Portuguese / Spanish / English

Oriente Medio cerca de usted

¿Por qué correr el riesgo? Entendiendo a los gülenistas involucrados en el fallido golpe de Estado en Turquía

Por primera vez en la historia los tres principales partidos políticos turcos participaron conjuntamente en una marcha a favor de la democracia en Ankara, el pasado 8 de agosto de 2016.

Como consecuencia del fallido golpe de Estado del 15 de julio, que aterrorizó a toda Turquía, la mayoría de las señales apuntan a la red gülenista como el principal culpable. Con el tiempo, el grado de participación de los gülenistas en el golpe de Estado y sus motivaciones subyacentes se irán viendo más claramente. Mientras tanto, es útil estudiar cómo la evolución de la organización en una estructura disgregada ha contribuido a su implicación en la cadena de eventos que conducen a la tentativa del golpe, algo que también dará forma a su evolución futura.

Antes de empezar, hay que tener en cuenta que cualquier análisis de la cuestión tiene que proceder del postulado de que el intento de golpe fue el resultado de una elección política deliberada por parte del movimiento gülenista, que hizo la guerra contra el sistema político turco en general y contra el gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), en particular. Como una estructura de mil caras, la organización gulenista se ha conformado como una comunidad religiosa esotérica, una amalgama de asociaciones de la sociedad civil, una red de empresas, y un “Estado paralelo” en busca de penetrar y controlar las instituciones del Estado de Turquía, en particular los aparatos de seguridad.

Con el tiempo, ha conseguido enormes ganancias, gracias en gran parte a la acción simultánea -todavía pendiente de explicar- de sus diversos componentes, de un modo multiplicador de su potencia. En la oscura relación entre la cara civil y política gülenista, las redes en el ámbito religioso y la sociedad civil habían estado en la vanguardia. Esto sirvió como una herramienta importante para establecer una comunicación efectiva con los diferentes segmentos de la sociedad y los actores políticos, tanto en casa como en el extranjero. Por otra parte, la misma cara cívica ha servido como arma a través del cual el movimiento, en tanto “jamaat” religiosa (congregación), extrae poder, recursos y, sobre todo, seguidores devotos.

Al menos desde febrero de 2012, la lucha política se ha manifestado más abiertamente. Cuando se anunció el cierre de escuelas preparatorias del movimiento, algunos observadores cuestionaron que se pusiera en peligro las ganancias en el ámbito civil de la jamaat. Hoy en día se ha vuelto más evidente que la confianza en sí mismos derivada de la profundidad y amplitud de la estructura estatal paralela ha sido un factor importante tras su comportamiento imprudente. Aun así, la misma cuestión se plantea hoy para poner en duda la participación de la jamaat  en el intento de golpe de estado de julio, ante el riesgo de la eliminación total de su poder en la sociedad civil y la política. Al parecer, detrás de este “acto irracional” por parte de lo que el gobierno turco denomina la “organización terrorista Fethullah (FETO)” se encuentra el hecho de que ha interiorizado cada vez más un carácter disgregado y derivado de su financiación a escala internacional, a la vez que construye nuevas relaciones con las organizaciones internacionales.

En su estrategia de crecimiento agresivo, el movimiento Gülen se ha expandido a través de un hábil uso de enlaces entre sus diversos componentes, así como la prestación de tales vínculos. Además, se ha aprovechado de la agenda política actual de manera eficaz, mediante la elaboración, entre otras cosas, de una vasta red de medios bajo su control. A menudo ha establecido su estrategia en las cuestiones políticas imperantes, tales como la democratización o la lucha contra el terrorismo. Mediante el desarrollo de un poderoso discurso sobre esas cuestiones, se ha logrado construir alianzas críticas que le daban espacio para maniobrar y que luego son guiadas por otros actores de su agenda.

Convergencia con la agenda internacional

Después de su aparición como una fuerza formidable en la diáspora turca, el discurso del movimiento Gülen ha evolucionado cada vez más en línea con la agenda internacional. La red mundial lograda en parte como resultado de este discurso internacionalizado ha hecho a la estructura gülenista progresivamente menos dependiente de su base de operaciones en Turquía, tanto en términos de financiación como de reclutamiento. Por ejemplo, después de que su transferencia de recursos al exterior se redujera tras las elecciones municipales de marzo de 2014, los periódicos turcos se apresuraron a publicar titulares que aseguraban que las operaciones internacionales del grupo se reducirían significativamente. El hecho de que su influencia, en cambio, haya permanecido prácticamente intacta subraya la relevancia de su carácter descentralizado.

Tal como desarrolló una red eficaz en el extranjero, la estructura gülenista se ha beneficiado enormemente de los medios y la experiencia de los grupos de presión y diplomacia pública que había adquirido a lo largo de los años. Gracias a los lazos construidos con los actores políticos dominantes en Turquía, incluido el  AKP hasta el inicio de la ruptura de la alianza en 2012, se ha encontrado un ambiente fértil para expandirse internacionalmente. Teniendo en cuenta sus puntos fuertes en la adopción del discurso hegemónico o la contribución a su producción, el movimiento ha ganado una enorme capital político en Washington, lo que nos dice mucho. Cuando la calidad de la democracia turca se convierte en un tema de discusión en la capital de Estados Unidos, por ejemplo, los representantes del grupo tomaron diferentes posiciones coyunturales. Hasta la escisión del Consejo Nacional de Inteligencia (MIT) que siguió a la crisis de febrero de 2012, las redes del grupo habían servido eficazmente como grupos de presión de Turquía en Washington, con el argumento de que la democracia turca estaba consolidada. En el período siguiente, ya que se embarcó en una amarga lucha política contra el gobierno del AKP, el mismo grupo recurrió en gran medida a la tesis autoritaria, que fue aceptada por la inteligencia de Estados Unidos, sobre todo después de las protestas de 2013 del Gezi Park en Estambul.

La manera más conveniente y práctica de explicar esta diferencia obvia entre las dos posiciones ha sido la “demonización de Erdogan”. La lectura hegemónica en Occidente, que ha personificado todo el proceso político en torno al presidente Erdoğan y empleó la metáfora orientalista de “Sultán”, ha sido una importante herramienta usada por el brazo de relaciones públicas de la estructura gülenista. Al mismo tiempo, la política exterior se ha utilizado para legitimar el cambio de los gülenistas, por supuesto, con lo que los mismos círculos jugaron un papel decisivo en la producción y difusión de la especulación de larga duración sobre los presuntos vínculos entre Turquía y el grupo terrorista Daesh. Como resultado de esta relación pragmática con los agentes internacionales, se ha vuelto cada vez más difícil para la jamaat ocultar su agenda política, y en esta nueva fase se ha visto que está dispuesta a usar su estado paralelo para librar una guerra política agresiva.

Mientras tanto, después de la edición de septiembre de 2010 de enmiendas constitucionales que afectaron el poder judicial, en particular,  y las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional de 2010 y 2011, donde la influencia de la burocracia militar kemalista sobre la política civil se redujo significativamente, los gülenistas parecían haber llegado a la conclusión de que las condiciones eran particularmente propicias para consolidar aún más su penetración en el aparato estatal. En esta etapa, la naturaleza de su relación con los agentes internacionales creció aún más. En la medida en que su agenda converge con las preferencias e intereses de los países hegemónicos internacionales se ha vuelto cada vez más irrelevante si esta convergencia es el resultado de una relación de alianza, conveniencia o mera coincidencia. Como tal, las profundas sospechas albergadas dentro del cuerpo político de Turquía sobre la participación de los Estados Unidos en el fallido golpe de Estado de 15 de julio o de su uso instrumental de los gülenistas serán difíciles de disipar.

¿Por qué correr el riesgo?

Volviendo a la pregunta planteada al principio, ¿por qué los gülenistas realizaron tales movimientos políticos de alto riesgo que pusieron en peligro su capital en la esfera cívica? Hay razones de peso para decir que había una sensación de acumulación de poder exponencial e invencibilidad, derivado del saldo positivo en el interior de la organización y un conjunto de alianzas en el extranjero, lo que convirtió a esta estructura en un guerrero político. Se ha llevado a cabo una guerra elegida; y es que creían que iban a ganar. A pesar de varios lamamientos del presidente Erdogan sobre la jamaat para que se normalizase; se retirarse a la esfera civil desvinculándose de la política y para el desmantelamiento del estado paralelo, simbolizada en su invitación a Gülen a “volver a casa”, el movimiento ha preferido aumentar las tensiones desde febrero de 2012.

Resulta que además de sus motivaciones internas, el FETO ha sido impulsado por una combinación de cálculos externos. En el período previo al 15 de julio, una serie de factores – tales como el potencial de energía auto-atribuido a depender de las alianzas externas, la apelación al público externo y la necesidad de actuar de acuerdo a agendas externas, se han combinado para dar forma a su cálculo.

Por otra parte, es plausible sugerir que, a nivel discursivo, se podría haber calculado que el ambiente era propicio para legitimar el golpe de Estado. A medida que Oriente Medio pasa por una transformación radical, las políticas occidentales parecen estar a favor de dos postulados: frenar el poder de los movimientos políticos islamistas y, en caso necesario, el apoyo a regímenes antidemocráticos, pero pro-occidentales, a partir de la tesis de estabilidad autoritaria. Tomando buena nota de la narrativa hegemónica, los trazadores deben haber calculado que el nuevo status quo de un gobierno de facto en Ankara recibiría la bendición de Occidente. De hecho, la declaración emitida por  los golpistas a las pocas horas de que se iniciaran las operaciones militares, trató precisamente de apoyarse en esta plataforma política.

La reacción retardada occidental y ambivalente al golpe sirvió como el principio de prueba para muchos turcos de que existía una profunda conexión entre los gülenistas y las potencias occidentales. Las declaraciones procedentes de los gülenistas post-15 de julio trataron de encubrir su implicación y mostraron poca simpatía por la grave amenaza que plantea el intento de golpe de Turquía y su democracia. Grandes segmentos del cuerpo político turco han convergido sobre la participación del movimiento gülenista en el golpe, de una manera u otra. Sin embargo, con su reacción a los acontecimientos ocurridos desde mediados de julio, el grupo pretende sincronizar su mensaje con la agenda internacional como parte de la guerra política que se ha estado librando contra el Estado turco. Por lo tanto, el grupo demuestra una vez más el grado en que está alienado y desconectado de las realidades de Turquía y su gente.

El odio interiorizado y “Yazid”

Al mismo tiempo, parece que este discurso agresivo, que parece haber sido adoptado por razones prácticas, se ha interiorizado de tal manera que se ha convertido en parte del proceso de formación de la identidad de los miembros de la jamaat. La convergencia con las agendas y actores políticos occidentales, ya sea por el bien de los aliados o debido a ciertas presiones, ha sido el último activo a disposición de los gülenistas. El nuevo discurso político producido para alinearse con la agenda política occidental se ha separado cada vez más de la trayectoria sociológica, política y económica de Turquía. El “anti-erdoğanismo” o las críticas dosificadas hacia la política exterior turca ha ido más allá de una postura política pragmática para convertirse en un marcador clave de la identidad política de los devotos miembros de un movimiento religioso esotérico. La extrema violencia desatada en la noche del 15 de julio, cuando los golpistas, incluidos los del movimiento gülenista, aterrorizaron a las instituciones nacionales turcas, sólo puede explicarse con referencia a esta desconexión, la intervención extranjera y el odio interiorizado.

El reflejo más evidente de este odio ha sido tal vez el uso de metáforas religiosas cuando para referirse al presidente Erdogan. Por mucho que se haya usado de forma instrumental para reforzar las críticas a su supuesto autoritarismo en Occidente, que se deriva del pragmatismo político del grupo, la demonización de Erdogan tiene una función teológica también. A medida que el elemento religioso central del gülenismo se politizó lo largo del tiempo, pese a que esto era un oxímoron para la agenda política del grupo, éste se fue distanciado del espíritu del cuerpo político turco, por lo que se trató de dibujar de paralelismos entre Erdogan y el histórico Yazid Ibn Muawiya, del que se cree que deshonró el título de “califa del Islam”, le ha servido de arguemnto para justificar sus acciones, lo que se necesita para mantener el compromiso de sus seguidores. La capacidad de este grupo esotérico y mesiánico para evitar deserciones de sus filas en el ámbito civil y la estructura estatal paralela al menos desde febrero 2012 debe mucho a este discurso de “combatir una causa justa”, así como otras razones prácticas.

A raíz del intento de golpe de Estado de 15 de julio, los gülenistas parecen decididos a librar la misma batalla política. A medida que continúan demonizando a los dirigentes turcos, es probable que evoquen la hégira del Profeta Muhammad (la paz sea con él), quien emigró de La Meca a Medina para escapar de la persecución, con el fin de fomentar aún más la emigración de Turquía, reforzando así la comunidad en la diáspora. Después de haber sido desconectado gradualmente de Turquía no sólo política y sociológicamente, sino también a nivel demográfico, la evolución de este grupo en la diáspora es probable que continúe en dos ejes: el discurso político y convergente postureo con la relación pragmática forjado con actores internacionales, y un creciemiento exponencial de su dimensión esotérica y religiosa en su discurso para facilitar la internalización del mismo entre sus seguidores. En cualquier caso, se señala una relación muy problemática con su patria de origen la cual, si no se maneja adecuadamente, puede generar repercusiones negativas para las relaciones de Turquía con Occidente.

Categorías
ArtículosArtículos de OpiniónEuropa y RusiaTurquía

Saban es profesor asociado, director del Centro para los Estudios Estratégicos en Oriente Medio (ORSAM)

Recordando La Masacre De Rabaa

Mantente [email protected]

Subscríbete para recibir nuestros boletines