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El Iphone como arma contra los tanques en Turquía

Mientras el pueblo de Turquía luchaba por su futuro, se produjo un silencio ominoso entre los líderes occidentales cuya imagen de marca es la democracia. El consulado francés había cerrado dos días antes. ¿Sabía algo que los turcos desconocían?

Para dar un golpe de Estado, los altos oficiales del ejército turco de las fuerzas de tierra, el primer y cuarto ejércitos y la fuerza aérea hicieron todo lo posible para tomar el poder.

Ocuparon dos aeropuertos y cerraron un tercero.Trataron de separar el lado Europeo del asiático de Estambul. Bombardearon el parlamento de Ankara nueve veces. Había una batalla orquestada frente a la sede del MIT, la agencia de inteligencia de Turquía. Se desplegaron tanques, helicópteros y aviones F-16.

Para derrotar el golpe de Estado, el presidente turco utilizó su iPhone. Las mezquitas utilizan sus altavoces, transmitiendo la llamada a la oración horas antes del amanecer. Los líderes políticos de todos los credos, algunos firmes oponentes del presidente, llamaron de forma inequívoca para derrotar el golpe de Estado. Los policías detuvieron a los soldados.

Personas desarmadas tomaronel edificio de CNN Turk y los puentes sobre el Bósforo, haciendo frente a los disparos de recuperar la democracia en su país.

Esto era inequívocamente un golpe militar. Sin embargo, la embajada de Estados Unidos en Ankara en su mensaje de emergencia a los ciudadanos de Estados Unidos lo calificó como un “levantamiento”.

GeopoliticalFutures publicó un análisis diciendo que el golpe fue un éxito. La BBC árabe, Sky News árabe, El Arabiya TV, el editor diplomático de ITN, y las cadenas estadounidenses comentaban a toda mecha el fin de Erdogan o su huida a Alemania.

TheGuardian publicó un artículo cuyo titular (que fue modificado posteriormente) lo decía todo sobre su autor, incapaz de contener la alegría ante la desaparición de un hombre al que calificó como islamista autoritario: “¿Cómo, Recep Tayyip Erdogan, aumentó las tensiones en Turquía?”.

Mientras el pueblo de Turquía luchaba por su futuro, se produjo un silencio ominoso entre los líderes occidentales cuya imagen de marca es la democracia. El consulado francés había cerrado dos días antes. ¿Sabía algo que los turcos desconocían?

En su declaración inicial, el secretario de Estado, John Kerry utiliza cada palabra, excepto la temida “d”. Se esperaba que la “estabilidad y la paz continúen” dentro de Turquía.

Nada sobre apoyar a un presidente y un parlamento legítimamente elegidos. Sólo cuando ya era evidente que el golpe estaba fallando emitió el presidente Barack Obama y Kerry una declaración apoyando a Erdogan.

Si quieres saber por qué Europa y los EE.UU son un objeto inservible en Oriente Medio, por qué han perdido toda autoridad moral, de hecho cualquier tipo de autoridad, y por qué ya no son  los adalides del cambio democrático, no tienes más que observar las tres horas de silencio mientras esperaban ver por dónde soplaba el viento en Turquía.

 

Los saudíes esperaron 15 horas antes de emitir una declaración de apoyo Erdogan. Los emiratíes y los medios de comunicación que controlaban el mensaje de que Erdogan había huido del país.

Exactamente lo contrario era la verdad. Erdogan mostró valentía para entrar en un avión y se dirigió a Estambul sabiendo que los F16 estaban en el aire y que la pista de aterrizaje en el aeropuerto Ataturk podría haber sido cerrada.

Sólo tres países en el mundo apoyaron claramente Erdogan desde el principio – Marruecos, Qatar y Sudán.

Lo que fue particularmente impresionante fueron las declaraciones de los políticos turcos que tenían muchas razones para querer dejar marchar a Erdogan, ya que ellos mismos habían sido desplazados por él. A su favor, el líder del partido más grande de Turquía, Kemal Kalicdaroglu del Partido Republicano Popular de centro-izquierda (CHP), salió de inmediato contra el golpe con una serie de tweets, diciendo que el país ha “sufrido mucho” en golpes militares del pasado .

Dos líderes del partido AK del ala liberal, que habían sido desplazados o recientemente despedidos por Erdogan lo apoyaron. El ex presidente Abdullah Gul dijo a CNN Turk que “Turquía no es un país de América Latina… Llamo a los que tratan de derrocar al gobierno a volver a los cuarteles.”

El ex primer ministro de Turquía, Ahmet Davutoglu, dijo a Al Jazeera: “Turquía es una democracia… No creo que este intento tenga éxito. No puede haber ningún intento de desestabilizar Turquía. Nos enfrentamos a tantas crisis en Siria y otras regiones, es el momento de tener solidaridad con el pueblo turco… En este momento personas en diferentes ciudades están en las calles, las plazas [protestan] en contra de este intento de golpe de Estado. ”

Todas estas personas pudieron ver lo que el consenso occidental sobre Erdogan no podía. Que el proceso era más importante que el hombre. Que los turcos, lo creas o no, salían luchar y morir por el derecho a elegir a su presidente, a pesar de que la mayoría claramente no quiere que él tenga poderes presidenciales.

La reacción de Turquía fue la de una democracia madura. La reacción occidental fue la de la democracia corrupta, terminal manchada por su apoyo militar y político a la autocracia.

El punto de inflexión en el juego moral de la noche anterior en Turquía se produjo cuando las imágenes de Erdogan hablando en su iPhone fueron emitidas y se expandieron de forma viral a través de las redes sociales.

Hasta ese momento, parecía que el golpe tendría éxito. Llamó a la gente a tomar las calles. Y ellos hicieron caso a esa llamada a veces a costa de la propia vida. Un iPhone derrotando tanques.

Turquía demostró que no es Egipto. Si hay algo que aprender de estos días oscuros sobre la democracia en Oriente Medio, lo hay sobre todopara aquellas personas que viven al otro lado del Mediterráneo y cuyo país está sangrando por una autocracia militar una vez aclamada como una segunda revolución.

 

No es la primera desde 2011, los autócratas de la región deben estar temblando a día de hoy. Las fuerzas democráticas que pueden derrotar soldados, pueden derrotarles a ellos también.

David Hearst es editor en jefe de Middle East Eye. Fue jefe de la redacciónen el extranjero de TheGuardian, ex Editor ExtranjeroAsociado, Editor para Europa, jefe de la oficina de Moscú, Corresponsal en Europa, y corresponsal en Irlanda. Se unió a TheGuardian desde el Scotsman, donde fue corresponsal de educación. Este artículo fue publicado por primera vez por el Middle East Eye.

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David Hearst es editor jefe de Middle East Eye. Fue corresponsal de The Guardian, antiguo editor asociado en el exterior, European Editor, Jefe de la Oficina de Moscú y corresponsal para Europa e Irlanda. Se incorporó a The Guardian desde The Scotsman, donde había sido corresponsal.

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