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Tras el alto al fuego en Siria la guerra contra los niños se reanuda

Niños atrapados en la localidad de Khirbet al-Joz, en el campo de Latakia, a la espera de obtener el permiso para cruzar la frontera hacia Turquía, cerca de la frontera sirio-turca. Siria 7 de febrero, el año 2016. Foto: Reuters / Ammar Abdullah

En una reciente entrevista concedida para Chanel 4 News uno de los principales asesores del presidente Assad aseguró que los ataques con cloro contra niños son “irrelevantes”.

Las declaraciones hacen referencia a la ofensiva que se produjo a principios de mes, en la que se supone que se lanzaron barriles de cloro desde un helicóptero en un mercado de Alepo hiriendo a más de 100 personas, incluyendo a 37 niños. Tras estos ataques 70 personas fueron atendidas por dificultades respiratorias.

Este ataque ha sido otro más en el día a día de los niños en Siria, que han sido bombardeados, privados de asistir a la escuela, obligados a trasladarse por rutas peligrosas para buscar refugio y sometidos a hambre. El personal médico en la ciudad de Madaya informó recientemente de que al menos seis adolescentes, uno de tan sólo 12 años, han intentado suicidarse en los últimos dos meses.

Estos mismos niños están sufriendo depresión, paranoia y problemas psicológicos, así como muchos de los otros 250.000 niños que viven en estado de sitio en Siria.

Niños de tan solo 11 años han sido detenidos, torturados o han sufrido abusos sexuales en las prisiones de Assad. Han sido torturados con cables metálicos, electrocutados, quemados con cigarrillos y se mantienen en régimen de aislamiento.

En julio cuatro recién nacidos murieron tras un ataque aéreo sobre un hospital. Un mes antes, nueve recién nacidos tuvieron que ser retirados de sus incubadoras y evacuados en el sótano tras un ataque que destruyó el equipo médico del hospital.

Durante el mismo mes, un hospital de maternidad en Idlib fue alcanzado por un ataque aéreo, mientras una mujer estaba de parto.

Cinco años de destrucción en Siria llevaron a un punto muerto provisional la semana pasada con un alto al fuego mediado entre los EE.UU. y Rusia. El acuerdo fue recibido con cautela por las organizaciones humanitarias internacionales y regionales – 100 grupos de Derechos Humanos firmaron una declaración reconociendo la importancia del cese de las hostilidades como un paso adelante para Siria, pero insistieron en que debía ir acompañado de una intervención humanitaria sobre el terreno.

AJ + plus publicó un video de niños sirios disfrutando mientras jugaban. Estas imágenes se mostraban junto a la tristemente célebre imagen del cuerpo de Aylan Kurdi varada en una playa o la imagen de Omran Daqleesh, polvoriento y ensangrentada después de haber sido sacado de debajo de los escombros tras un ataque aéreo del régimen en Alepo, dos imágenes que han llegado a simbolizar la desesperada situación de los niños en Siria.

La felicidad, sin embargo, no se extiende a través de todo el país. Dos de las tres primeras víctimas durante el alto el fuego eran niños, por otra parte las ayudas destinadas a la zona sitiada – gran parte de lo que habría beneficiado a los niños – no están autorizadas a entrar en el país. Dos convoyes de ayuda humanitaria han sido retenidos en la frontera entre Turquía y Siria.

Es poco probable que esta ayuda llegue a tiempo a su destino. A medida que el alto el fuego llegaba a su fin, el pasado lunes a las 16:00 GMT, los ataques aéreos alcanzaron una flota de camiones de la Media Luna Roja, matando al menos a 20 persona y destruyendo la carga de medicamentos y  ropa de invierno para el pueblo de Uram Al-Kubra, una ciudad al oeste de Alepo.

Confirmando al mundo que la guerra implacable contra los niños de Siria se había reanudado, Channel 4 emitió un informe filmado en el interior de la sala de emergencias de Al-Quds en Alepo. Comienza con las palabras “los colores de la guerra: la ceniza y sangre” y muestra a Nour, una bebé siria, en una mesa de operaciones con la sangre y el polvo cubriendo su rostro. Una de las heridas de sus brazos es tan impactante que la cámara ni siquiera se atreve a filmar. Más tarde se muestra a la madre de Nour – su cadáver envuelto en una manta y se apoyado en el pasillo.

Otro niño de diez años de edad, Bader, también fue filmado en el informe, alcanzado por una bomba de racimo mientras comía un sándwich de falafel con sus amigos.

Cuando se conoció la noticia de que los camiones de ayuda humanitaria en la frontera turco no llegarían a Alepo, Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados y el asesor especial del enviado de la ONU, sentenció: “¿Pueden dejar de poner obstáculos burocráticos en el lugar para evitar que los voluntarios puedan hacer su trabajo de ayudar a los civiles – mujeres y niños heridos?”

Mientras que los niños de Siria hacen todo lo posible para salvar una infancia de las consecuencias de la guerra, el comportamiento infantil de los actores políticos responsables de su destino, tiene consecuencias trágicas y devastadoras.

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MEMO Staff Writer

Recordando La Masacre De Rabaa

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