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Respetar los resultados de las elecciones o perder el apoyo de los marroquíes a la democratización

Por consiguiente, el 7 de octubre se puso otro ladrillo en el muro de la democratización en curso, un proceso ilusionante por el que el pueblo se abstuvo de exigir la caída del sistema en 2011. Sin embargo, la carga sobre los hombros de los partidos es gigantesca, si es que quieren superar los obstáculos a los que se enfrentan.
Mesa electoral marroquí durante las pasadas elecciones municipales (foto de archivo)

No es ninguna exageración describir las elecciones en Marruecos del pasado 7 de octubre como un auténtico terremoto político. Dados los crecientes niveles alfabetización y conocimiento de los medios de comunicación entre la población, se esperaba que el voto de las ciudades favoreciese a aquellos candidatos distanciados del aparato del Estado. Sin embargo, incluso los resultados esperados de los votantes rurales y empobrecidos fueron puestos a prueba, resultando sorprendentes, y esto es a causa de los profundos cambios sociales que se están dando en Marruecos. Así, los resultados reflejaron la creciente participación de la ciudadanía en los asuntos comunes.

Las últimas elecciones también enfatizaron la tendencia, surgida a partir del año 2011, de algunos partidos de rechazar el monopolio estatal de la política marroquí. Con los 125 escaños parlamentarios del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), los partidos que promovían la democratización recibieron el apoyo moral del pueblo y de los activistas en las redes sociales. Por lo tanto, se sintieron animados a desafiar a la hegemonía estatal. Por consiguiente, el 7 de octubre se puso otro ladrillo en el muro de la democratización en curso, un proceso ilusionante por el que el pueblo se abstuvo de exigir la caída del sistema en 2011. Sin embargo, la carga sobre los hombros de los partidos es gigantesca, si es que quieren superar los obstáculos a los que se enfrentan.

Esto ha dado lugar a un intercambio sin precedentes de comunicados de prensa entre la fuerzas políticas, a veces un tanto exagerados. A medida que la formación de gobierno se ha ido estancando, los comunicados de prensa han marcado las diferencias entre dos bloques diferenciados. Los primeros acercamientos a la democracia han sido dirigidos por el PJD, islamista moderado, junto al excomunista Partido del Progreso y el Socialismo (PPS) y el nacionalista Partido Istiqlal ("Partido de la Independencia", PI).

Esta coalición revigoriza la defensa del movimiento nacionalista, el cual el Estado logró balcanizar creando partidos clientelares en el siglo XX. Las actuales tácticas del monopolio no son sino vino viejo en odres nuevos.

A día de hoy, los líderes del PJD, PPS y PI han tenido que enfrentarse a la resistencia del palacio, pero han conseguido superarlo sin repercusiones fatales para su partido. Abdelilah Benkiran, líder del PJD, fue atacado varias veces por suscitar dudas acerca del apoyo a la democracia por parte de las instituciones del Estado. Por ejemplo, el monarca Mohammed VI, en su Discurso del Trono desacreditó una entrevista en la que Benkiran criticó a los "dos Estados" de Marruecos: el Estado que conocemos, cuyo líder es el Rey; y otro más profundo, del que no sabemos nada: ni su forma ni su auténtico poder.

Benkiran también fue criticado por denunciar constantemente lo que él denomina la “hegemonía”, con lo que se refiere a las diferentes tácticas a las que recurre el Estado profundo para influir en el funcionamiento del gobierno. Sin embargó, el discurso mostró también una considerable indulgencia, en la medida en que existe el compromiso real de que la voluntad del pueblo sea respetada.

En cuanto al PPS, sus intentos de poner fin a su alianza con el PJD llevaron a un intento directo de romper la relación entre el partido y su secretario general, Nabil Benabdallah. En un comunicado, el Palacio condenó a Benabdallah por difundir mentiras políticas al acusar al consejero del rey, Fouad Ali Elhimma, de engañar sobre la “hegemonía”.

Benabdallah no sólo explicó que se refería a los fundadores del Partido de Autenticidad y Modernidad (PAM) en general, sino que también rectificó en un comunicado, defendiendo la libre toma de decisiones de su partido, su integridad organizativa, su legitimidad histórica y su lealtad al interés público. El PPS pagó el precio con el número de asientos parlamentarios que ocupa, que se redujo de 20 en 2011 a 12 en 2016. Aun así, su coalición incondicional con el PJD simboliza cómo la lucha por la democracia puede ayudar a trascender ideologías. El partido recibe el debido respeto en la política marroquí.

Además, Hamid Chabat, Secretario General del Istiqlal, se negó a participar en un pequeña conspiración el 8 de octubre. Se dice que Ilyas Elomari, líder del PAM, invitó a los líderes de los partidos a firmar una carta dirigida al rey en la que declaraban que se negaban a unirse en coalición con el PJD y PPS. La carta tenía como objetivo desvirtuar los resultados electorales del 7 de octubre de la noche a la mañana. La negativa de Chabat frustró esta estafa.

Aziz Akhannouch, un importante empresario, ex presidente del partido Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), que ahora representa los intereses del Estado profundo tras el fracaso del PAM; le pidió a Benkiran que se negara a la coalición con Chabat y reemplazara al Istiqlal con otros tres partidos aliados de Akhannouch. En un escenario surrealista, Akhannouch, que sucedió al actual ministro de Exteriores Salaheddine Mzouar, quería ser el líder del gobierno, aunque ni siquiera participó en las elecciones; mientras que el RNI, del que dimitió, sólo consiguió 37 escaños.

Sorprendentemente, Chabat espetó algunos comentarios contra Mauritania, un país vecino de Marruecos con el que ha habido tensiones últimamente. Para la coalición, los comentarios de Chabat añadieron sal a la herida. Eran inoportunos y ofrecen a los adversarios de la coalición, incluido el Ministerio de Asuntos Exteriores, una oportunidad única para legitimar su petición de excluirle de las conversaciones de formación de gobierno.

El segundo bloque incluye a aquellos partidos que parecen dispuestos a saltar sobre los resultados electorales. Para ellos, especialmente para el RNI, la voluntad del pueblo como fue expresada el 7 de octubre no puede producir un gobierno fuerte. Dependen de las redes económicas de Akhannouch para hacer entender que los altos intereses del país requieren una coalición coherente que también incluya a la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), el Movimiento Popular (MP) y la Unión Constitucional (UC). El PAM observa todo desde atrás.

Sin embargo, en la legislatura previa, varios ministros del MP demostraron ser ineficaces; mientras que los líderes del USFP y del RNI aparecieron en el escándalo de los “servidores públicos”. La UC es un partido pequeño, sin experiencia de gobierno. Por lo tanto, no está claro que dispongan de la fuerza o cohesión que piden.La respuesta vino cuando Benkirán suspendió las negociaciones con el RNI y el MP, diciendo que los líderes del USFP y UC no estaban interesados en las reuniones.

Irónicamente, esta situación de división política favorece más que a nadie al Estado profundo. Es cierto que todos los partidos intentan mantener a la Monarquía a un lado de la política. Sin embargo, los partidos acabarán por recurrir al arbitraje real para resolver el estancamiento político. El bloque administrativo intenta aprovechar la cercana relación de Akhannouch con el Rey. Aun así, la línea roja de la “voluntad del pueblo” obliga a todos los partidos a respetar los resultados electorales. Si no, el pueblo dejaría de creer en la legitimidad de las elecciones y en el valor del creciente proceso de democratización.

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