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¿Qué pueden esperar los palestinos? ¿Puede Trump ser aún peor?

El presidente electo de EE.UU., Donald Trump. durante una conferencia en Washington, el pasado 26 de Octubre. (Samuel Corum/ Agencia Anadolu)

El miedo se incrementa mientras que el presidente electo de EE.UU., Donald Trump, crea su equipo de transición con personas capaces de crear un escenario de pesadilla no sólo para los estadounidenses, sino también para el resto del mundo.

Aunque para los palestinos las señales son, siempre, aún más siniestras. Desde el ex alcalde de Nueva York, Rudy Giulani, al líder republicano Newt Gringrich; el equipo de Trump está repleto de hombres corruptos que han hecho carreras de los intereses de Israel y han ignorado los derechos de los palestinos.

Mientras que Gingrich declaró en 2011 que los palestinos son personas “inventadas”; según el Servicio de Noticias Judío, Giuliani “es recordado con cariño por la comunidad judía por expulsar a Yasser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina, de un concierto de la ONU en el Lincoln Center en 1995”.

Si tenemos en cuenta declaraciones hechas por el propio Trump en mayo – que la expansión de establecimientos judíos en la Cisjordania ocupada “debía continuar” – y los recientes comentarios de la persona de confianza de Trump en Israel, Jason Greenblatt, que decía que las colonias ilegales “no son un obstáculo para la paz”; está bastante claro que la administración de Trump está en contra de la paz y de los palestinos. Por supuesto, los oficiales israelíes se regocijan con la oportunidad de trabajar con esta administración, con el ministro de Educación Naftalí Bennet celebrando el “fin de la era del Estado palestino”, y el ministro de Defensa Avigdor Lieberman invitando a Trump a “coordinar el desarrollo” de los establecimientos ilegales.

La previsión de los medios en lo que respecta a la política exterior de EE.UU de cara a Palestina e Israel en los próximos cuatro años está también cargada de prejuicios. Es cierto que la alineación de viejos políticos de Trump no propiciará la paz en Palestina, pero presentarlo como si la posibilidad hubiera podido realizarse bajo la administración Obama es para echarse a reir.

A pesar de la difícil relación entre el presidente Barack Obama y el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, la administración de Obama ha sido una de las más amigables y generosas con Israel. Obama ha permanecido siempre del lado de Israel, mientras que ambos luchaban contra las aspiraciones políticas de Palestina en las instituciones internacionales.

Hace poco, Obama firmó un “acuerdo histórico“, otorgando a Israel 38 millones de dólares para fondos militares, el mayor paquete de ayuda de la historia de EE.UU. Así que, aquellos que estén preocupados por que las cosas se pongan peor para Palestina bajo la presidencia de Trump pueden relajarse: ya están peor.

Pero, ¿impactará esto la posición estadounidense en cuanto al Estado palestino?

Ni en lo más mínimo, ya que, de nuevo, Obama, como sus predecesores, luchó incansablemente para prevenir que se formase un Estado palestino. Si emerge una distinción entre las administraciones de Obama y Trump, probablemente se manifestará en la retórica, no en la acción: el ex presidente, refinado y articulado; el actual, beligerante y demagogo. De cualquier modo, los palestinos pierden.

En su último discurso ante la ONU, Obama le dedicó una sola frase al conflicto Palestina-Israel – una frase que reflejaba con exactitud su fracaso a la hora de influir positivamente en los resultados del conflicto más prolongado y desestabilizador de Oriente Medio.

Ambos bandos “estarían mejor si los palestinos rechazan la incitación y reconocen la legitimidad de Israel, pero Israel reconoce que no puede ocupar y establecerse para siempre en el territorio palestino”, dijo. Nada más.

Mientras que sus discursos previos le dedicaron mucha retórica al conflicto en Palestina e Israel, el último discurso en la ONU – y esa única frase – fue una indicación más honesta de 8 años a los que les faltaron visión, o, incluso, un intento sincero de encontrar una.

Durante ese periodo de 8 años, en el que miles de personas inocentes – la gran mayoría, palestinos – murieron; Obama supuestamente trabajó para conseguir el proverbial, aunque engañoso, “terreno neutral”. El resultado de sus políticas fue bastante devastador: mientras que les vendía a los palestinos falsas esperanzas, garantizó a Israel la mayoría de sus necesidades de financiación y tecnología militar, protegiéndolo también de la censura internacional.

Además, durante la última guerra israelí en Gaza, en 2014, en la que se asesinaron e hirieron a miles de personas; Obama aseguró que el almacenamiento de munición y equipo militar israelí permaneciese a plena capacidad.

En el frente político, se aseguró de que los esfuerzos palestinos por lograr el reconocimiento de su futuro Estado fuesen derrotados. Llegó incluso a negarle a la organización cultural de la ONU, la UNESCO, casi un cuarto de su financiación tan sólo por admitir a Palestina como un nuevo miembro.

Sin embargo, algunos, ingenuamente, aún esperan que Obama pida el reconocimiento del Estado de Palestina en el Consejo de Seguridad de la ONU en las semanas que le quedan en la Oficina Oval. Estas esperanzas han sido impulsadas por informes en los medios hablando de que Obama había instruido al Departamento de Estado para desarrollar un “menú de opciones” con respecto a su visión de una solución al conflicto.

Mientras que los palestinos y sus partidarios son optimistas y creen que Obama se redirá, aunque sea simbólicamente, y apoyará el empuje palestino para llegar a ser un Estado; es poco probable que Obama de estos pasos, sobre todo desde que Trump está dispuesto a rechazar estas iniciativas una vez que se traslade a la Casa Blanca.

Además, el próximo ex presidente ha tenido 8 años enteros para demostrar la verdadera gravedad del conflicto y aprovechar su popularidad en su primer mandato para desafiar al bando pro-Israel y presentar a su país como realmente un “corredor honesto” en un conflicto desigual. Al menos, podría haberse puesto del lado de la mayoría de la humanidad, añadiendo a la voz de su país a aquellas que reconocen un Estado palestino en la ONU.

En septiembre del año pasado, 139 de los Estados miembros de la ONU (y dos de los Estados no miembros) reconocieron a Palestina. Pero esos reconocimientos siguen siendo meramente simbólicos, siempre y cuando EE.UU. siga inflexible en su rechazo a las aspiraciones palestinas. Inquebrantable partidario de Israel, Estados Unidos no sólo está bloqueando la plena adhesión palestina a la ONU, sino que está haciendo todo lo posible para evitar que ‘Palestina’ gane acceso a instituciones internacionales.

Independientemente de que posición debe recomendar el Departamento de Estado a Obama en sus últimos días en la Casa Blanca, es poco probable que las desgracias de los palestinos se acaben de la noche a la mañana o en un futuro próximo. A juzgar por las propuestas amistosas de Trump hacia Israel – por ejemplo, invitando a Netanhayu y a su mujer a visitar Washington poco después de ganar las elecciones – el futuro inmediato no parece muy prometedor.

La historia nos ha enseñado que, cuando se trata de la política exterior de EE.UU. con respecto a Palestina e Israel, las cosas suelen empeorar, no mejorar. A pesar de la brecha actual dentro de la sociedad americana, entre los medios y las élites políticas; el amorío americano con Israel continuará. La guerra en curso sobre los derechos y las aspiraciones palestinas también persistirá.

El liderazgo palestino parece incapaz de comprender una realidad tan obvia. En Ramala, la Autoridad Palestina es inconsciente o, quizás, ajena al hecho de que su salvación no llegará desde Washington, sino de su habilidad para tratar la alianza de EE.UU. e Israel de una manera unida y resuelta.

De hecho, independientemente de qué posición pueda tomar o no Obama – o incluso Trump -, tendrá poca influencia si los palestinos continúan divididos. La división palestina, mucho más significativa que la desorientación inflamatoria de Gingrich y Giuliani, y su incapacidad de enfrentare a la ocupación israelí con una estrategia unificada y valiente, es el mayor y más preocupante desafío de Palestina.

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Ramzy Baroud

Ramzy Baroud es periodista, autor y editor de Palestine Chronicle. Es autor de varios libros sobre la lucha palestina, entre ellos "La última tierra": Una historia palestina' (Pluto Press, Londres). Baroud tiene un doctorado en Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter y es un académico no residente en el Centro Orfalea de Estudios Globales e Internacionales de la Universidad de California en Santa Bárbara. Su sitio web es www.ramzybaroud.net.

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