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Reformas en Marruecos y la formación del nuevo gobierno

Marroquíes en una protesta ante el Ministerio de Interior en Rabat, Marruecos, después de que un pescador, Mohcine Fikri, fuese aplastado hasta la muerte en un camión de basura [Agencia Jalal Morchidi / Anadolu]

Mientras el segundo gobierno posterior a 2011 se mantiene paralizado en el camino hacia el poder en Marruecos durante más de dos meses, se han sugerido posibilidades tanto optimistas como pesimistas. Entre otros, los líderes del Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD) han declarado que están preparados para afrontar otras elecciones. La confianza post elecciones, de hecho, deriva de la misma comprensión estratégica de las dinámicas locales y regionales que interpretaron el terremoto político del 7 de octubre.

A medida que se acercaban las elecciones, el presentimiento general de lo que sucedería en Marruecos era que, a falta de interferencia extranjera, el PJD contaría con la mayoría. Estas expectativas se basaban en las reformas que llevó a cabo el gobierno dirigido por el PJD, aunque algunas no tuviesen éxito. En los resultados de las elecciones locales y regionales de 2015 también consiguieron más votantes, ya que el partido gobierna en la mayoría de las grandes ciudades del reino. Además, el PJD suele priorizar en la lucha contra el despotismo y la corrupción, algo muy significativo para el lento proceso por negociar la formación de gobierno.

Sin embargo, la atmósfera y la competencia del 7 de octubre fueron tan despiadadas que el PJD tuvo que jugar todas sus cartas. La mayoría de los ministros del PJD lideraron las listas electorales locales. Por ejemplo, el viceministro de Transporte, Najib Boulif, se puso en cabeza en la provincia de Tánger, al norte de Marruecos, consiguiendo 60.162 votos; se trata de una cifra sin precedentes en una sola provincia en unas elecciones marroquíes. Además, el secretario general del PJD recorrió todo el país, celebrando unos 26 mítines en 13 días. El partido también intentó captar la atención y la simpatía de algunos grupos sociales al nombrar a figuras influyentes, como al Movimiento por la Unidad y Reforma, eligiendo a su ex presidente Mohammed El Hamdaoui. A una sección moderada de marroquíes salafistas se les llamó la atención mediante la elección de Hmad El Kabbaj en Marrakech, aunque la administración local no permitió este nombramiento tan significativo. Finalmente, el PJD clarificó que varios de los escándalos morales de sus líderes que se hicieron virales en las redes sociales eran, además de falsa propaganda, un intento de distraer a la opinión pública de la lucha por el desarrollo. El objetivo final era asegurar el papel de las urnas y garantizar una competitividad máxima que impulsaría la experiencia democrática.

Pocos esperaban que el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) desvaneciera debido al apoyo mediático y administrativo que recibió. En todas las numerosas propuestas para resolver el atascamiento del gobierno, el PAM es el menos mencionado, aunque quedó segundo en las elecciones. Los puntos débiles del partido han otorgado a Abdelilah Benkiran, del PJD, suficientes oportunidades tanto para denunciar su corrupción como para reiterar la resistencia al despotismo de su propio partido. Por lo tanto, ha conseguido una imagen de figura nacional lo suficientemente inteligente como para equilibrar la resistencia y el compromiso, tal y como exige el interés público, mientras que el secretario general del PAM, Ilyas El Omari, ha empezado a pedir la reconciliación, probablemente en vano.

Como alternativa al PAM, el Rally Nacional de Independienets (RNI) parece haber tomado el relevo en la representación de los intereses administrativos. Una vez "elegido" como el nuevo secretario general del RNI, Aziz Akhennouch, un rico hombre de negocios cercano a la élite gobernante, insistió en la extraña condición de se le permitiese participar en la coalición de gobierno. Le pidió a Benkiran que se retirase de la alianza del PJD con otros dos partidos. Fue como recomendarles un suicido político que aislaría al PJD, devaluaría todos los votos que consiguió e ignoraría su lucha contra el monopolio político. Con el gobierno liderado desde atrás por el RNI que Akhennouch sugiere, el PJD sostendría una confusa conexión con la riqueza y el poder que el partido ha prometido desmantelar.

La respuesta del PJD fue breve y clara; no, con la posibilidad de negociar otras alternativas. La negativa a romper la alianza estratégica del partido con el Partido del Progreso y Socialismo (PPS) y el Partido de Independencia Istiqlal (IP) le envía un mensaje al público, a sus oposición política y a las élites gobernantes; un mensaje de que su discurso anti despotismo y anti corrupción no son sólo meras palabras. El partido se refiere a lo que dicen sus líderes en los mítines, declaraciones e informes. Para ellos, su incapacidad de cumplir ciertas promesas en su primer mandato, dados los recurrentes obstáculos y la falta de experiencia; no debería ser interpretada como una rendición ante el despotismo. Enfrentarse al monopolio desde el interior es de suma importancia, sobre todo tras haber pasado por disputas que podrían haber destrozado el gobierno en 2015. En su segundo mandato, se espera que le den la importancia adecuada a una actitud de respeto mutuo entre instituciones para hacer la política marroquí más significativa.

Por lo tanto, el hecho de que las negociaciones para formar gobierno aún no hayan concluido demuestra más que nada la fe del PJD en los proyectos de reforma. Junto al PPS y al IP, el partido está formando un núcleo que trasciende las agendas ideológicas para centrarse en el interés público y dar otro paso en el proceso de democratización que comenzó en 2011. Rendirse ante el control económico del RNI ahogaría los intentos de aclarar las relaciones en el panorama político. También significaría sucumbir a una contrarrevolución respecto a lo que expresó el pueblo marroquí el 7 de octubre, algo que la política histórica no perdonaría.

Para los tres partidos, especialmente el líder, resistir a este reposicionamiento de la hegemonía fomenta la legitimidad. En ciudades y zonas remotas, el pueblo se opuso al monopolio y votó a favor de las reformas, esperando una coalición que no sólo les respete, sino que también aumente los límites de transparencia, rendición de cuentas y buenas prácticas de gobierno.

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