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La ilusión del fin de Daesh

Sin antes abordar los numerosos desequilibrios que condujeron al surgimiento de Daesh, no podremos hablar de eliminarlo por completo.
Imagen desdibujada de la bandera empleada por la organización terrorista Daesh, tomada el 18 de Febrero de 2016 (REUTERS/ Dado Ruvic/ Illustration)

Nos encontramos a día de hoy justo en medio de la batalla por Mosul, los planes para liberar la ciudad de Raqqa y los preparativos de Turquía para la siguiente etapa de su operación «Escudo del Eufrates», entrando en la ciudad siria de Al-Bab. Esto significa que Daesh será desafiado en sus tres de sus baluartes clave en Siria e Irak. En todo esto, sin embargo, parece que hablar del fin definitivo del movimiento extremista es una exageración injustificada; algo más cercano a una ilusión que una realidad práctica.

No hablo del aspecto militar de la campaña contra Daesh, sino de la perspectiva más amplia de enfrentar al grupo de una manera que vaya más allá de la lucha física, aunque incluso la ofensiva militar se enfrenta muchos obstáculos y desafíos. Es cierto que el poder del grupo takfirí ha sido exagerado, porque su presencia y expansión ha servido a los intereses de una serie de facciones, pero pensar que la batalla de Mosul terminará dentro de un par de días o unas semanas también es una exageración alimentada por el rápido progreso en el terreno durante los primeros días, además de por la propaganda de los medios de comunicación.

La diferente naturaleza de los bandos que participan en la operación, y de aquellos que desearían hacerlo, plantea una serie de desafíos para sus progresos y resultados sobre el terreno, especialmente porque tienen objetivos y agendas diferentes, con intereses que se cruzan pero con diferentes prioridades. Estos desafíos incluyen la coordinación entre las diversas partes; la organización de sus prioridades; las garantías de que todas las partes se comprometan con el plan en vigor y no vayan más allá de los límites acordados; la prevención de la posible confrontación entre ellos; evitar el riesgo de las tensiones sectarias; y la minimización al máximo del número de refugiados, así como la atención adecuada de sus necesidades. No se puede garantizar que será una operación rápida con resultados positivos, ya que Daesh está defendiendo un bastión clave para su entramado yihadista, y ha demostrado sobradamente que domina el arte de la guerra: el uso de civiles como escudos humanos, los atentados suicidas y los coches bomba son prueba de ello.

Estos desafíos son muy importantes y creo que siguen formando parte de las consideraciones que he mencionado más arriba (las que tienen que ver con la situación antes de que finalicen los recientes avances sobre el terreno). Sin embargo, no son a lo que me refiero cuando hablo de la ilusión de eliminar a Daesh, porque derrotar militarmente al grupo y sacarlo de Mosul es una cosa, y hablar de eliminarlo como ideología y como grupo organizado es otra completamente distinta.

No es ningún secreto que Daesh carece de un sistema sólido de liderazgo estructural o de una fuerte centralización en la gestión de los asuntos cotidianos. Unirse al grupo terrorista es tan simple como realizar un juramento de lealtad a miles de kilómetros de distancia; no hace falta contacto directo. Por lo tanto, derrotar al grupo en sus fortalezas clave y perseguir o incluso matar a sus líderes no significa necesariamente eliminarlo.

Lo más importante es todo aquello relacionado con la ideología y la narrativa del movimiento radical, las cuales han sido interiorizadas por muchos jóvenes. Aunque algunos especialistas estaban interesados en limitar el fenómeno de Daesh estrictamente a la «ideología» o al legado islámico y cosas similares, las razones de la aparición del grupo y de los jóvenes que se unen a él son numerosas, complejas e interrelacionadas. Tienen que ver con la opresión política, las crisis económicas y la ausencia de justicia social, hasta llegar a la ocupación imperialista, la influencia religiosa e ideológica extranjera, la tensión sectaria o la ausencia de auténticos puntos de referencia positivos.

Cuando observamos la «coalición» que combate en la batalla por Mosul, podemos ver entre ellos a algunos de los que tuvieron un papel importante y obvio en la aparición de Daesh; No son, por lo tanto, actores en quienes se pueda confiar sólo porque hagan frente al grupo radical. Hay entre ellos estados extranjeros que han ocupado durante mucho tiempo los países de la región y han matado a su pueblo, hay también grupos sectarios que amenazan con ejecutar a los «descendientes espirituales de los asesinos de Hussein», el nieto del Profeta Muhammad; también hay regímenes opresivos y corruptos, y grupos militares que buscan probarse a sí mismos e imponer su presencia, así como potencias regionales que pretenden expandir su territorio, influencia y control. Más peligroso es el hecho de que todas estas partes en conflicto quieren una parte del pastel al final de la batalla, manteniendo a aquellos que tienen derechos genuinos fuera de toda la ecuación y perpetuando así la injusticia y convirtiéndolos en víctimas permanentes.

En pocas palabras, tratar de abordar un fenómeno tan complicado como Daesh, y la ideología que lo sustenta, sólo desde una perspectiva militar es algo destinado al fracaso; esto sólo pospondrá los problemas, gestionándolos en lugar de eliminarlos, todo en favor de intereses ajenos, como ha sucedido hasta ahora. Las reglas más simples de la medicina, la política y la lógica dicen que el éxito de los resultados requiere que se atiendan en primer lugar las causas de los problemas, de lo contrario el problema en cuestión reaparecerá en otra forma y puede volverse aún peor que antes.

Sin antes abordar los numerosos desequilibrios que condujeron al surgimiento de Daesh, no podremos hablar de eliminarlo por completo. El grupo takfirí puede debilitarse militarmente, pero sólo será un respiro temporal; sus combatientes extranjeros no volverán a sus países y sus partidarios en Siria e Irak permanecerán allí, esperando otra oportunidad. Y así como siempre ha habido un «desarrollo» en la ideología y la práctica de estas organizaciones -de los primeros grupos yihadistas aislados, pasando por Al-Qaeda y ahora, Daesh- estos combatientes esperarán, junto con muchos nuevos jóvenes marginados y oprimidos que sufren de injusticia, exclusión y confusión, sólo para volver en el momento justo de una forma más sanguinaria y brutal que nunca.

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