a su medida.

En quinto lugar, el Estado no quiere acabar la “Primavera Marroquí”; sino que se vaya pacificando y resolviendo paso a paso. El estancamiento político que presenciamos es tan sólo una fase, a la que podrían seguir otras, a pesar de que parezca improbable dado el liderazgo de un hombre amigable y de consenso como Othmani durante los próximos cinco años, si consigue formar gobierno.

En sexto lugar, el Estado está interesado en esta lucha en mantenerse dentro de los límites de la Constitución, que se había utilizado arbitrariamente varias veces en el pasado.

El asunto está relacionado con su deseo de utilizar el marco constitucional como medio para evitar que el PJD regrese a las filas de la oposición, ya que esto aumentaría automáticamente la influencia de Abdelilah Benkirane en el panorama político.

Lo único que queda por decir es que aquellos que se apresuraron a acabar con el mandato del “molesto” Benkirane, que se enfrentaron a varios bandos del Estado hasta que quisieron expulsarlo en los últimos meses de su primer mandato; tratarán de facilitar el gobierno de Othmani, para así formar la coalición de gobierno.

Sin embargo, olvidan que la mayor batalla radica en llevar a cabo más reformas políticas, que requieren dirigirse al pueblo con franqueza y utilizando un lenguaje sencillo. Esto es una tarea que nadie del PJD ha logrado, excepto Benkirane, que siempre se negó a que su partido fuera un partido hecho a la medida de nadie.

 

Traducido de Al Jazeera, 20 de Marzo de 2017

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