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¿No debería Francia apoyar al gobierno legítimo en Libia?

Le Monde reveló que un destacamento francés estaba ayudando al general renegado Khalifa Haftar contra las fuerzas del Estado Islámico desde una base en el aeropuerto de Bengasi

Informes sobre la presencia de fuerzas especiales francesas en Libia han comenzado a salir a la luz desde febrero de 2016. Le Monde reveló que un destacamento francés estaba ayudando al general renegado Khalifa Haftar contra las fuerzas del Estado Islámico desde una base en el aeropuerto de Bengasi. Sin embargo, desde entonces el gobierno francés ha seguido negando la existencia de dichas fuerzas o, en el mejor de los casos se niega a comentar sobre dicha intervención en Libia.

 

Sin embargo, la muerte de tres soldados de las fuerzas especiales el 13 de julio en un accidente de helicóptero obligó a François Hollande a admitir su muerte después de diversos informes de los medios. Activistas en las redes sociales desde Libia a Francia habían hecho circular imágenes de un helicóptero de combate Mi-17 de fabricación rusa cuyos tripulantes eran europeos. El presidente apareció el día después de anunciar que “Tres de nuestros soldados, que estaban involucrados en estas operaciones, han muerto en un accidente de helicóptero…mientras realizaban importantes operaciones de inteligencia…”

 

¿Qué  hizo al gobierno francés negar su muerte al principio para luego confesar la pérdida?

 

Antes de entrar en más detalles, algunos hechos necesitan ser aclarados. Lo más importante es que desde la caída del régimen de Gadafi, Libia ha estado sumida en el caos. Después de cinco años de agitación política, por fin un gobierno de unidad ha sido formado recientemente. Sin embargo, existe actualmente un gobierno paralelo en la parte oriental de Libia dirigido por el general renegado KhalifaHaftar. Este último no reconoce el gobierno de Trípoli y ha entrado en guerra con Daesh (IS) y otros grupos por el control de Bengasi.

 

Daesh ha estado intentando desde 2011 tomar el control de las regiones de Libia debido a sus vastas fronteras, así como su riqueza petrolera. La creciente influencia de este grupo terrorista, así como la capacidad militar de Haftar y sus seguidores han planteado problemas de seguridad a la coalición de gobierno. Como consecuencia, el país sigue dividido y sin ejército nacional con capacidad suficiente para mantener un control estricto de sus vastas fronteras.

 

Durante los últimos años, las iniciativas para articular una alternativa moderada pero eficiente al llamado “extremismo religioso” en la región se ha convertido, sin duda, en un problema urgente. El desarrollo del grupo llamado Daesh ilustra lo desesperadamente que se debe buscar una alternativa en Libia. Los medios de comunicación han demostrado ser herramientas eficaces en la formación y el desarrollo de Daesh. Las nuevas tecnologías han ampliado los espacios de influencia para la circulación y la negociación de su discurso. Tales condiciones sin precedentes y la ausencia de una unión capaz de ganar legitimidad entre la población, han dado lugar a la aparición de una miríada de autoridades religiosas.

 

Por otro lado, durante las últimas décadas ha habido un gran debate sobre la aparición de grupos islámicos. En la mayoría de los centros de investigación y organismos de monitorización política a este fenómeno se le ha dado diversos apelativos como “extremismo islámico”, “Islam político”, “Islam radical”, “fundamentalismo islámico”, “islamismo”, “islamistas”, ‘terrorismo islámico’, etc. Las razones para el desarrollo de este tipo de grupos, incluyendo los retos que plantean, ha sido la mayor parte del tiempo atribuidos a diversos problemas que el mundo árabe y musulmán ha tenido que hacer frente, pero a algunos lo han considerado como un signo de un choque de civilizaciones renovado.

 

Sin embargo sostengo que, contrariamente a la afirmación de que estos grupos surgieron como parte del proyecto de occidentalización en la región, de hecho, han ganado credibilidad debido a la ausencia de una sociedad civil próspera en algunas partes del mundo árabe, que está dispuesto a abrir la oportunidad para que la libertad de expresión, de organización y adaptarse a las diversas diferencias ideológicas y religiosas. Yemen, Irak, Siria, Libia y Egipto son ejemplos de ello. Este tipo de dictaduras en la región se han considerado no sólo obstáculos hacia la modernización y el desarrollo, sino que también constituyen un fracaso total, incluso en sus intentos de desarrollar sus países económica, política y tecnológicamente siguiendo el modelo liberal occidental.

 

Lo que es seguro es que ayudar a las partes equivocadas en Libia, es decir al general Khalifa Haftar y a su banda, promoverá la desestabilización de Libia. El pueblo libio protestó la semana pasada contra la intervención francesa por esta misma razón. Lo que están pidiendo es que las potencias europeas deben comprometer su apoyo al gobierno legítimo, militarmente o de cualquier otra manera. Haftar está en el lado opuesto de la legitimidad política.

 

Francia se ha enfrentado a terribles ataques en su territorio durante las últimas semanas. Los grupos extremistas como Daesh son los responsables de alimentar a los autores. El ataque bárbaro a fieles en una de las iglesias de París el 26 de julio es otro crimen horrible contra civiles pacíficos.

 

La política exterior de Francia ha de ser reconsiderada. Se ha hecho evidente en varias partes del mundo árabe de que el terrorismo no prospera en un ambiente democrático. Daesh y sus asociados están condenadas al fracaso si la democracia, la justicia y la libertad de expresión prevalecen en los países asolados por la guerra en el mundo árabe.

 

Este artículo fue publicado por primera vez por thepeninsulaqatar.com.

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