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¿Tuvieron aliados las revoluciones árabes, o sólo enemigos?

¿Fueron las revoluciones realmente revoluciones populares, o explotaron las “hienas” del mundo los agravios del pueblo y les empujaron a rebelarse, pero no para derrocar a los tiranos y cumplir sus sueños de libertad y dignidad, sino para logar los proyectos de destrucción y nueva distribución de nuestros países de las grandes potencias? ¿Estamos frente a la misma situación que hace 100 años, cuando los colonizadores de Occidente nos incitaron a llevar a cabo la llamada “Gran Revolución Árabe” contra los otomanos, y nos prometieron libertad e independencia, para luego descubrir que habían usado a los árabes como instrumentos para librarse de los otomanos y así colonizar y explotar sus territorios?

No hay duda en que la mayoría de los países árabes necesitan mil revoluciones; políticas, económicas, sociales y culturales. Tampoco hay duda en que el pueblo tiene el derecho a exigir sus derechos, mejorar su situación y librarse de sus dictadores. No hay discusión sobre esto, pero la pregunta que debemos hacernos tras los resultados de lo prometido por el presidente americano, Barack Obama, respecto a la Primavera Árabe, es: ¿ayudó realmente al pueblo esta Primavera Árabe a eliminar la opresión y la tiranía, y construir un estado moderno y democrático; o fue el pueblo engañado? Las cosas siempre se reducen a resultados, y los resultados con los que nos encontramos son muy sorprendentes, e incluso exponen los planes y proyectos de todos los partidos que incitaron a la gente a llevar a cabo estas revoluciones.

Hay una enorme diferencia entre las agendas del pueblo, los líderes y las motivaciones revolucionarias y las fuerzas externas que intervinieron en las revoluciones. No hay duda de que los que se rebelaron en Siria, Egipcio, Túnez, Libia, Yemen y Irak realmente querían exigir sus derechos humanos, políticos, económicos sociales; y no pedían nada más que su libertad y no estar sumidos en la humillación y la opresión.

Sin embargo, incluso si estas simples exigencia, animadas por las “hienas” del mundo, se hiciesen realidad; podrían haber intimidado a estas “hienas”, asustadas de cualquier grito de dolor de las naciones orpimidas. Esto se debe a que saben perfectamente que, una vez que las naciones empiecen lentamente a liberarse, comenzarán a controlar sus recursos y su riqueza, y demandarán la distribución esta riqueza, manipulando el futuro de sus países para satisfacer a sus controladores en el extranjero.

Por lo tanto, las fuerzas externas que parecían apoyar las revoluciones al principio, y que querían que éstas tuvieran éxito de cualquier manera posible, empujaban en realidad a la desaparición de los pueblos y a la lucha por sus intereses, y no a su salida de la tiranía y la opresión. El estímulo internacional de las revoluciones al principio pretendía controlar el movimiento revolucionario para que se alinease con los intereses de las naciones principales. ¿Hay una mejor manera de guiar al pueblo de nuevo hacia la subordinación que aparentando ser un aliado de su revolución? Claro que no.

Así es como los que se autodenominaron “amigos del pueblo Sirio”, por ejemplo, aparecieron. Al escuchar este nombre, estaríamos sin duda esperanzados, y creeríamos que hay poderes principales en el mundo que apoyan las causas justas que persiguen las naciones oprimidas. Sin embargo, descubrimos que los monstruos nunca son compasivos; han vivido y viven de la sangre y, por tanto, todo lo que traen es desastre y destrucción.

Miremos ahora a las fuerzas tiranas que se definieron como apoyos de la Primavera Árabe; ¿qué hicieron por las naciones que se rebelaron? ¿Les apoyaron realmente a la hora de librarse de sus opresores, o querían en realidad librarse de algunos de estos opresores para poder controlar la riqueza de estos países, como sucedió en Libia; o de librarse de algunos países dejando intactos los gobiernos contra los que la gente se rebelaba para usarlos como imanes para atraer a todos los grupos que pudiesen contribuir a sabotear el país, como sucede en Siria?

En otras palabras, el objetivo nunca fue ayudar al pueblo a librarse de sus opresores. En cambio, no estaríamos exagerando al decir que la llamada Primavera Árabe con la que nos engañó presidente Obama no era más que un intento de derrocar a los países, no a los gobiernos. Esto puede ser probado por el hecho de que, en realidad, lo que fue realmente destruido en Siria fue el propio país, y lo que fue desplazado fue el pueblo, mientras que el gobierno se mantiene intacto. Esto no se debe a que a las “hienas” del mundo les guste el régimen, sino más bien porque lo están usando para el sabotaje y la destrucción.

No debemos olvidar el proyecto de caos creativo, o más bien la destrucción americana de la que nos informo el Secretario de Estado de los EEUU, Condoleezza Rice. A través de este proyecto, Estados Unidos encontró en algunos de los tiranos la manera de extender el caos. En pocas palabras, el pueblo quería una revolución que expulsase a estos tiranos, mientras que las fuerzas externas la querían para destruir las propias naciones.

Hay grandes diferencias entre los rebeldes y los partidarios, ya que, mientras que los partidarios buscan un verdadero cambio, los aliados de la revolución no son siempre tan “buenos chicos”. En muchos casos, utilizan el descontento del pueblo para lograr sus objetivos antes que los objetivos de las naciones. Por desgracia, este parece ser el caso hasta ahora.

 

Traducido de Arabi21, 6 de noviembre de 2016.

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