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Oriente Medio cerca de usted

En Aberfan o en Alepo, las vidas inocentes no cuentan para nada

Los ricos y poderosos no cederán ni un ápice mientras puedan seguir vulnerando la legalidad internacional, apropiándose de tierra o sacando provecho de la miseria que generan.
Desplazados internos en Siria huyen de los enfrentamientos entre los terroristas de Daesh y el régimen sirio, en un campo de refugiados cerca de la frontera con Turquía, el 10 de Octubre de 2016.

Cada vez que viajo a Oriente Medio suele ser para cubrir una guerra, las secuelas de una guerra o una  gran tragedia, que a menudo suele ser el producto de miserias humanas, el hambre de poder de ciertos líderes o los cálculos políticos erróneos. La única constante en todo esto es el sufrmiento de inocentes y la farsa de los líderes mundiales reuniéndose en cumbres internacionales para derramar sus lágrimas de cocodrilo mientras fingen preocupación de cara a los medios de comunicación.

Una y otra vez, este show se incrementa con la imagen de un niño, que obliga a los grandes hombres y las buenas personas a pararse un momento y exhibir grandes muestras de dolor. El verano pasado, este niño fue Aylan Kurdi, de tres años de edad, cuyo cuerpo apareció flotando en una playa de Turquía, el que consiguió ser portada en muchos medios.

Este Agosto pasado fue el rostro conmocionado y polvoriento de Omran Daqneesh, de cinco años, el que nos trajo los horrores de Alepo y de Siria a nuestras casas, con su mirada perdida desde el asiento trasero de una ambulancia. Su pequeño rostro cubierto de sangre, su ojo izquierdo prácticamente cerrado y su mata de pelo despeinada y polvorienta completaban la escena. La imagen resultaba impactante, probablemente porque Omran sólo nos miraba, no había lágrimas en su rostro, no había llanto. Él estaba en silencio, entumecido y desconcertado. No podemos saber si sentía dolor, si estaba traumatizado, pero la ausencia de emociones en su pequeña cara era desgarradora. Poco antes había sido rescatado de entre los escombros de la casa de su familia.

En todas estas ocasiones madres cubiertas de lágrimas y vecinos gritan y lloran frente las cámaras; sus  gritos no suelen ser traducidos, pero sus palabras siempre suenan muy familiares: “¿No le importamos a vuestros líderes? ¿Cómo pueden ver a nuestros hijos sufrir así? ¿Es que no tienen humanidad?”. La respuesta, siendo francos, es “no”.

Lo cierto es que hay poca o ninguna prueba de humanidad entre los líderes mundiales o sus representantes diplomáticos, principalmente los rusos y americanos, que se dedican a pegarse entre ellos a puerta cerrada. Ni por un minuto piensan en pararse a derramar ni una lágrima en privado por el sufrimiento de inocentes, con la testosterona presidiendo como lo hace todos sus encuentros.  Niños preciosos como Aylan y Omran no tienen ningún valor para estos políticos más que el de ser utilizados como útiles herramientas mediáticas con las que tratar de conseguir réditos políticos y desviar la culpabilidad. Y antes de que salgas corriendo a lamentarte por “el racismo, la islamofobia o la intolerancia”, tengo que decir que estos autodenominados “grandes y buenos” nos tratan a todos los mortales por igual, con absoluto desprecio.

He pensado todo esto al recordar como la pequeña y heroica nación de Gales se prepara la conmemoración del 50 aniversario de la tragedia de Aberfan el próximo viernes. El 21 de Octubre de 1966, toda una comunidad minera fue traumatizada y devastada por el dolor cuando una montaña de residuos mineros se derrumbó sobre el pueblo, arrasando una escuela infantil, matando a 116 niños y a 28 adultos.

Las víctimas del desastre de Aberfan no fueron asesinadas por bombas rusas o de la OTAN, sus muertes se debieron a una combinación de negligencia e incompetencia. No fue un desastre natural, sino el resultado directo de la ambición de hombres de poder e influencia en puestos elevados que priorizan sus beneficios antes que las vidas humanas.

Por otra parte, al igual que los criminales responsables del sufrimiento de millones de hombres, mujeres y niños en Siria hoy en día, nadie está dispuesto a levantarse y aceptar la responsabilidad de lo que pasó en Aberfan. Nadie ha tenido que rendir cuentas o ha sido sentado en los tribunales, ni, según sospecho, nadie será llevado a la Corte Penal Internacional para asumir su culpa por los crímenes de guerra llevados a cabo contra el pueblo sirio en Alepo o en las demás ciudades de Siria.

Si hay alguna lección que debamos aprender de lo sucedido en Aberfan es esta: mientras la clase dirigente, rica y arrogante, pueda evadir su responsabilidad y no rendir cuentas por sus acciones, nada cambiará nunca. La negligencia de las multinancionales, los crímenes de Estado y contra la humanidad continuarán sucediéndose mientras el beneficio de los traficantes de armas, dictadores y déspotas crece inversamente proporcional.  Nosotros tenemos también la culpa en cierto sentido, por no presionar a nuestros líderes para que rindan cuentas, mientras los medios de comunicación son cómplices por difundir las mentiras y la propaganda de quienes están en el poder.

Incluso a día de hoy hay gente en Gales que cree que la tragedia de Aberfan fue un desastre inevitable, ello por culpa del evidente periodismo cobarde y la propaganda que éste generó para proteger a los poderosos. Aberfan no fue un accidente. No fue un acto de la naturaleza, sino el deslizamiento mortal de un montón de residuos mineros que habían sido almacenados justo encima de una corriente subterránea. El Consejo Nacional del Carbón hizo todo lo que pudo para escurrir el bulto por una de las mayores tragedias que han golpeado a Gran Bretaña desde la Segunda Guerra Mundial, pero no hay nada que sus funcionarios puedan hacer para ocultar la verdad.

En un mundo justo, donde las víctimas fueran lo primero, el Consejo Nacional del Carbón debería haber sido procesado, junto a su director, Lord Alfred Robens, una perla del reino cuyo nombre “resultó manchado” por su reacción al desastre de Aberfan. La mayoría de las víctimas eran gente de clase obrera, por lo que fueron tratados con el mismo desprecio con el que lo son hoy los niños sirios. Como en el Informe Chilcot sobre la guerra de Irak, parece que hubo un gran ejercício cosmético tras los sucesos de Aberfan por el cual las víctimas nunca recibieron justicia mientras los poderosos parecen haber sido absueltos de toda culpa.

El redactor jefe del diario galés Western Mail, Martin Shipton, es un viejo amigo y colega mío. “Si la negligencia criminal que condujo a la tragedia de Aberfan traicionó a toda la comunidad, las secuelas agravaron esta traición”, me dijo. “Nadie recibió ningún castigo por las 144 muertes, y el fondo para tramitar los recursos judiciales de los habitantes del pueblo fue robado para que lo que quedaba de peligroso en el caso pudiera ser borrado”.

Si bien la investigación sobre los hechos dictaminó que la culpa era claramente del Consejo Nacional del Carbón, nadie fue degradado, cesado o procesado, ni se le aplicó ninguna sanción administrativa. “No hubo ningún procesamiento, ya sea por homicidio o por negligencia profesional. El ex-ministro laborista Lord Robens, que entonces dirigía el Consejo, se mantuvo en su puesto. Ante la opinión pública ofreció su dimisión, pero los documentos desclasificados décadas después muestran que todo fue una farsa y que le fue asegurado que su puesto de trabajo estaba a salvo. Sorprendentemente, poco después fue nombrado miembro de un comité que emitía recomendaciones sobre salud y seguridad laboral para el gobierno”.

Cuando se indemnizó a las familias que habían perdido a sus hijos, se ofreceron pagos miserables de entre 500 y 1000 libras (entre 600 y 1.200 euros) porque quienes estaban en el poder pensaron que sería un error abrumar a la clase obrera con demasiado dinero. Por increíble que suene hoy, esto fue exactamente lo que pasó. Como prueba un documento desclasificado después de 30 años, las autoridades de Londres pensaron que una suma más elevada “podría haber destruido a los beneficiarios de clase obrera, porque ellos no estaba acostumbrados a manejar sumas tan altas de dinero”.

Esta semana, los más grandes hombres de Gran Bretaña no dudarán en desfilar juntos paara mostrar su unidad y recordar la tragedia de Aberfan buscando obtener beneficios a nivel mediático. Las auténticas lágrimas de dolor, sin embargo, se derramarán en el pueblo de Welsh, como siempre se ha hecho, a puerta cerrada.

Así que, por favor, no preguntéis “¿Dónde está la humanidad?” cuando una nueva bomba o misil fabricado en Occidente caiga sobre un niño en Yemen, Siria, Palestina, Irak o donde sea. La sangre humana es barata y realmente no importa si tu piel es morena, blanca o negra; e importa menos aún que tu lengua nativa sea el árabe o el inglés. Los ricos y poderosos no cederán ni un ápice mientras puedan seguir vulnerando la legalidad internacional, apropiándose de tierra o sacando provecho de la miseria que generan.

Políticos y traficantes de armas son en muchas ocasiones las dos caras de una misma moneda, los primeros allanan e terreno para que los segundos vendan su armas mortales, y los inocentes sufran. Los franceses tienen un refrán sobre esto: plus ça change, plus c´est la meme chose. (“Cuanto más cambie, más seguirá siendo lo mismo”). Nunca esto ha sido tan apropiado que en las tragedias de Aberfan y Alepo; puede haber una diferencia de más de cincuenta años entre ambos casos, pero están unidos en tanto niños inocentes son asesinados: da verguenza decirlo pero sus vidas no cuentan para nada en eso que llamamos “política internacional”.

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La periodista y autora británica Yvonne Ridley ofrece análisis políticos sobre asuntos relacionados con el Oriente Medio, Asia y la Guerra Mundial contra el Terrorismo. Su trabajo ha aparecido en numerosas publicaciones de todo el mundo, de Oriente a Occidente, desde títulos tan diversos como The Washington Post hasta el Tehran Times y el Tripoli Post, obteniendo reconocimientos y premios en los Estados Unidos y el Reino Unido. Diez años trabajando para grandes títulos en Fleet Street amplió su ámbito de actuación a los medios electrónicos y de radiodifusión produciendo una serie de películas documentales sobre temas palestinos e internacionales desde Guantánamo a Libia y la Primavera Árabe.

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