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Las filtraciones de Sisi revelan nuevas claves para entender la política egipcia

Palestinian President Mahmoud Abbas talks with Egypt's President Abdel-Fattah al-Sisi during the opening ceremony of the 24th Ordinary session of the Assembly of Heads of State and Government of the African Union (AU) at the African Union headquarters in Ethiopia's capital Addis Ababa, January 30, 2015

Puede que las nuevas filtraciones, publicadas por Mekameleen TV, ayuden a los analistas políticos a superar el desequilibrio crónico de sus aproximaciones al comportamiento oficial de Egipto. Como resultado de este desequilibrio, han percibido impresiones del gobierno egipcio no del todo reales, y no son conscientes de los factores que motivan al gobierno y que son de una gran importancia.

 

Las raíces del desequilibrio

Mekameleen TV publicó dos filtraciones relacionadas con la diplomacia egipcia. La primera salió a la luz a principios de este mes; se trata de una conversación telefónica entre Al-Sisi y su ministro de exteriores, Sameh Shoukry, respecto a la participación de Egipto en la conferencia de Lausana, celebrada el pasado octubre para valorar la crisis siria.

La segunda filtración fue publicada el viernes (10 de febrero). Se trata de una llamada entre Sameh Shoukry y el abogado del primer ministro israelí, Yizahk Molcho. En ella hablan del acuerdo de demarcación fronteriza entre Egipto y Arabia Saudí, y de asuntos relacionados con entregar las islas de Tiran y Sanafir a Arabia Saudí, así como otros temas de interés para Israel, como el Golfo de Aqaba y su libertad de movimiento en el Mar Rojo.

El desequilibrio en la percepción de los analistas políticos de las políticas egipcias se basa en dos errores. El primero es resultado de una sobreestimación del gobierno egipcio, incluyendo sus muchas agencias e instituciones; y el segundo es caer en un estado de rendición intelectual y emocional cuando los líderes egipcios son considerados los gobernantes de un gran país con una tremenda influencia y cultural y una rica historia entre los círculos árabes modernos y contemporáneos.

Si vemos Egipto como era, o como a los árabes les gusta verlo, para comprender las políticas del gobierno, acabaremos cometiendo un error histórico que carece de sentido crítico y de conciencia histórica comparativa. La progresión de la historia no permite que nada permanezca igual, y un conocimiento puramente histórico nos dice que las superpotencias no eran inmunes al declive interno y que las cosas se hacían aparte, así como un declive externo.

Por supuesto, además de las razones objetivas de la historia y ocurridas en la realidad, otorgando a Egipto su estatus, los sucesivos regímenes egipcios, por demasiadas razones como para discutirlas en este artículo, han trabajado para crear una identidad nacional que conecta a Egipto con sus gobernantes, quienes, según ellos, crearon el Estado. También promueve la imagen de las instituciones gobernantes, para así crear una imagen que implica que “un gran país sólo puede ser gobernado por grandes hombres.”

Tras la Revolución del 25 de enero y el aumento de los enfrentamientos internos, vimos la magnitud del desprecio que llevan sufriendo los egipcios los últimos 60 años. El desgaste ha llegado a todos los aspectos de la vida, e incluso las instituciones del Estado fueron expuestas y reveladas en el cine, el teatro y la cultura egipcia.

Desesperación política y de gestión

La primera filtración revela una forma de manejar la diplomacia egipcia que contradice por completo la imagen fabricada y que sacude la conciencia árabe sobre Egipto que lleva formándose durante toda la historia. A pesar del sentido profesional y diplomático que posee Sameh Shoukry en su conversación con Al-Sisi, parece evidente que la operación puede acabar con la competencia, reorganizarlo todo y readaptarse.

A pesar del problema político revelado en la filtración (por ejemplo, los detalles de la invitación a Egipto de asistir a la conferencia de Lausana, o el conflicto iraní-saudí que se refleja en Egipto a la hora de participar), la manera en la que se lidió con el tema de la participación – muy sensible, dada la gravedad de la crisis siria y la incomodidad de la posición egipcia en el conflicto iraní-saudí – fue improvisaba y carecía de una referencia institucional.

Esta llamada respecto al delicado tema no derivó de una estrategia establecida previamente. Se trataba simplemente de decisiones improvisadas dictadas por Abdel Fattah Al-Sisi, basándose en variables instantáneas y datos proporcionados por su ministro de exteriores. Además, las decisiones contradicen el punto de vista del experto diplomático, el propio ministro de exteriores.

La manera en la que se tomó la decisión de la participación de Egipto en la conferencia de Lausana no refuerza los análisis que consideran las acciones oficiales de Egipto desde la perspectiva de su tamaño o de las perogrulladas que poseen sus gobiernos estatales. Al-Sisi no sólo ignoraba al ministro de exteriores iraní, sino que, según podemos deducir de la llamada, tampoco estaba preparado.

Esta filtración ayuda a tener una comprensión relativa de otros incidentes diplomáticos de Egipto. Entre ellos, el voto de Egipto a favor de un proyecto de ley ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU referente a Siria; o la retirada de Egipto de la resolución de la ONU que condena los asentamientos israelíes.

Es cierto que el desgaste de las llamadas instituciones estatales comenzó a partir de la revolución de enero, y podemos citar cientos de ejemplos, incluyendo las acciones de oficiales de inteligencias y generales del ejército, así como de las élites judiciales, políticas, culturales, religiosas y mediáticas, que salieron a la luz y revelaron un bajo nivel de desempeño. Incluso podríamos citar al propio Al-Sisi como un ejemplo, así como el documental “Al-Asaker” (Los Soldados), emitido por Al Jazeera en noviembre. Sin embargo, también nos dieron la rara oportunidad de ver directamente los medios de gestión.

 

El factor israelí

En la segunda filtración, Al-Sisi sólo está presente “detrás de las cámaras”. Esta filtración consiste en su ministro de exteriores, Sameh Shoukry, poniéndose de acuerdo con Yitzhak Molcho acerca de las formulaciones requeridas para el acuerdo de demarcación entre Egipto y Arabia Saudí. A pesar de que el acuerdo es entre Egipto y Arabia Saudí, al escuchar esta filtración descubrimos que la formulación egipcia de este acuerdo fue israelí.

Desde un punto de vista legal, el acuerdo egipcio-israelí no incluye territorios no egipcios y, en el caso de que las islas de Tiran y Sanafir pasen a ser saudíes, el acuerdo no incluiría a ninguna. Esto se debe a la ausencia de soberanía egipcia sobre ellas, y a que Arabia Saudí no es parte del acuerdo. Además, la filtración también reveló la intención de legar los compromisos de Egipto con Israel, delineados en el acuerdo con Arabia Saudí. Esto conducirá finalmente a la internacionalización del Estrecho de Tirán.

Políticamente, independientemente de lo discutido en la filtración, expone la naturaleza de la relación entre Egipto e Israel bajo el mandato de Al-Sisi, cuyo espíritu estuvo presente en la filtración a pesar de no encontrarse allí físicamente. Israel parecía conocer los detalles del golpe de Estado desde el principio, ya que aceptó el golpe de Estado en sus círculos internacionales y consideró a Al-Sisi “un milagro”. También está descartado que Shoukry actuara por sí mismo en la filtración, especialmente dada su vacilación al hablar con Al-Sisi, como pasa en la primera filtración.

A pesar de que las exigencias políticas de los dos países vecinos dictan que han de organizar su relación mediante un acuerdo de paz que pueda estipular que un país informe al otro de sus decisiones, medidas y políticas; esto no llegaría al punto de que uno actúe como referencia para el otro, como parece que está haciendo Israel respecto al acuerdo de demarcación entre Egipto y Arabia Saudí. Parece que los intereses israelíes son la primera preocupación del ministro de exteriores egipcio.

También podríamos citar otros ejemplos para demostrar la relación especial entre Al-Sisi y los israelíes. He hablado acerca de la necesidad de tener en cuenta el factor israelí a la hora de hablar de las políticas exteriores de Egipto bajo el mandato de Al-Sisi en dos de mis artículos publicados en Aljazeera.net. Ahora nos enfrentamos a una situación real, en la que Egipto está siento utilizado para servir a los intereses estratégicos de Israel.

Estas dos filtraciones confirman la necesidad de desarrollar nuevas reglas para analizar la política exterior de Egipto; reglas que tengan en cuenta el desgaste de las agencias estatales. También deben considerar el factor israelí; por una parte, dada su proximidad, su acuerdo de paz con Egipto y la importancia de la influencia israelí tanto regional como internacionalmente; y, por otra, dada su relación especial con Egipto, que se ha fortalecido tras el ascenso al poder de Al-Sisi.

 

Traducido de Al Jazeera, 12 Febrero de 2017

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Sari Orabi es un perodista palestino.

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