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Washington debería cumplir sin demora la solicitud de extradición de Gülen

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan

Cuando Estados Unidos exigió que el entonces gobernador talibán en Afganistán debía extraditar a Osama Bin Laden por los ataques del 11 de septiembre de Estados Unidos sin aportar ninguna prueba de su culpabilidad, funcionarios afganos fueron amenazados, o hacían lo que se les pedía y no habría consecuencias o por el contrario serían “enterrados bajo una alfombra de bombas”. En un giro notable, tras 15 años, los funcionarios de Washington están exigiendo pruebas a Turquía para la extradición del “terrorista” Gülen, que vive en Pennsylvania, al que se acusa desde Turquía de ser el artífice del fallido golpe de Estado contra el presidente Recep Tayyip Erdogan el mes pasado.

Erdogan ha enfrentado severas críticas de los países occidentales y los medios de comunicación por la detención posterior al golpe de miles de presuntos conspiradores golpistas de Turquía. El más importante de los acusados es Gülen y su movimiento Hizmet; hay también una acusación de complicidad sobre Estados Unidos, dado que Estados Unidos controla la base aérea de Incirlik, desde la cual se enviaron jets, y tanques que bombardearon el parlamento triturando civiles y soldados para asesinar al presidente turco.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) e Hizmet entraron en una coalición informal en 2002 para contrarrestar el establecimiento secular puesto en marcha en Turquía por Kemal Ataturk. El ejército no pudo contener el resurgimiento de los dos movimientos islámicos tras el golpe de 1997; uno es considerado por Occidente como autoritario – el AKP – mientras que los gülenistas representan, a los ojos occidentales, al “islam moderado”.

Fue bajo el gobierno del AKP que los gülenistas aparentemente apolíticos han sido capaces de infiltrarse en el ejército, el poder judicial, los medios de comunicación, la élite intelectual, la inteligencia y los sectores comerciales, el control de las palancas del poder del Estado y la sociedad civil. Este es el “Estado paralelo” al que se refiere  Erdogan.

Los gülenistas han sido susceptibles a las maquinaciones de la UE y EE.UU-OTAN-Israel en Oriente Medio e Irán. También favorecen las políticas de mercado libre pro-occidentales y resolver la situación con Rusia o los kurdos. El desenlace de su alianza con el AKP fue principalmente por el poder y la política.

Por otra parte, fueron los gülenistas quienes orquestaron la detención del jefe de inteligencia turco Hakan Fidan, un confidente cercano a Erdogan, que dirigía las conversaciones de paz secretas con el líder del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) Abdullah Ocalan. Gülen considera al PKK como una amenaza para la existencia de su red, especialmente dominada por los kurdos en el sureste de Turquía. Los gülenistas también desempeñaron un papel clave en los esfuerzos iniciales para acusar al empresario turco-iraní Reza Zarrab sobre presuntas violaciones relacionadas con la elusión de sanciones a Teherán, dando lugar a tres renuncias ministeriales. Ambos eventos han socavado la credibilidad del AKP.

El autoexilio de Gülen en Estados Unidos – desde donde supervisa su imperio de 150 mil millones de dólares – desde 1999; sus vínculos con los neocon estadounidenses y la CIA; sus enormes contribuciones financieras a los Clinton; y su apoyo a Israel cuando sus comandos mataron a 9 ciudadanos turcos de la Flotilla de la Libertad 2010 en el Mavi Marmara.

A pesar del re-establecimiento de las relaciones con Israel, Erdogan ha sido ampliamente admirado por su apoyo a los palestinos en Gaza, los oprimidos rohingya musulmanes en Myanmar y los 3 millones de sirios que han encontrado refugio en su país. Él denunció airadamente las críticas de Occidente tras el golpe de estado fallido y acusó a Occidente de abandonar a Turquía en su hora de necesidad. “Algunas personas nos dan consejos”, aseveró Erdogan. “Dicen que están preocupados. ¡Métete en tus asuntos! Mira tus propios actos”.

En efecto. La persecución de los musulmanes de Europa y la reacción de Estados Unidos tras el 11 de septiembre que ha incluido la invasión, desestabilización y bombardeo de Afganistán, Irak, Libia, Pakistán, Yemen, Sudán y Siria. Millones de personas inocentes han muerto; Estados Unidos ha violado las libertades civiles y el derecho internacional; sus “entregas extraordinarias” han llevado a la detención ilegal y tortura de miles de personas en Guantánamo y otros “agujeros negros”; y hay mucho, mucho más a considerar. Todo esto, sin embargo, es incomparablemente peor que la reacción de Turquía a un golpe fallido.

El heroico pueblo turco que se enfrentó a los tanques con tanta valentía para impedir que su país fuese transformado en otro, con Erdogan languideciendo en una oscura prisión como el olvidado Mohamed Morsi. Si el golpe hubiese tenido éxito, Occidente habría fingido sorpresa inicial, pronunciaría condenas sin sentido, y luego presentaría el golpe militar como el restablecimiento de la democracia.

En su lugar, tenemos al presidente Erdogan que visita y vuelve a establecer fuertes lazos con el presidente de Rusia Vladimir Putin. En esta región compleja y volátil, el líder turco también está exigiendo la extradición del “terrorista” Gülen, lo que podría tener consecuencias que cambiarían el juego. Estados Unidos debería contemplar su propia historia reciente y cumplir con la solicitud de Turquía sin demora.

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