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Los problemas de Irak son más grandes que Daesh

Barack Obama

El presidente Barack Obama ha asegurado que quiere atacar el corazón de Daesh para final de año. En una reunión con el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, durante la cumbre de la ONU en Nueva York, Obama hizo hincapié en la necesidad de expulsar a Daesh de Mosul, que ha sido la capital de facto del grupo desde que las fuerzas de seguridad iraquíes se retirarán de la ciudad en junio de 2014 tras el rápido avance de los extremistas de Siria.

Los esfuerzos previos para volver a tomar Mosul se han visto frustrados por la banda terrorista, pero Obama es optimista de que esta vez las fuerzas de la coalición sobre el terreno están en una posición mucho más fuerte para avanzar rápidamente, a pesar de que será una “dura batalla”.

Daesh ha perdido una extensión de territorio considerable durante el año pasado, señaló Obama, y la coalición ha estado haciendo un progreso constante mediante la recuperación de la mitad del territorio.

El presidente saliente de Estados Unidos es muy consciente de que la victoria militar por sí sola no va a asegurar la derrota de Daesh; el éxito de la banda terrorista tiene más que ver con los errores políticos de Irak y menos con la debilidad militar del país.

“No es suficiente sólo con expulsarlos [Daesh] de Mosul”, insistió Obama, que parece estar desesperado por ver al grupo terrorista derrotado antes de que termine su mandato. “También tenemos que garantizar que no vuelva y que la ideología extremista surgida de la desesperación tampoco vuelva”.

Si bien podemos suponer con cierta seguridad que la primera parte del planteamiento de Obama tiene una buena oportunidad de éxito, a pesar de que hay cuestiones sensibles alrededor de una coalición en la que predomine las fuerzas chiíes y las fuerzas kurdas con el objetivo de rescatar a suníes de un grupo terrorista suní, el segundo y más importante aspecto de su visión – establecer las condiciones que favorezcan la implantación de las bases para una democracia en Irak – resulta más difícil de garantizar.

El fracaso de Irak para hacer frente a tres de sus retos más difíciles propició que Daesh invadiera el país. La combinación de la política sectaria, la pérdida de la soberanía y la corrupción ha sido su ruina en la era posterior a la invasión de Estados Unidos; problemas que muchos relacionan de manera inevitable, y con razón, directamente a la propia invasión.

Para que la visión de Obama tenga éxito, Irak tiene que encontrar una manera de deshacerse del legado de la era Bush y revertir los colosales errores de la administración posterior a la invasión, dirigida por Paul Bremer, que exacerbó las divisiones sectarias en el país. El marco político instalado por Bremer era más característico del sistema confesional del Líbano y se parecía menos al sistema democrático prometido a los iraquíes. Los resultados de gobernar Irak como un país de tres naciones separadas – suníes, chiíes y kurdos – han sido calamitosos. Las políticas sectarias del gobierno de Nouri Al-Maliki empujaron a los suníes de irak a las garras de los grupos extremistas como Daesh. Por difícil que resulte imaginar, cualquier alternativa a la corrupción y el sectarismo del gobierno de Al-Maliki parecía mejor opción para el pueblo de Irak; ¿por qué deberían permanecer como parte de una unión en la que no tienen un futuro?

Estos hechos son un recordatorio sombrío de los desafíos que enfrenta Iraq en su camino para convertirse en un país estable una vez más. Con los ojos de Obama centrados en derrotar a Daesh, es bastante fácil subestimar los problemas de fondo que permiten que Irak se convierta en un terreno fértil para los grupos extremistas.

A pesar de la declaración de Obama asegurando que el primer ministro Al-Abadi se ha comprometido a un Irak inclusiva donde todos sean tratados con justicia y se respeten los derechos humanos, los problemas del sectarismo, la falta de soberanía y la corrupción prevalecen todavía ocupando un lugar preponderante.

Al-Abadi ha emprendido medidas para reformar el sistema político mediante la supresión de elementos sectarios del gobierno – ha prohibido los sistemas de cuotas en todos los ministerios, entre otras cosas – pero eso resulta insuficiente para convencer a millones de iraquíes de que su país está en camino de recuperar su soberanía y volver a las políticas no sectarias. Estos son los más profundos y más acuciantes problemas actuales de Irak.

Daesh no habría sido capaz de avanzar tan rápidamente como hizo en todo el país sin la percepción común de que Irán tenía una influencia directa sobre el gobierno en Bagdad, la percepción era, sin duda, reforzada por el papel fundamental desempeñado por Teherán para influir en la configuración del nuevo gobierno iraquí y en sus instituciones a todos los niveles. Su respaldo explícito a Al-Maliki y otras figuras políticas prominentes, sin duda, reforzó  la imagen del gobierno iraquí como títere de los mulás iraníes.

El acceso sin restricciones concedido por parte de las fuerzas aliadas a Irán continúa dañando la capacidad de Irak para recuperar la plena soberanía. Los observadores de seguridad son escépticos acerca de la posibilidad de que Irak se mueve fuera de las garras de Irán, sobre todo ahora que un “ejército chií de Liberación“, una fuerza sectaria diseñada para exportar la ideología y el fervor de la revolución de Jomeini de 1979, está operando en la región. De acuerdo con algunas estimaciones, en la actualidad hay hasta 100.000 combatientes chiíes apoyados por Irán en Irak.

¿Los líderes tribales suníes, que jugaron un papel decisivo en la erradicación de Al-Qaeda de Irak, pueden ahora confiar en que el gobierno de Bagdad no utilizará estas fuerzas extranjeras en contra de ellos? El futuro de Irak depende de esta confianza.

La corrupción es otro factor de desestabilización en Irak. De acuerdo con el Centro Internacional del Reino Unido para Estudios de Desarrollo, 120 billones de dólares simplemente desaparecieron durante el mandato del ex primer ministro Al-Maliki.

El país ha realizado esfuerzos para solucionar este problema, pero es tan profundo que uno de los líderes anti-corrupción de Iraq, Mishan al-Jabouri, aseguró que no existe una solución.

Irak, según Al-Jabouri, ha sufrido “trece años de saqueo” del tesoro público. Haciéndose eco de la preocupación expresada por el ex Presidente Adjunto Ayad Allawi, quien describió el problema de la corrupción como una “amenaza existencial”, éste también agregó acertadamente que la corrupción es más desestabilizadora para el país que la amenaza planteada por Daesh.

La ofensiva contra el bastión de Daesh en Mosul es un paso necesario para que Irak pueda convertirse una vez más en un país estable. Igualmente crucial para que Irak se convierta en uno de los Estados más progresistas de la región, además debe, recuperar la soberanía completa, poniendo los intereses nacionales y los intereses de su pueblo por delante de cualquier objetivo sectario regional. También es vital poner fin a la corrupción endémica que ha negado al pueblo iraquí la oportunidad de vivir una vida de seguridad, felicidad y una mayor prosperidad.

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