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La oposición kuwaití vuelve al Parlamento

Mientras muchos de los bloques opositores han anunciado el fin de su boicot antes de que esto sucediera, -en concreto, los islamistas de los Hermanos Musulmanes y los salafistas- la preparación de un ciclo electoral tan apresuradamente no estaba en su agenda, ya que esperaban que las elecciones se produjeran el próximo verano.
Edificio de la Asamblea Nacional de Kuwait, el 16/04/2009. Fuente: Wiipedia

La oposición kuwaití no ha sabido ponerse de acuerdo en nada desde la dimisión del primer ministro Nasser Mohammed Al-Sabah en 2011. Si bien hubo un acuerdo por el que se boicotearían las elecciones parlamentarias de 2013, tres años después, sin embargo, este consenso se ha venido abajo. Actualmente, parece que aquéllos que insisten en seguir boicoteando los comicios son una minoría, si bien una relevante minoría, liderada por el ex portavoz parlamentario y uno de los líderes del Bloque de Acción Popular, el político Ahmed Al-Saadoun.

La disolución del parlamento esta semana, como pidió el dimitido Consejo de Ministros, ha llegado por sorpresa, especialmente teniendo en cuenta que este parlamento no había sido tan problemático como los anteriores. En cualquier caso, la disolución repentina (con la increíble justificación de evitar las calurosas temperaturas de verano del 2017, cuando estaba prevista inicialmente la convocatoria de nuevos comicios) puede también indicar la falta de deseo de la vuelta de la oposición a la Cámara, que ha estado en silencio durante tres años, pero sin ninguna reflexión sobre las posibilidades de desarrollo político en Kuwait, y de parlamento, sobre el que todos, incluyendo a la oposición, están acusados de haber desactivado.

Lo repentino de la disolución parece buscar confundir a la oposición, ya que ahora ésta tendrá que tomar una decisión rápida sobre si poner fin al boicot parlamentario o continuar con él. Mientras muchos de los bloques opositores han anunciado el fin de su boicot antes de que esto sucediera, -en concreto, los islamistas de los Hermanos Musulmanes y los salafistas- la preparación de un ciclo electoral tan apresuradamente no estaba en su agenda, ya que esperaban que las elecciones se produjeran el próximo verano.

A priori, no parece que la oposición kuwaití se haya beneficiado de boicotear las elecciones parlamentarias de 2013, boicot que fue convocado reivindicando el principio de “un/a ciudadano/a= un voto”.  Según los líderes opositores, esto ha ayudado a manipular los resultados electorales, permitiendo a aquéllos que no lo merecen” representar a la nación”, para comprar su acceso al funcionariado. Parece que la excesiva presión de la oposición por el boicot electoral,  convirtiéndolo en una cuestión de principios, hace difícil dar marcha atrás en este sentido, si bien no es imposible.

Varios han sido los factores que han convertido este boicot en inútil, el más importante de ellos es la incapacidad de la oposición kuwaití para ponerse de acuerdo en un proyeto político claro, después de su consenso en rechazar al primer ministro y pedir su dimisión en 2008. Además, la situación regional ha afectado seriamente a las condiciones políticas y sociales de Kuwait. Los años 2014 y 2015 fueron muy duros para los kuwaitíes, con grupos pro-Daesh atacando mezquitas en los estados del Golfo Pérsico con el fin de incitar al conflicto sectario, y algunos grupos vinculados a Hezbolá y la Guardia Revolucionaria Iraní preparándose para responder, según las autoridades de Kuwait, que detuvieron a varios de estos grupos y decomisaron sus armas.

En paralelo a este dilema securitario, de un tipo que Kuwait no conocía desde que fue ocupado por el Irak de Saddam Hussein, llegó el descenso de los precios del petróleo y la aplicación de políticas de recortes por parte del gobierno. Estos dos factores juntos han provocado unas condiciones económicas difíciles unidas a una situación de confusión política. Sin embargo, parece que el país ha superado su crisis securitaria a lo largo de este año.

El sino de Kuwait es ser un Estado pequeño en una región convulsa, y estar repleto de diversidad étinica y religiosa. Esta situación social y geo-política, junto a la presencia de una constitución relativamente democrática desde 1962, le han conferido a Kuwait un estatus diferente en la región. El caos reinante en Irak, las aspiraciones hegemónicas de Irán y la amenaza del terrorismo salafista, con todo, son factores esenciales en la política kuwaití, que consiguen anteponerse a las cuestiones internas, incluyendo la relación entre el gobierno y la oposición, la estructura del propio gobierno o los problemas internos de la oposición.

Quizás la decisión de la oposición kuwaití de volver al Parlamento sea difícil, pero no parece que haya alternativa, especialmente visto el descenso de su actividad política durante los tres últimos años, en contraste con el fuerte activismo de la “Campaña Naranja” o el movimiento “Queremos cinco”, que reclamaba un cambio en el diseño de cinco circunscripciones de Kuwait en 2006.

La oposición, o la mayoría de ella, volverá al parlamento, y algunos de sus principales líderes serán elegidos como parte de un sistema parlamentario que ha sido elaborado sobre la base de no otorgar mayoría absoluta a ningún bloque político. La controversia entre el gobierno y la oposición volverá a producirse en el seno del Consejo, como dice la constitución kuwaití, que ha conferido este derecho a los kuwaitíes durante más de medio siglo. Sin embargo, la experiencia de los últimos tres años tendrá su impacto en las relaciones entre el gobierno y la oposición: el primero no podrá seguir ignorando a la oposición, mientras ésta no podrá continuar resisitiéndose a participar; al final; la decisión última se tomará a través de las elecciones y los mecanismos constitucionales del país.

 

Traducido de Al-arabi al-Jadeed, 20 de Octubre de 2016.

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