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Otro hermoso muro

Campo de refugiados de Ayn Al-Hilwe, en el Líbano. (Imagen de archivo)

En todas sus declaraciones públicas sobre los inmigrantes ilegales en Estados Unidos, el presidente electo Donald Trump ha mencionado su intención de construir “un muro grande y hermoso” que separe a su país de México, la principal fuente de inmigrantes, quienes supuestamente traen el crimen y el caos con ellos, según el discurso que se ha hecho tristemente popular desde Escandinavia hasta el Líbano.

En el Líbano, se ha comenzado a construir otro “hermoso muro” que rodea el campo de refugiados de Ain Al-Hilweh según dicen, “por razones de seguridad”. Las primeras fotos del muro hacen pensar que se trata de un error, ya que el muro libanés se parece demasiado al muro israelí que separa los Territorios Palestinos de las zonas ocupadas por colonos en Cisjordania. Tal vez las similitudes estructurales entre las dos paredes sean el elemento menos significativo, ya que los arquitectos libaneses pueden haber sido inspirados por el aspecto general de la muralla israelí y la distribución de sus torres. Sin embargo, la cuestión planteada por el encerramiento de decenas de miles de palestinos en un recinto cerrado de esta manera es más profunda que la mera estructura arquitectónica.

Hay muy poca información sobre el muro, en la medida en que las posiciones de los líderes de las distintas facciones palestinas que residen en el campo de refugiados son incoherentes en relación con la construcción del mismo, ya que mientras algunos dicen que ya sabían del proyecto de construcción del muro y que se han coordinado a este respecto con las autoridades libanesas, otros aseguran su total sorpresa al ver a los trabajadores de la construcción y sus equipos empezar a construir la pared y cavar cimientos profundos en el suelo, con el fin de evitar la excavación de túneles por parte de los palestinos para evitar el contrabando individuos buscados, armas y cosas similares.

Prefiero destacar el debate sobre las consecuencias humanitarias, de seguridad y políticas que plantea la construcción del muro. Esta discusión debería haber tenido lugar entre los habitantes del campo de refugiados y aquellos que decidieron erigir la pared alrededor de ellos antes de que se colocara la primera piedra. Ahora, lo que nos preocupa es cómo se tomó la decisión de construir el muro, quién ordenó su construcción y la jurisdicción legal que tiene para tomar una medida tan impactante.

Para empezar, debemos decir que los límites del mandato otorgado por el gobierno al ejército libanés para tratar con los habitantes de los campos palestinos no están del todo claros. Hay grandes vacíos legales en lo que respecta a las cuestiones de soberanía, en las que sólo el gobierno tiene competencia, y aquéllas que son de seguridad, que deben ser dirigidas por el ejército.

Lo que realmente causa frustración es la mezcla incomprensible e inaceptable entre los asuntos políticos y procesales que se da en algunos países; entre lo que denominan “mantener la seguridad” y de lo que realmente se trata, es decir,  humillar a los refugiados, que no tienen a nadie que les defienda después de la desaparición de su causa, ni a las autoridades libanesas ni a las facciones palestinas.

Huelga decir que el uso de los refugiados palestinos como una herramienta durante la tutela siria sobre el Líbano entre 1990 y 2005 por el régimen de Assad ha hecho que éstos sean acusados de ser una fuente de disturbios, terrorismo y violencia. Esta política continuó incluso después de la retirada de Siria, ya que la situación de seguridad en los campamentos de refugiados se trató siempre sobre la base de las necesidades de las partes interesadas, como lo demuestran los acontecimientos del campo de refugiados de Nahr Al-Bared en 2007, lugar de brutal violencia.

Todo esto tiene que ver con múltiples contextos, incluyendo la insistencia en presionar a los refugiados en medio del caos del mecanismo de toma de decisiones usado por el gobierno libanés y la escalada de actitudes racistas contra cualquier persona considerada diferente. Por ejemplo, los refugiados sirios, tanto colectiva como individualmente, están sujetos a campañas de hostigamiento periódicas que reciben poca cobertura mediática, ya que es un asunto tratado como “política nacional”. Esto también se ha unido a la oleada internacional de populismo racista que aboga por la construcción de muros alrededor de los Estados Unidos, Europa y en los asentamientos ocupados de Cisjordania, en medio de campañas que promueven “hermosos muros” necesarios para la seguridad de los amenazados por el terror que les inspiran los que están atrapados al otro lado.

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