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Sisi ha caído en desgracia; por el bien de los egipcios Occidente debe convencerlo para que dimita

Parece como si el presidente de Egipto, AbdelFattah Al-Sisi, hubise caído en desgracia para sus socios occidentales; que se haya convertido en un pasivo en lugar de un “activo”, como los expertos en inteligencia podrían decir. A pesar de que podría no estar tan claro para afirmarlo así, hay buenas razones para creer que Sisi ya no es visto como el héroe o salvador por el que se ha hecho pasar desde 2013 cuando depuso al presidente electo del país, Mohamed Morsi. Por el bien de Egipto, Occidente debe convencerlo de irse, antes de que sea demasiado tarde.

Aparte de Vladimir Putin en Rusia, ningún otro líder mundial parecía querer ser visto con el presidente egipcio durante la cumbre del G-20 en China. Las redes sociales zumbaban tras un video publicado que mostraba a Barack Obama dando la espalda a Sisi mientras competía con otros para estrechar la mano del presidente de Estados Unidos. ¿Cómo se ha convertido el “hombre fuerte” de Egipto en villano tan repentinamente?

TheEconomist da algo más que una pista. Ha sido mordaz en sus críticas sobre la actuación del gobierno egipcio durante las últimas semanas. En su última película – “de pan, sobornos y hongos” ,la revista de renombre internacional describe las políticas agrícolas de Egipto como “poco ortodoxas” por no decir estúpidas y subraya el hecho de que el país es el mayor importador de trigo del mundo.

Obviamente, TheEconomist podría haber elegido otra edición en la que publicar dicho artículo. Al parecer, tenía reservado el chiste para que el momento de su publicación, coincidiera con la cumbre del G-20, cuándo Sisi estuviese en el escenario mundial codeándose con sus benefactores políticos.

Desde el golpe de estado que lo llevó al poder, el ex jefe de inteligencia del ejército ha seguido un camino de rosas en Occidente. Muchos líderes políticos lo abrazaron con facilidad, aunque sólo sea porque había derribado un gobierno dirigido por los Hermanos Musulmanes.

Sin embargo, a pesar de que está lejos de carecer de recursos humanos o naturales, Egipto se ha convertido en un desastre económico. Sesenta años después de la retirada británica de la zona del canal de Suez el país no ha sabido explotar el enorme potencial de esta gran vía fluvial. En cambio, permanece anclado tenazmente en la mitad inferior del índice de facilidad para los negocios publicado por el  Banco Mundial. La única cosa que parece elevarse constantemente es su deuda externa, que pasó de 47,9 mil millones de dólares en el cuarto trimestre de 2015 a 53,4 mil millones de dólares en el primer trimestre de este año.

El mes pasado, el ministro de suministro, Khaled Hanafi, renunció por un escándalo de corrupción, después de que una investigación parlamentaria revelase que el 40 por ciento de la cosecha de trigo de este año no existía o en realidad nunca existió. Hanafi ha sido sustituido por un oficial del ejército, el general Muhammad Ali Al-Sheikh.

Llámese amiguísmo o lo que quiera, lo cierto es que estos desarrollos son sólo la punta del iceberg que está causando malestar y desconfianza en las capitales occidentales. La situación es tan mala, de hecho, que cuando el ministro de Justicia adjunto y eefe de las ganancias, AbdesSaid, anunció el mes pasado que el gobierno había cerrado un acuerdo con el fugitivo y magnate de los negocios Hussein Salem para devolver el 75 por ciento de su riqueza al estado, pocos quedaron impresionados. El miedo subyacente es que los 5 mil millones de libras egipcias, que se dice que van a ser devueltos encontrarán, más pronto que tarde, su camino a otras cuentas bancarias privadas en el extranjero. No es de extrañar que la reunión de Sisi en China con os líderes mundiales para ayudar a repatriar la riqueza robada de Egipto cayera en terreno pedregoso.

Por si todo esto no fuera suficiente, quedan aún otros temas que se han convertido en una fuente de vergüenza e incomodidad para los gobiernos occidentales. El registro de Egipto de los derechos humanos, por ejemplo, ha sido barrido bajo la alfombra durante demasiado tiempo, ahora se ha vuelto tan desconcertante como su mala gestión financiera y corrupción.

Varias organizaciones de derechos humanos han llamado la atención sobre el aumento dramático en el número de desapariciones forzadas en Egipto. El secuestro y asesinato del estudiante italiano Giulio Regeni a principios de 2016 ha llevado, sin duda, a los hogares occidentales la realidad del país bajo el gobierno de Sisi. En julio, Amnistía Internacional publicó un informe sobre el preocupante aumento en el número de secuestros y acusó a las autoridades egipcias de torturar a aquellos que han “desaparecido”. De acuerdo con la Coordinación Egipcia por los Derechos y las Libertades hubo un total de 2.811 casos de desaparición forzada entre julio de 2013, cuando tomó el poder Sisi y junio de 2016. Estas cifras no incluyen Sinaí del Norte, en el noreste del país, el cual está efectivamente fuera del alcance de los grupos de derechos humanos.

La luna de miel de Sisi con Occidente puede no haber terminado todavía; pero hay indicios claros de la infelicidad de la relación. A pesar de sus bien establecidas posiciones anti-islamistas, TheEconomist cree que se ha convertido en parte del problema y no la solución. Se le aconseja que no intente otro mandato en las elecciones presidenciales de 2018.

En última instancia, Egipto siempre será un país de importancia estratégica en Oriente Medio. Bajo su dirección actual, sin embargo, el futuro se ve irremediablemente sombrío. Los líderes occidentales deben ser muy conscientes de esto, incluso si la moneda no ha caído bastante con Sisi todavía. Tienen que hacer algo al respecto, y rápidamente, si su “activo” va llevar a Egipto más allá de cualquier salvación.

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Dr Daud Abdullah

El Dr. Daud Abdullah es el director de Middle East Monitor/Monitor de Oriente

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