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Los posibles escenarios del impasse del gobierno marroquí

El rey de Marruecos, Mohamed VI, en la Cumbre de la Unión Africana [Minasse Wondimu Hailu/Anadolu]

En una de sus más recientes apariciones en los medios, Abdelilah Benkiran, designado como jefe de gobierno de Marruecos, reafirmó la paralización de las negociaciones para formar gobierno. Después de cuatro meses de intentos y debates, el líder marroquí admite sin rodeos la ausencia de negociadores serios. La situación es un golpe a las promesas de democratización de las autoridades políticas más altas en Marruecos desde 2011. Aziz Akhannouch, el nuevo secretario general de la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI), es el principal negociador -y de ahí la fuente más obvia de bloqueo gubernamental-. Para formar el gobierno, Akhannouch está pidiendo al Partido Justicia y Desarrollo (PJD) que rechace a sus aliados preelectorales y los sustituya con otros partidos de su elección.

Para legitimar su condición, Akhannouch -perteneciente al RNI, que sólo obtuvo 37 escaños parlamentarios- se fusionó con otro partido y se hizo cargo de otros dos después de las elecciones. Por lo tanto, él siente que tiene suficiente respaldo para imponer a sus cuatro partidos sobre el PJD, que obtuvo 125 escaños. A medida que el impasse continúa, el líder del RNI se presenta como el único salvador, a pesar de los efectos antidemocráticos de la situación. Sin embargo, aceptar este escenario no sólo formará un mal bloque de gobierno a partir de otros seis partidos, sino que también supondrá uno de los resultados más humillantes que cualquier elección en Marruecos haya tenido alguna vez.

Además de los cuatro partidos que se rinden a la voluntad de Akhannouch, el rico líder del RNI recibe el apoyo pesado de medios de comunicación estatales y analistas políticos. En los programas de entrevistas y de opinión, la impresión que se da es que el gobierno tiene una necesidad urgente de ser aceptado por parte de las élites económicas. Representan, muy falsamente, los círculos económicos como un bloque monolítico y manipulable. La demanda tiende igualmente a asustar a estos círculos, aunque en su primer mandato, el gobierno liderado por el PJD optó por reformas sin poner en peligro los intereses de los grandes negocios.

Los analistas más profundos del Estado también sugieren la cercanía al palacio como valor agregado. Siendo un amigo del rey, las maquinarias de propaganda que apoyan a Akhannouch invierten en la relación, a pesar del daño que esto le causa a la valiosa neutralidad real.

Por otra parte, el derrocamiento de los gobiernos dirigidos por islamistas a nivel regional y el surgimiento del "trumpismo" han animado a los analistas a priorizar la protección de los intereses nacionales del reino, como si los resultados de las elecciones actuales los amenazaran. Para el público en general, todo esto significa que el Estado favorece a Akhannouch, lo que puede paralizar los escenarios post-electorales. Con los acontecimientos ocurridos desde las elecciones de octubre pasado, el PJD tiene tres posibilidades: dos pueden complicar aún más las relaciones políticas, mientras que una puede ser una tercera vía menos conflictiva.

Para empezar, el PJD podría admitir la derrota al tratar de formar un gobierno y pedirle al rey que llame a nuevas elecciones. De acuerdo con la constitución de 2011, sólo el líder del partido mayoritario en el parlamento puede formar el gobierno. Una elección temprana, sin embargo, empañará la imagen del país. Varias instituciones marroquíes, especialmente la monarquía, ven la democratización, la libertad de expresión y los derechos humanos como componentes clave a desarrollar en una narrativa diferente de la primavera árabe. Una repeteición de las elecciones, especialmente sin reforma constitucional, revelará las brechas de la constitución 2011 y devaluará todo el discurso que exalta sus virtudes. Además, unas nuevas elecciones podrían producir un resultado similar, con el PJD tomando la iniciativa. En realidad no resolverá nada. La única posibilidad de que el panorama político cambie probablemente sería el fraude electoral, algo que Marruecos no puede tolerar en sus actuales circunstancias regionales e internacionales.

La segunda opción es poner al PJD en la oposición. El liderazgo del partido abiertamente ignora este movimiento porque dejar que el partido ganador pase a la oposición es anticonstitucional. Tal medida requeriría una reforma constitucional y facilitaría más ataques al PJD. Mientras tanto, a diferencia de los partidos que temen convertirse en la oposición, el PJD ha distinguido entre la experiencia del gobierno y la estructura del partido para mantener a esta última fuerte, agregando la experiencia que sus diputados han adquirido en la toma de decisiones. Por lo tanto, será difícil para cualquier gobierno funcionar con el PJD en la oposición. La atmósfera resultante puede implicar una lucha directa contra palacio, que el partido ha estado tratando de evitar desde que se involucró en la política.

La tercera vía es abrir un diálogo directo con el rey, que es un actor político neutral entre partidos. Ha tomado medidas cuidadosas para mantener su distancia de los partidos políticos y respetar la Constitución. Después de la elecciones, el rey inmediatamente designó a Benkiran para el puesto de jefe de gobierno. Más tarde, envió al jefe del comité de redacción de la Constitución, Abdellatif El Manouni, para solicitar la pronta formación del gobierno, al mismo tiempo que destacaba el lugar central de la Constitución en la esfera política marroquí.

Sin embargo, la neutralidad real requiere el respeto de los procesos democráticos. La Constitución prohíbe a los diputados cambiarse a otros partidos después de las elecciones, por no hablar de la anexión de partidos enteros. Además, en su discurso en Dakar, el rey aseguró la formación de un gobierno que priorice a las élites eficientes. En el bloque de Akhannouch, un cúmulo de partidos que resultaron perdedores en las elecciones, uno de ellos no tiene experiencia en el gobierno, otro tenía tres ministros que trajeron la derrota del gobierno anterior, mientras que los ministros del RNI defendieron el escándalo de los "servidores públicos". El cuarto aceptó el cargo de parlamentario a pesar de la gran controversia que rodea la legitimidad de la medida. Por lo tanto, la mayor eficiencia reside en el bloque del PJD.

"África puede y debe validar por sí sola sus elecciones y así respaldar la libre elección de sus ciudadanos", dijo el Rey Mohammed VI en su discurso en la 28ª Cumbre de la Unión Africana. Esta sentencia real, si se aplica en Marruecos, puede garantizar el respeto genuino a la elección pública expresada el 7 de octubre del año pasado. Si se acercan a África con tal mentalidad, entonces los proyectos de desarrollo de Marruecos también requieren justicia democrática dentro. La comprensión del PJD de la ecuación no sólo alienta la perseverancia contra el bloqueo, sino que también hace que las solicitudes de esfuerzos conjuntos para proteger la democracia sean completamente legítimas.

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