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El giro de los jeques del petróleo hacia las renovables: ¿lavado de cara o cambio real?

Paneles solares

 

La Cumbre Mundial de la Energía del Futuro (WFES, por sus siglas en inglés) de Abu Dabi se ha desarrollado en una época volátil para los mercados energéticos mundiales, especialmente desde apenas veinticuatro horas antes de la toma de posesión de Donald Trump en Estados Unidos. A pesar de que la WFES -bajo el patrocinio del príncipe heredero Mohammed Bin Zayed- se centró en gran medida en las cuestiones ambientales, los ecologistas pueden ser perdonados ante su escepticismo cuando tiene una cumbre sobre las emisiones de CO2 y el cambio climático acogida por un productor de petróleo. Después de todo, cuando Abu Dabi fue anfitrión de la primera de estas cumbres "mundiales", hace nueve años, los políticos del emirato del Golfo se posicionaron de formas muy lejanas al ecologismo respecto a los combustibles fósiles. En 2007 y 2008, por ejemplo, los Emiratos Árabes Unidos y sus vecinos estaban ocupados cosechando los beneficios de un auge petrolero que registró precios récord, y fueron estos mismos países del Golfo los que bombearon el petróleo que creó gran parte de la actual crisis de emisiones de carbono.

Desde entonces, sin embargo, las monarquías alimentadas con petróleo han tenido que lidiar con una caída libre de precios. Por un lado, la caída global de los precios llevó a los países del lado sur del Golfo a buscar nuevas maneras de frenar el uso doméstico de combustible, perdiendo así menos petróleo y maximizando las exportaciones. A principios del año pasado, Kuwait estaba gastando hasta 10 mil millones de dólares en centrales eléctricas y de combustible en lugar de vender ese petróleo en el extranjero mediante divisas. Los saudíes, a pesar de todo el petróleo que bombean, todavía consiguen usar un tercio de su propia producción para la electricidad doméstica, equivalente a 2,8 millones de barriles diarios.

En lugar de quemar el petróleo podrían estar vendiéndolo, estos Estados han decidido colectivamente que el desarrollo de energía renovable (y especialmente solar) en el hogar podría aumentar los beneficios con la seguridad energética incorporada para el futuro. Los Emiratos Árabes Unidos planean aumentar la proporción de fuentes renovables en su mezcla de energía hasta el 50% en 2050, mientras que Arabia Saudí quiere generar cerca de 10 gigavatios de energías renovables para el 2023. Ambos países están construyendo granjas de energía solar en sus desiertos y Dubai está construyendo la planta solar más grande del mundo.

Por otro lado, moverse a las energías renovables y poner la riqueza del petróleo detrás de las soluciones energéticas que podrían salvar a nuestro planeta es lo menos que los Estados del Golfo pueden hacer para mitigar el papel que jugaron en la aceleración del calentamiento global. Si bien es el petróleo saudí y emiratí el que impulsa muchos de los coches en nuestras carreteras, ¿serán los paneles solares y turbinas eólicas promovidas en estas conferencias las exportaciones de energía del Golfo del futuro? Naturalmente, nada de esto se hará por altruismo. De la misma manera que países como Noruega hicieron una fortuna vendiendo la tecnología minera que desarrollaron para aprovechar sus vastos recursos de petróleo, los líderes árabes del Golfo que invierten en energía renovable, algún día venderán esta tecnología a otros países y compañías privadas.

Los emires del Golfo, sin embargo, no son los únicos productores de petróleo a determinar los caminos en el futuro de la energía. En Asia Central, Kazajstán también está invirtiendo agresivamente en energías renovables, compartiendo el objetivo emiratí de una mezcla de energía que prevé el 50% de la energía doméstica derivado de las energías renovables en 2050. De hecho, estos principales estados petroleros del mundo islámico están llevando a cabo esta transición juntos. Y muchos de los mismos países que participan en la Cumbre de la Energía del Futuro viajarán a Kazajstán para la Expo 2017 de Astana de junio a septiembre. Al igual que la cumbre de Abu Dabi, la exposición se centrará en el futuro de la energía sostenible, con el objetivo de recopilar las mejores prácticas y enfoques, mientras muestran las nuevas tecnologías. Para ello, se contará con un pabellón en el Energy Best Practices Area para mostrar más de 20 proyectos de energía verde de todo el mundo.

El presidente de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev, viajó a Abu Dabi para hablar en la cumbre, los dos países formalizaron sus esfuerzos conjuntos de energía verde mediante la firma de un memorando de entendimiento entre la Expo 2017 de Astana y la próxima Expo 2020 de Dubai. Además, las dos partes también planean colaborar en la creación de un centro financiero internacional en Astana y en el desarrollo sostenible. Con sus reservas de divisas sustanciales y las reservas de riqueza petrolera, gobiernos como los de los Emiratos y Arabia Saudí algún día podrían financiar la infraestructura eólica y solar en otras partes del mundo islámico. Uno de los ejemplos de Nazarbayev fue que Kazajstán podría aprender de las experiencias de Dubai para financiar tales proyectos de acuerdo con la interpretación de éstos países de la ley islámica.

A primera vista, un Gobierno como el de los Emiratos Árabes Unidos, que se presenta a sí mismo como un líder renovable para el resto de Oriente Medio y los países musulmanes parece estar lejos de volverse ecologistas. La verdad más profunda es que el mundo islámico está tan afectado por las crisis climáticas y ambientales como cualquier otro, y gran parte de las luchas que han envuelto nuestros países pueden estar directamente vinculadas a los cambios globales. Después de todo, ¿no fue la sequía histórica de Siria uno de los catalizadores directos de las protestas contra Bashar Al-Assad y, por tanto, la guerra subsiguiente?

Países como Kazajstán se ven obligados a convertirse en administradores ambientales responsables porque también están afectados. El mar de Aral que se extiende a lo largo de Kazajstán y Uzbekistán, prácticamente ha desaparecido, lo que conlleva dificultades y destruye los cimientos de la economía regional, a pesar de los esfuerzos del gobierno kazajo, que están ayudando a restaurar lo que queda del lago. Como resultado directo del cambio climático, los científicos ya están pronosticando caídas en los principales ríos de Asia Central, el Amu Darya y el Syr Darya.

Con su riqueza y influencia regional, los países que construyeron sus propias economías en el petróleo son irónicamente los que están mejor situados para ayudar a la región en su conjunto a superar los cambios extremos de nuestro planeta. Países como Arabia Saudí ya han rechazado décadas de obstruccionismo al suscribirse al acuerdo climático de París, y ciudades como Abu Dabi y Astana podrían ser los centros para el despertar ambiental del mundo musulmán de Oriente Próximo.

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Joseph Benzekri es un hombre de negocios de Túnez con sede en París, Francia. Es miembro activo de la sociedad civil del norte de África y defensor de la integración regional.

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