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¿Qué falla en la percepción árabe de la política turca?

Lo gazatíes se manifiestan en una marcha contra el golpe de Estado en Turquía.

¿Hay una falta general de comprensión en el mundo árabe de lo que está pasando en Turquía? Esta pregunta ha estado en mi cabeza durante años y me he venido esforzando para encontrar las posibles respuestas desde el inicio de mis viajes a Oriente Medio. Ser turca en el extranjero siempre me ha situado frente a preguntas sobre la historia otomana, la cuestión armenia, el laicismo o la política turca en la era del AKP. Sorprendentemente, estas preguntas no son diferentes en el mundo árabe a cómo se formulan en Europa.

Cuando viajo al mundo árabe o me reúno con mis colegas árabes, ser turco despierta básicamente dos tipos de reacción. O bien soy tratada como la heredera  del antaño poderoso Imperio Otomano, una reacción basada en el sentimiento de fraternidad islámica, o bien me siento confusa por las preguntas sobre la política exterior de Turquía en la región.

Como un represente de los pasados “días dorados” del Imperio Otomano, el sentido de hermandad en el seno de las sociedades islámicas es evidente en cada conversación, incluso si algunos se muestran excesivamente optimistas en ocasiones sobre el rol de Turquía y la política turca. Me da la impresión de que tratan de poner de relieve los aspectos comunes entre sociedades que están actualmente enfrentadas. Hay una reacción positiva generalizada y puedo confirmar que, según me dicen, Turquía es un buen destino vacacional, la comida turca es deliciosa y hay una imagen positiva de Erdogan y, casi seguro, de las soporíferas óperas turcas. Nos podríamos preguntar si todas estas impresiones positivas son significativas o no, pero, en cualquier caso, los dos participantes en la conversación normalmente se alegran de haberse conocido.

Al ser una  ciudadana turca residente en Qatar, sin embargo, las preguntas más incisivas se centran en por qué los turcos están evolucionando hacia una fase política más “islámica”, y por qué Erdogan se está convirtiendo en un “dictador”; cuál es la estrategia tras la política exterior turca en Oriente Medio, o si el golpe de Estado fue planeado por el propio Erdogan, ya que Fethullah Gülen no tenía razones para hacerlo, al ser sólo un simple clérigo. Y cosas así. Nadie tiene porqué empatizar con ningún país, pero sería mejor adquirir algo de conocimiento y perspectiva sobre él antes de juzgarlo o condenarlo.

La política turca contemporánea es un complejo reto para politólogos y especialistas en relaciones internacionales. Desde el establecimiento de la República de Turquía, el país se ha venido construyendo con las aportaciones de diversos grupos, y en muchas ocasiones estas comunidades, agrupadas por religión, etnia o intereses han estado enfrentadas entre sí. Explicar un siglo de historia del Estado turco en una sola conversación no es fácil. Los medios de comunicación y los líderes árabes pueden influenciar  la opinión pública en el interior de las sociedades árabes, pero es necesario un análisis más profundo de varios otros factores para entender la motivación que hay tras toda esa negatividad que rodea a las percepciones sobre Turquía en la sociedad árabe.

¿Por qué los árabes no comprenden Turquía?

La principal razón de ello es la falta de información veraz. Esto no quiere decir que ésta deba ser pro-gubernamental o pro-Erdogan, pero debe haber rigor a la hora de tratar los últimos acontecimientos políticos a los que ha hecho frente Turquía. Después de los sucesos del 17 al 23 de Diciembre de 2013, cuando la infiltración de partidarios de Fetullah Gülen en la policía y la judicatura alcanzó cotas de conspiración dirigida a derribar al gobierno democráticamente electo, se determinó denominar como “terrorista” al grupo, bajo sus siglas en turco FETÖ. Yo estaba en Palestina en ese momento, haciendo un trabajo de campo como becaria en una universidad. Iba a una clase de resolución de conflictos políticos y por casualidad ese día el tema era Fehullah Gülen y cómo él contribuía a la resolución de conflictos con sus conversaciones pacíficas y su proyecto de diálogo interreligioso. Me quedé estupefacta. Estábamos en Palestina y Gülen es el único clérigo turco que no apoya la causa palestina públicamente, cuando no es ciertamente simpatizante de Israel. Lo que es peor es que nadie sabe nada sobre su contribución a una entidad clandestina que está acusada, entre otras cosas, de escándalos sexuales, quema de documentos oficiales o robo de exámenes de las escuelas militares para infiltrarse en las instituciones del Estado turco.

Hoy en día, la situación es un poco diferente de lo que yo presencié en esa aula. La organización de FETÖ se ha tornado infame: sus miembros se han infiltrado en todas las instituciones gubernamentales turcas ocultando sus vínculos con la secta; las mujeres en la organización normalmente no llevan hiyab para disimular su identidad religiosa (incluso lo justifican de forma islámica) y actúan como “laicos”; tiene escuelas en más de 100 países y utiliza a sus estudiantes para sus propósitos lobistas; enseña a sus seguidores en estas escuelas a acceder a puestos clave del sector público y privado en aras de la organización; y los miembros deben situar al movimiento por encima de sus propias familias, trabajo, religión o nación.  Es éste un asunto complicado que requiere de mayor nivel de cobertura en árabe e inglés para ilustrar a la opinión pública.

El fallido golpe de Estado y los acontecimientos que se desarrollaron después del 15 de Julio resultan cruciales para adentrarse en este ángulo de perspectiva. Debido a la cobertura informativa, principalmente pro-golpe, de los medios en Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Occidente, la lucha del pueblo en las calles a favor de la democracia fue reflejada como una lucha de poder de Erdogan. ¿Fue eso lo que pasó realmente? Definitivamente, no. Esto fue un salto de gigante en la historia de Turquía. Que el hecho de que el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo haya ganado las elecciones durante 15 años, y su masivo y entusiasta apoyo popular, generaría una importante oposición en los asuntos de debate político, era obvio. A pesar de ello, la sociedad turca se unió el 15 de Julio para reivindicar los valores democráticos y oponerse en  las calles a un intervención extranjera articulada por un amenaza interna. Lo que Turquía aprendió esa noche es que puede haber discrepancias bajo la ley democrática (personalmente, considero que debe haber discrepancias, para que pueda llamarse democracia) pero el golpe era una amenaza para el bienestar de todos, excepto para los golpistas, y podría haber destruido todos los logros políticos, sociales y económicos de Turquía en una sola noche.

El 7 de agosto, todos los partidos políticos turcos y 5 millones de personas se unieron para marchar en la plaza Yenikapi de Estambul para mostrar su unidad frente a la secta antidemocrática de Gülen; esto fue extremadamente simbólico tras los duros días que siguieron al fallido golpe. Sin embargo, esta batalla no fue en beneficio del gobierno, contrariamente a la extendida idea entre muchos árabes, como he visto por sus posts en las redes sociales, tweets y mensajes; lo fue para Turquía, que echó las diferencias ideológicas a un lado y se movilizó por sus conquistas y por su desarrollo compartido. El sistema político de Turquía no está para dar espectáculo; siempre ha estado aquí y es real, y representa un centenar de años de tradición.

¿Es el caso turco tan extraño para los árabes?

Respondiendo de forma simple, probablemente, sí. No hay otro ejemplo similar a la gobernanza turca en toda la región. La democracia turca está basada en un sistema laico y pluralista, no habiendo nada parecido en sus países que los ciudadanos árabes puedan contar.  El sistema político turco es laico, pero más de la mitad de los turcos son gente conservadora y religiosa, que da su apoyo a partidos de centro-derecha como el AKP o el Partido del Movimiento Nacional (MHP). También hay, por supuesto, voces opositoras desde la social-democracia, gente laica y grupos armados de la resistencia kurda. En cualquier caso, las elecciones demuestran que la gente tiende a votar a partidos conservadores.

Cuando el pueblo vota al gobernante AKP, nadie les obliga a hacerlo. Las elecciones turcas son libres y transparentes, no como en algunos estados árabes. Nadie obliga a la gente a votar al AKP. Esto es un punto importante porque, después de las últimas elecciones, cuando el AKP consiguió la mayor parte de los votos, fui preguntada por mis colegas sobre si Erdogan se estaba convirtiendo en un dictador. Este tipo de preguntas muestran que no se está entendiendo la política turca actual. Antes que nada, eran unos comicios para elegir a los miembros del Parlamento y al primer ministro, no a Erdogan; él es el presidente, y ya no más el primer ministro. La falta de un entendimiento básico del sistema político turco es evidente incluso entre las voces árabes educadas.

El conflicto de intereses en Oriente Medio es otra razón por la que la percepción de Turquía entre los árabes se ve enturbiada. Esta tensión regional subyacía durante y después del golpe, especialmente cuando los medios de Emiratos Árabes Unidos y egipcios cubrieron las noticias sobre Turquía con una óptica determinada. Fethullah Gülen fue entrevistado por el canal egipcio Al-Ghad, mientras que la BBC News y Sky News acusando a Turquía y a Erdogan a través de una cobertura parcial, superficial y con comentarios desafortunados. Es éste un problema a nivel estatal que afecta claramente a la opinión pública de los países árabes.

Para ser honestos, la laguna de conocimiento entre los países de la región es recíproca: la sociedad turca tampoco comprende el mundo árabe. Por supuesto, debe decirse que no hay un solo país árabe, y que “los árabes” no son un solo tipo de sociedad.

No es habitual escuchar comentarios negativos sobre Turquía desde el mundo árabe, especialmente si atendemos a la creciente popularidad del país, de sus líderes políticos y sus productos en la región, pero hay una cuestión sobre la que hay una impresión desfavorable. Entonces, ¿qué es lo que falla en la comprensión de “los árabes” de la política turca contemporánea? La respuesta no va de estar acertado o equivocado sino del nivel de ignorancia; es necesario que haya mayor cobertura en árabe e inglés sobre este asunto en el mundo árabe, porque esto no es cualquier cosa desde el punto de vista de Turquía. Ankara tiene políticas para ello, las relaciones de vecindad son esenciales y comparten una historia común. Cuanto más te comuniques y trates con una sociedad, más profundidad podrás tener hablando sobre ella.

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La autora es asistenta de investigación en SETA, Ankara (Turquía).

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