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La “post-verdad” siempre ha sido la estrategia israelí, y Occidente le baila el agua

Embajada de EE.UU. en Tel Aviv, Israel. (Krokodrylus/Wikipedia)

Con el anuncio de la elección por parte de Donald Trump de un sionista radical como embajador de Estados Unidos en Israel, la campaña para trasladar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén ya está en marcha. Como es habitual en estos días, los neoconservadores británicos y las animadoras pro-Israel están aprovechando el momento y sugiriendo que no sólo Gran Bretaña debe seguir su ejemplo, sino también que Su Majestad la Reina Isabel debe volar a Jerusalén para abrir la nueva embajada “en la capital de Israel”.

Los lobistas pro-israelíes ya están bastante fuera de onda, pero la última entrega de la “pos-verdad” – lo que Jonathan Freedland llama muy acertadamente “mentiras” en The Guardian – está ya disponible para su uso. Mentir, de forma más o menos velada, siempre ha sido la manera de Israel de imponerse en el mundo.

Lamentablemente, incluso los principales medios de comunicación están en el ajo. Es increíble que Jon Sharman, del diario británico The Independent, no se molestara en explicar la verdadera razón por la cual ningún país tiene una embajada en Jerusalén (de acuerdo con la ley internacional la anexión de Israel de la ciudad en 1980 es ilegal) y optó por afirmar que “La embajada de Estados Unidos está en Tel Aviv por razones diplomáticas relacionadas con el significado de Jerusalén en las tres grandes religiones abrahámicas”. La ficción pasó desapercibida como si fuera periodismo serio.

Israel, por supuesto, es famoso por incumplir las resoluciones de la ONU y, de hecho, el derecho internacional mismo, y por lo tanto ignora todo lo que se dice sobre la condición de Jerusalén de territorio ocupado; su clase dirigente afirma que hay un “sesgo anti-israelí intrínseco” en la ONU, por lo que ha venido dependiendo del veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad para proteger sus intereses de la acción legal internacional.

Hay una resolución, sin embargo, que los apologistas pro-Israel utilizan para “probar” la legitimidad del Estado; se trata de la “Declaración de Independencia” de Israel, proclamada el 14 de mayo de 1948: “El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una Resolución que exigía el establecimiento de un Estado judío en Palestina …”

Esta referencia a la Resolución 181 es interesante, sobre todo porque deja claro que el nombre de Palestina sigue siendo parte integral del documento fundacional de Israel; y esto es demasiado para los apologistas pro-Israel, que insisten en que nunca existió tal lugar. En su plan de partición, la ONU estableció las condiciones para el establecimiento de “dos Estados independientes, árabe y judío”, así como un “régimen internacional especial para la ciudad de Jerusalén”; La ciudad santa jamás fue propuesta en la Resolución 181 de la ONU -que es utilizada por Israel y sus cabilderos para afirmar la legitimidad internacional del Estado-, para ser parte del “Estado judío” ni, de hecho, del “Estado árabe”. Se suponía que se trataría de un “corpus separatum” con estatuto jurídico y político especial.

Durante los últimos 70 años, Israel ha desplegado una gran mentira. Realmente, el Estado hebreo ocupó Jerusalén “Occidental” en 1948 y, desde que ocupó el resto de la ciudad en 1967, ha logrado engañar al resto del mundo para que acepte que Jerusalén es su “capital indivisible y eterna”; por su parte, las naciones occidentales y sus gobiernos han entrado al trapo, manteniendo  sus embajadas en Tel Aviv para salvaguardar la fachada diplomática, aunque con presencia consular en la Ciudad Santa. Tal duplicidad no ha impedido a sus apologistas afirmar con frecuencia que Israel es un “faro de valores occidentales en un mar de tiranía y despotismo”, como lo hizo Michael Gove en el Times la semana pasada; esto realmente nos dice más acerca de la hipocresía de esos valores que lo que puedan denunciar los críticos con las políticas de Israel, a quienes el diputado británico y ex secretario de Estado se dirigía con su propaganda.

Las capitales occidentales continúan prestando apoyo diplomático, militar, político y económico a Israel a pesar de su pésimo historial de derechos humanos y su desprecio por el derecho internacional. Ignoran incluso el hecho de que la pertenencia de Israel a la ONU dependía de que se permitiera a los refugiados palestinos regresar a sus hogares, algo que los sucesivos gobiernos de Tel Aviv se han negado a llevar a cabo.

Occidente también apoya cualquier acto y cualquier persona que pueda ayudar a Israel a alcanzar su objetivo de la colonización total de toda Palestina; su respaldo a la estancada solución de dos Estados es una cortina de humo. Veinte años de “negociaciones” sin sentido han proporcionado simplemente a Israel más tiempo para construir sus asentamientos ilegales de colonias a lo largo y ancho de la Cisjordania ocupada y Jerusalén. Los palestinos no han ganado nada de este proceso, aparte de una Autoridad Palestina acusada de corrupción e ineficacia que tiene cualquier otra cosa salvo autoridad sobre la tierra que se supone debe gobernar.

La naturaleza corrupta de la AP ha sido admitida tácitamente por el gobierno británico en un comunicado de prensa sobre la cooperación exterior. “El Reino Unido confirma que continuará proporcionando fondos a la Autoridad Palestina con ciertos cambios”, anunció la semana pasada el Departamento para el Desarrollo Internacional y la Oficina de Relaciones Exteriores y de la Commonwealth. “[Se] seguirá proporcionando fondos a la Autoridad Palestina con el fin de mantener la estabilidad, prestar servicios vitales y construir y fortalecer las instituciones necesarias para una solución viable de dos Estados”.

“Sin embargo, se harán algunos cambios para asegurar que esta financiación ofrece la mejor relación calidad-precio y el máximo beneficio para los palestinos”.

En otras palabras, Gran Bretaña ya no pondrá más dinero en los bolsillos de funcionarios corruptos de la AP. Ha sido un secreto a voces durante décadas que la AP es corrupta y que el dinero de la ayuda desaparece, pero Gran Bretaña, al igual que otros estados occidentales, ha tenido que jugar el juego y apoyar a una entidad que sólo existe para colaborar y proporcionar “coordinación de seguridad” a Israel. Sin embargo, si el “cambio” en la política del gobierno significa que más palestinos corrientes se beneficiarán de la ayuda de 25 millones de libras esterlinas del Reino Unido – mientras los funcionarios corruptos pierden- esta será una buena iniciativa.

Sin embargo, los viejos hábitos tardan en desaparecer y en sus “Notas a los editores”, el comunicado de prensa precisaba que el gobierno británico “sigue comprometido a apoyar las necesidades de Gaza, asegurando al máximo la repercusión social y la mejor relación calidad-precio para el contribuyente británico”. Muy bien, esto significa que Gaza ha sido privada de todo tipo de apoyo bajo el bloqueo liderado por Israel. Los funcionarios que redactaron esta nota afirmaron entonces que “algunos funcionarios públicos de Gaza empleados por la Autoridad Palestina no han podido trabajar desde que Hamás tomó el control de la Franja de Gaza” y “dado esto, el Gobierno del Reino Unido ha decidido que no pagar más los sueldos de los servidores públicos de Gaza, por razones de relación inversión-resultados … ”

En lugar de insinuar que Hamás ha impedido que dichos empleados trabajen, el gobierno británico podría haber puntualizado que los funcionarios públicos en Gaza empleados por la Autoridad Palestina de  Ramallah, controlados por Fatah y  apoyados por Occidente-, recibieron la orden de no incorporarse a su trabajo en Gaza por la misma Autoridad que ha sido financiada y apoyada por Gran Bretaña y Occidente. Esta es la misma táctica empleada por el “Estado profundo” en Egipto para paralizar el gobierno de corta duración de Mohamed Morsi; en este caso, fue un intento flagrante por parte de Fatah el hecho de impedir que Hamás pudiera dirigir los departamentos gubernamentales, a pesar de su victoria electoral de 2006. Los funcionarios de Westminster deberían saber esto, pero han desempeñado su parte diligentemente en el boicot del legítimo gobierno palestino en Gaza.

La “post-verdad” y las mentiras posteriores han sido el camino de Israel desde el principio de su proclamación como Estado, pero sus aliados en Washington, Londres, París y el resto del mundo le han ayudado a consolidar sus engaños. Será mejor que nos acostumbremos, porque 2017 es un aniversario no sólo de la infame Declaración Balfour sino también del Plan de Partición de la ONU, la ocupación militar de Cisjordania y el asedio de la Franja de Gaza. Sin duda se están preparando más mentiras, comenzando con los mitos sionistas sobre Jerusalén. Cuando un ex ministro de la Corona de Westminster se siente lo suficientemente envalentonado como para ser tan infiel a la verdad, como ciertamente lo fue Gove, entonces todos deberíamos estar preocupados por el estado de la democracia de la que él pretende ser el máximo exponente.

 

 

 

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