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Compañías emergentes de alta tecnología ofrecen un motor de crecimiento alternativo para el mundo árabe

Más de 1 millón de manifestantes en la Plaza Tahrir, Egipto el 2 de abril de 2011 [Lilian Wagdy / Wikipedia]

La Primavera Árabe del 2011 no sólo trajo vientos de cambio político y socio-económico a la zona de Oriente Medio y el norte de África, sino que también abrió las puertas a la oportunidad del extenso mundo árabe para establecer instituciones propicias al emprendimiento y a la innovación. Apoyándose en esta revuelta, esencialmente juvenil, los líderes árabes trabajan diligentemente por el empoderamiento creativo de las nuevas generaciones en una de las zonas más jóvenes del mundo.

Según datos del Banco Mundial, esta región no sólo alberga a la población más joven del planeta, sino que también tiene la tasa de desempleo juvenil más alta, con un 27,2% en Oriente Medio y un 29% en el norte de África. Muy justamente, los gobiernos árabes se han concentrado en crear un motor de crecimiento alternativo para compensar su dependencia del petróleo, en un contexto de caída de los precios de los crudos y de continuo desarrollo en el sector energético. Es en este contexto en el que la decisión de proclamar al indio Rajeev Misra, un banquero de inversiones de renombre internacional, como líder del fondo de cien mil millones de dólares del Softbank Vision Fund; cobra una gran importancia. Promovido conjuntamente con el grupo Softbank japonés y el fondo de inversión pública de Arabia Saudí, es el mayor financiador de tecnologías emergentes.

De hecho, la historia de los éxitos de las empresas emergentes indias se remonta a los años 80; y puede ser muy inspiradora para las naciones árabes, cuyos ciudadanos se dedican casi exclusivamente al sector público y buscan explorar una forma alternativa de desarrollo creando empleos en el sector privado. Hace 40 años, un puñado de compañías tecnológicas colocaron a India en la escena internacional al invertir grandes cantidades en tecnología de vanguardia y al aprovechar el talento de la mano de obra joven de habla inglesa del país. Hoy en día, la industria da trabajo a 4 millones de personas, y genera ingresos por valor de 150 millones de dólares a una nación en desarrollo como India, que está siendo testigo de una expansión impresionante de su capacidad empresarial y tecnológica.

No hay duda de que la peculiar iniciativa empresarial de bombear con miles de millones de dólares a firmas emergentes de tecnologías en un mercado poco ortodoxo puede incentivar la creación de un nuevo motor de crecimiento para Oriente Medio en forma de una economía digital impulsada por empresas emergentes. Una encuesta realizada por HSBC ha demostrado que países como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos cuentan con los empresarios exitosos más jóvenes del mundo: en estos países, el 63% de los propietarios de empresas que facturan más de 6,5 millones de dólares tienen menos de 35 años. La encuesta también revela que los emprendedores saudíes y emiratíes suelen iniciar sus negocios sobre los 26 años, una edad mucho más temprana que la edad estándar internacional.

Los gobiernos regionales han implementado una serie de iniciativas que buscan establecer una economía basada en el conocimiento y de desarrollar una cultura empresarial sólida, comenzando por la educación. Sin embargo, aunque hayan dado pasos gigantescos hacia convertir el espíritu emprendedor y de innovación de las nuevas generaciones la base de la economía árabe; la región de Oriente Medio y el norte de África aún está muy por detrás de países asiáticos como China, India, Corea o incluso Indonesia, donde el panorama de las empresas emergentes es mucho más dinámico. Entonces, ¿qué está frenando la revolución emergente en toda esta región?

El problema principal parece ser la falta de personas con una chispa especial que les lleve a innovar. En todo el mundo, internet o la tecnología innovadora han sido desarrollados por ingenieros de calidad. Los informáticos son la espina dorsal de cualquier revolución digital, y sin ingenieros de primera clase, es virtualmente imposible desarrollar empresas tecnológicas globalmente competitivas. Aquí es donde las naciones árabes han de seguir una doble estrategia. Mientras que deben atraer al talento internacional de alta calidad a través de condiciones de trabajo atractivas, requisitos de visa liberales y buenas condiciones laborales en un plazo corto o medio; la zona también tiene que desarrollar simultáneamente un temperamento científico conmensurado con las necesidades de nuestro mundo tecnológico.

Los jóvenes informáticos con talento procedentes de Oriente Medio han demostrado sin duda alguna su capacidad emprendedora, a pesar de haber crecido en un ambiente tradicional y conservador. Pero se necesita hacer más para consolidar el espíritu innovador de la sociedad árabe. Fomentar el emprendimiento tecnológico también es vital para crear una economía digital en una región donde una cultura empresarial con miedo a arriesgar ha predominado durante siglos. Esta es la razón por la que parece haber dudas en cuanto a la inversión en las empresas nuevas, a pesar de que no haya escasez de capital.

Para un inversor ángel, recaudar dinero del mercado para poner en marcha empresas tecnológicas innovadoras aún es muy complicado. El Fondo Monetario Internacional estima un crecimiento del 3,4% en la economía de la zona, por lo que los países de la región necesitarán inversores que entiendan perfectamente la dinámica de la nueva economía para hacer frente eficazmente a la crisis de la juventud. El ecosistema de las empresas emergentes se nutre esencialmente del dinamismo, por lo que las naciones árabes no sólo necesitan reformar su marco regulador; sino que han de poner especial énfasis en una educación superior que busque desarrollar una cultura emprendedora en la era de la tecnología.

India, al ser uno de los cinco sistemas principales de empresas emergentes del mundo; podría y debería jugar un papel significativo a la hora de encender una revolución emergente en Oriente Medio y el norte de África, que podría ayudar a establecer una economía basada en la tecnología capaz de resolver problemas socio-económicos exclusivos de la zona. Y, lo que es más importante; este intento de empezar una revolución tecnológica en Oriente Medio y los alrededores ha de abarcar también a Palestina, que también cuenta con una sociedad joven, en la que el 30% de la población total son jóvenes. Estudios recienten demuestran que el sector privado no puede acoger a tantos graduados en tecnología cada año (unos 2.500). Mientras que Nueva Deli está desarrollando un parque tecnológico para estimular al ecosistema tecnológico palestino; los gigantes informáticos de India harían bien en ayudar a los emprendedores palestinos a construir su propio nido en términos de productos tecnológicos para hacerlos así exportables internacionalmente. S las cuentas del sector tecnológico representaran el 10% del PIB de Palestina, el gobierno israelí en Tel Aviv podría remodelar el destino de Palestina e Israel al crear un entorno propicio para un sistema tecnológico moderno en Palestina.

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