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“A Hair Tie”, el trabajo oscuro y obsesivo de la artista siria Randa Maddah

"A Hair Tie" ("Un mechón de pelo") es una exposición de terror, donde la luz y la esperanza no se encuentran por ningún lado.

Actualmente, en muchas escuelas de arte los profesores desdeñan los trabajos que consideran demasiado personales. Censuran a los estudiantes que se inspiran en el expresionismo de Munch o tratan de seguir los pasos de Van Gogh o de otro artista capaz de transmitir su angustia existencial simplemente retratando su propia habitación vacía. Por el contrario, los profesores suelen preferir el intelectualismo de lo conceptual, a menudo con referencias iconográficas tradicionales.

Comportándose así, parecen ignorar el hecho de que las escuelas de arte tienen algo de facultades de psicología: tienden a atraer a los estudiantes de alma atormentada. En algunas partes del mundo, esta agitación interna también se corresponde con variables socio-políticas más amplias. En otras palabras, lo que en Zurich sería un “existencialismo pasivo”, se convierte en una angustia existencial profundamente sentida en los Altos del Golán sirios ocupados.

¿Alguna vez has escuchado hablar de Majdal Shams? Esta localidad está situada justo en el borde de la línea de alto el fuego entre Siria y los Altos del Golán ocupados por Israel. Antes de que la ocupación comenzara, en Junio de 1967, Majdal Shams formaba parte de Siria. Como consecuencia de la guerra, sus habitantes fueron aislados de su país y separados violentamente de sus familiares que vivían o trabajaban en el territorio sirio, y durante mucho tiempo se negaron a pagar impuestos a Israel.

No obstante, muchos allí siguen manteniendo vínculos con su país de origen, que se intensificaron durante los años 90 con la introducción de un programa que permitía  al agente cruzar la línea de alto el fuego para realizar peregrinaciones religiosas o estudiar en la universidad. Hace treinta y tres años, la artista Randda Maddah nació en Majdal Shams.

Desde los Altos del Golán ocupados a la exposiciones y festivales internacionales, Maddah se ha visto a sí misma convertida en una representante artística de la Siria moderna. Ella se educó en numerosas instituciones diferentes, donde se centró en aprender una amplia variedad de técnicas, de la escultura al grabado. Asistió a cursos de pintura y tallado en el Adham Ismail Center, y después se graduó en el Departamento de Escultura de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Damasco.

Una imagen poética que revela las cicatrices dejadas por la dolorosa historia de la tierra natal de Maddah se puede encontrar en su trabajo “Light Horizon” (“La luz del horizonte”). El vídeo de siete minutos filmado en 2012 muestra a una mujer vagando por las ruinas de una casa. La seguimos mientras ordena todo escrupulosamente entre los escombors. Su rutina diaria de fregar el suelo y hacer la mesa serían cosas banales en tiempos de paz, pero resultan surrealistas en unos tiempos marcados por la guerra, la expropiación y la ocupación. Vemos como su repetición de las labores cotidianas es un intento de restaurar la normalidad y la vida familiar contra todos los impedimentos.

Este cortometraje fue filmado en el pueblo de Ayn Fit, en el Golán sirio ocupado, en una de las casas destruidas por las fuerzas israelíes en 1967. Esta es una de las raras ocasiones en la que la artista ha abordado los problemas a los que ha hecho frente su pueblo de manera directa. En “Ligh Horizon”  todavía se puede leer entre líneas un pequeño sentimiento de esperanza. Sin embargo, en su última exposición en la Gallery One de Ramala, Palestina, las lentes con las que Randa Maddah ve el mundo se oscurecen totalmente.

En su trabajo para la exposición, la artista vuelve a los cuerpos atormentados, las expresiones de terror y las figuras enajenadas que marcaron sus esculturas y trabajos a lápiz en un primer momento. En “A Hair Tie” (“Un mechón de pelo”) Maddah representa el citado sentimiento de extrañeza y confusión  de aquéllos que viven en el Golán ocupado, pero todavía se sienten sirios. Para el público internacional, su trabajo significa dar voz al dolor de los sirios de hoy día. Para el público palestino que visita la exposición, también puede significar un contrapunto visual de su propio sufrimiento bajo la ocupación israelí.

El hilo argumental que estructura la muestra, y de la que toma su nombre, se presta a una doble lectura. Por una parte, la maraña de pelo parece ser otra representación de la deseperación; un lío inmenso imposible de resolver. En otros trabajos, en cambio, vemos el pelo representando algo positivo, conectando personas.

La exposición también cuenta con una serie de cuerpos grotescos colgando del techo, suspendidos por un delgado cable. Esta inquietante manera de presentar su trabajo es recurrente en las muestras de la artista. Figuras similares a fetos humanos parecen haber sido ahorcadas, quizás ascendiendo al cielo o descendiendo hasta la tierra. Exactamente al igual que los ciudadanos de Majdal Shams, podemos interpretar a estos cuerpos de arcilla suspendidos como sujetos en un estado intermedio, sin pertenecer a ningún sitio, eternamente esperando. Su ausencia de forma indica que todavía no han encontrado una identidad estable.

Otros trabajos expuestos incluyen una serie de pequeñas figuras de bronce. Una de las piezas más impresionantes es el de un rostro gritando que parece dividirse en dos. Otras estatuillas consisten en unos cuerpos detrozados cubiertos por una manta, con una madre y un hijo intentando conseguir algo de reposo, o a un preso con una venda en los ojos. Pequeñas, rígidas, pesadas y compactas, estas piezas nos traen a la mente los peores sentimientos de angustia que todos experimentamos en los peores momentos de nuestras vidas.

Volviendo al problema con el que empezamos – el de los artistas que se hacen demasiado conceptuales-; estos creadores a menudo acaban desconectándose de su sensibilidad corporal y emocional. En el trabajo de Randa Maddah encontramos todo lo contrario, sus figuras crean inmediatamente una conexión con la parte más primitiva de nosotros mismos y nos golpean como una patada en el estómago.

En última instancia, “A Hair Tie” (“Un mechón de pelo”) es una exposición de terror, donde la luz y la esperanza no se encuentran por ningún lado. No es extraño, por tanto, que muchos espectadores prefieran mirar hacia otro lado, como harías si fueras abordado por un mendigo deforme que te agarra del hombro por sorpresa. Sin embargo, nuestra prueba de humanidad es precisamente ser capaz de resistir el impulso de apartar la mirada, mirar al extraño a los ojos y ofrecerle tu ayuda.

Del mismo modo, el trabajo de Randa Maddah no sólo tiene el poder de hacer que aquellos que sufren se sientan menos solos. También ayuda a aquellos que, en el lado verde de la valla, tratan de cultivar la valentía y la empatía, y quizá incluso consiga que actúen desde su posición.

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