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El rifirrafe entre Turquía y Estados Unidos

Algunos funcionarios turcos han presentado la extradición de Gulen de Estados Unidos a Turquía como requisito fundamental para que las relaciones con Washington sigan siendo positivas, a pesar de que las posibles consecuencias si no sucede siguen sin estar claras.
Foto de archivo

Turquía ha sido durante mucho tiempo un socio importante para Estados Unidos y  la OTAN. Se encuentra estratégicamente situada entre Europa y Oriente Medio y, desde hace décadas, Turquía y Estados Unidos han cooperado en muchas áreas, desde el Mediterráneo y el Golfo Pérsico hasta Asia Central e incluso Corea. Hay algunas razones importantes para esta cooperación que deben ser consideradas cuidadosamente cuando se evalúa que Turquía es un importante aliado.

La alianza entre Estados Unidos y Turquía se ha centrado en la seguridad internacional dentro de la región volátil en la que se encuentra este último. Esto ha supuesto la acción bilateral y de la OTAN tras la Guerra Fría en los Balcanes, Oriente Medio y Afganistán. Turquía se encuentra cerca de varios puntos de acceso globales y su territorio se utiliza para el almacenamiento y transporte de armas, carga y personal, proporcionando así valiosos servicios a Estados Unidos y la OTAN.

Más importante aún, la presencia militar estadounidense más grande en Turquía está en la base aérea de Incirlik, cerca de la ciudad sureña de Adana, que alberga alrededor de 1.500 estadounidenses. Desde el final de la Guerra Fría, Incirlik se ha utilizado para apoyar las operaciones de Estados Unidos y de la OTAN en Irak, Siria y Afganistán. Sin embargo, “Turquía se reserva el derecho de cancelar el acceso de Estados Unidos a Incirlik con tres días de antelación”, escribió Andrew Tigman en el Military Times. “La base aérea de Incirlik es importante para Estados Unidos y el grupo de coalición que lucha contra el Daesh”.

En cuanto a la estabilidad relativa, Turquía ha emergido como un actor importante en Oriente Medio, sobre la base de su extraordinario éxito económico y su, hasta ahora, democracia estable, así como las fuertes capacidades militares, las relaciones con las instituciones occidentales o globales clave (como la OTAN, la Unión Aduanera de la UE, la condición de candidato a la UE, y la membresía al G-20), y el atractivo cultural de su mezcla occidental-islámica. Por tanto, Turquía ofrece tanto la estabilidad en la región como una plataforma potencial para influir en la evolución de la misma, tanto por sí misma como, posiblemente, en conjunto con Estados Unidos y otros actores occidentales.

Como modelo para el mundo musulmán, Turquía es un país que no solamente es secular sino también democrático e islámico. Se ha fijado el objetivo de convertirse en una de las 10 mayores economías del mundo en 2023, con unos impresionantes resultados económicos en los últimos años, que han distinguido al país tanto a nivel regional como en el resto del mundo, especialmente en un momento en que muchos otros países han experimentado el negativo efecto de la crisis financiera global.

Estados Unidos y otros países occidentales tienen que tener en cuenta que Turquía sigue siendo una potencia regional clave que comparte enlaces y características con Occidente que la diferencian de otras potencias regionales de mayoría musulmana como Egipto, Arabia Saudí e Irán.

Aunque es fácil ver cuán significativo es un aliado de Turquía, las tensiones han surgido recientemente entre Ankara y Washington, sobre todo tras el fallido golpe de Estado el mes pasado. Las autoridades turcas han acusado abiertamente a Estados Unidos de apoyar el golpe de Estado, que dejó al menos 240 muertos y muchos más heridos. De hecho, algunos políticos de alto rango del partido en el gobierno, AKP, han acusado a Washington de apoyar directa o indirectamente a Gulen, el residente estadounidense acusado de estar detrás del intento de golpe militar, y su movimiento, designado como una “organización terrorista” por Turquía. El ministro de Trabajo Suleyman Soylu declaró sin rodeos que, “Estados Unidos está detrás de este intento de golpe”.

Erdogan y sus colaboradores han vinculado la violencia a Gulen y dieron a entender que Washington debe tener alguna responsabilidad porque el clérigo vive en Pennsylvania. A pesar de que el presidente Barack Obama ha expresado su apoyo al gobierno turco, no ha contribuido a aliviar la tensión entre su administración y el gobierno de su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan.

“Las relaciones entre Turquía y los Estados Unidos están una vez más en una encrucijada y se deteriorarán rápidamente si los presidentes Barack Obama y Recep Tayyip Erdogan no se mueven con rapidez para restablecer la confianza”, dijo Marwan Bishara, analista político sénior de Al Jazeera.

La purga posterior al golpe de las instituciones gubernamentales en Turquía es causa de preocupación para los funcionarios de Estados Unidos. Joseph Votel, el jefe del Comando Central de Estados Unidos que supervisa las operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, advirtió que es “algo que es muy, muy preocupante”, ya que podría dañar la campaña contra el Daesh en Siria. “Algunos de los agentes con los que tenemos relaciones en Turquía ahora están detenidos o en algunos casos se retiraron como consecuencia del golpe”, declaró el comandante supremo de la OTAN, el general Curtis Scaparrotti. “Tenemos mucho trabajo que hacer allí”.

Erdogan ha reaccionado con enfado a las declaraciones que parecían apoyar el golpe de Estado fallido. “El general de Estados Unidos se encuentra en el lado golpista con sus palabras,” dijo el presidente de Turquía. “Él se reveló a través de sus declaraciones… Es usted quien tiene que decidir ¿Quién es usted? En vez de agradecer al Estado que repeliese el intento de golpe, se pone de pie con los golpistas”. Erdogan recordó a los estadounidenses que el principal golpista está en su país.

Ciertamente, y lo más importante, tal vez sea la respuesta de Estados Unidos, que no está mejorando las cosas. El secretario de Estado, John Kerry, ha rechazado las acusaciones, declarándolas totalmente falsas y perjudiciales, y advirtió que la pertenencia a la OTAN de Turquía podría estar en peligro si continúa purgando a miles de funcionarios y servidores públicos, aunque esto ha sido negado por el secretario general de la organización.

Dado que el AKP llegó al poder en 2002, las relaciones entre Turquía y Estados Unidos han pasado por altibajos, pero esta última situación es muy diferente. Estados Unidos tiene un verdadero dilema, ya que Ankara intenta demostrar que Gulen y su movimiento estuvieron directamente involucrados en el golpe. Las autoridades turcas han proporcionado pruebas que afirman que los gulenistas han construido un estado paralelo, y que su amplia red de seguidores y leales son más que capaces de desestabilizar el Estado y derrocar al gobierno.

Algunos funcionarios turcos han presentado la extradición de Gulen de Estados Unidos a Turquía como requisito fundamental para que las relaciones con Washington sigan siendo positivas, a pesar de que las posibles consecuencias si no sucede siguen sin estar claras. “De acuerdo con una encuesta reciente,” informó Gulsen Solaker de la agencia Reuters, “la extradición de Gulen tiene un amplio apoyo público en Turquía”.

Estados Unidos podría, por lo tanto, verse obligado a entregar al fundador del movimiento gulenista a las autoridades turcas para que el clérigo se enfrente a un juicio en su país de origen. Para muchas personas, esta es la única forma de salir del dilema, y Estados Unidos debe entregar a Gulen a Turquía sin más demora para aliviar la tensión entre los dos aliados estratégicos. No solo es vital para las relaciones entre Estados Unidos y Turquía, sino también para calmar las tensiones políticas en Turquía y evitar que las divisiones existentes dentro de la sociedad crezcan aún más.

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