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Más allá de Al-Qaeda, ¿Qué rol juegan los dictadores en la radicalización de sus países?

 MEMO ha organizado un evento para examinar el papel que los dictadores árabes han desempeñado en el aumento del extremismo en la región.

Yemen, Siria, Egipto e Irak, cuatro países que actualmente están experimentando levantamientos masivos, fueron el foco de atención en el seminario público organizado en colaboración con las sociedades LSE, SOAS, MENA y SOAS Yemen.

Se invitó a cuatro expertos para discutir la relación oculta entre los dictadores y los grupos extremistas en sus respectivos países.

La doctora Maha Azzam, jefa del Consejo de la Revolución egipcia, examinó el papel que el presidente Abdel Fattah Al-Sisi y los golpistas han jugado en la fermentación del extremismo en Egipto, y en particular la región del Sinaí.

“La situación actual de Egipto es una receta para el terrorismo”, dijo en referencia a los niveles alarmantes de abuso de los derechos humanos en el país.

Azzam también habló de la complicidad occidental a través de su apoyo a los dictadores para “crear un terreno fértil que hace crecer el terrorismo”.

Los conflictos en Siria, Yemen e Irak ocuparon gran parte del debate. Los disturbios en estos países son comúnmente vistos como un choque entre los regímenes y los grupos terroristas no estatales. La realidad, como los ponentes estaban dispuestos a destacar, es muy diferente.

En el caso de Siria y Yemen, los grupos extremistas como Al Qaeda trabajaron mano a mano con el régimen. Al hilo del  aumento del extremismo en Yemen, Bara Shiban, un miembro de la Conferencia Nacional de Diálogo de Yemen, describe la historia de las relaciones entre el depuesto presidente yemení, Ali Abdullah Saleh, las fuerzas de seguridad del país y grupos vinculados a Al-Qaeda. Saleh, dijo Shiban, a menudo utiliza estos grupos vinculados a Al Qaeda para infundir miedo a sus oponentes políticos.

De acuerdo con Shiban, incluso hubo casos en los que las fuerzas de seguridad avivaban el extremismo al encarcelar a presos vulnerables con conocidos miembros de Al-Qaeda, con el fin de radicalizarlos.

Yemen se había convertido en un semillero para el grupo extremista como consecuencia de la represión de Saleh hacia su pueblo, así como su tendencia a usar la fuerza bruta contra los oponentes políticos, sin dejar espacio para ningún tipo de disidencia. A los yemeníes tan solo les queda una opción, explicó, unirse a grupos extremistas.

Este fue el hilo conductor de los cuatro estudios de casos examinados por los panelistas.

El activista y miembro fundador del Movimiento de No a la Violencia sirio describió cómo el presidente de Siria, Bashar Al-Assad, avivó la atmósfera para que los extremistas floreciesen en el país, en particular durante la invasión estadounidense de Irak.

Después de haber sido marcado uno de los formantes del “eje del mal”, Al-Assad avivó el extremismo y dirigió la ira de sirios hacia EEUU. Bajo su guía, Siria se convirtió en el principal punto de entrada para los combatientes yihadistas que deseaban unirse a la guerra en Irak contra las fuerzas estadounidenses.

Aunque hubo consenso sobre la relación simbiótica entre los dictadores y el extremismo en la región, la plaga de extremismo en Irak fue vista con ojos diferenes entre unos y otros.

El investigador Muhanad Seloom dijo que el aumento del extremismo en Irak fue una consecuencia de la invasión de Estados Unidos. La política estadounidense de “desbeatificación” y la ruptura del aparato de seguridad bajo la administración Paul Bremer alimentó el radicalismo.

Después de describir el papel fundamental desempeñado por los suníes en la lucha contra Al-Qaeda en Irak, Seloom señaló las políticas sectarias del gobierno de Maliki como el punto de partida para el conflicto de Irak con el Daesh. Los suníes que huyeron de la represión del ex-primer ministro Nouri Al-Maliki, cayeron a los brazos del Daesh, explicó.

La política occidental en  Oriente Medio a menudo se justifica sobre la base de una falsa elección entre dictaduras y extremismos. Esta creencia ha alimentado el extremismo. El crecimiento del terrorismo, según la conclusión de los expertos, es una consecuencia de la violación de derechos humanos por parte de los dictadores árabes. Es las décadas de persecución de las voces discrepantes, la supresión de la libertad de expresión y la erosión de los espacios libres, son las causas fundamentales del terrorismo en la región.

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