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La OTAN en Túnez

La OTAN aspira a tener una base militar en Túnez. A pesar de la magnitud de los problemas de seguridad, no existe un partido ni un gobierno que esté dispuesto a aceptar eso y defenderlo públicamente

El Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, anunció a los tunecinos que su organización está trabajando actualmente en el apoyo a las autoridades locales de seguridad de Túnez a través de un centro de inteligencia establecido en el país. Sus declaraciones, que llegaron a través de una rueda de prensa celebrada recientemente, reflejan el creciente interés de la OTAN en Túnez como parte de la expansión de sus planes de logística en el Norte de África y los países del África subsahariana.

La OTAN tiene numerosas razones para justificar lo que está haciendo, sobre todo porque estas medidas vienen en un contexto regional que está lleno de riesgos y desafíos, tanto el tamaño de las redes del crimen organizado, como el aumento de grupos armados de orientación extremista.

Además, estos pasos están dispuestos de acuerdo a la cooperación con los países involucrados, entre los que se incluye a Túnez. En los últimos cuatro años, ha habido un notable desarrollo en el formato de la cooperación entre la OTAN y los sucesivos gobiernos de Túnez. Dado que el grupo Ansar Al-Sharia estuvo clasificado como organización terrorista por el gobierno de la troika, y una vez Ennahda se convenció de la necesidad de entrar en la confrontación contra Al-Qaeda y Daesh, las fuerzas de la OTAN iniciaron una serie de consultas con el gobierno, poniendo un énfasis especial en cómo abordar el apoyo para reducir el riesgo de ataques terroristas.

La OTAN aspira a tener una base militar en Túnez. A pesar de la magnitud de los problemas de seguridad, no existe un partido ni un gobierno que esté dispuesto a aceptar eso y defenderlo públicamente. Tal cuestión está formada por un conglomerado de tabúes políticos que queman a quienes acercan a ella o abiertamente la defienden. La democracia que no protege la soberanía nacional pierde su legitimidad.

Las fuerzas políticas y civiles no son las únicas que rechazan abiertamente el tema de una base militar en Túnez, la posición de Argelia es uno de los factores más importantes que trabajan para impedirlo. La estrategia de seguridad adoptada por el régimen argelino a lo largo de su batalla contra los grupos armados principalmente se ha basado en la autosuficiencia y el rechazo de todas las formas de participación militar extranjera en esta guerra. Esto no quiere decir que los argelinos no estén a favor de cooperar con socios regionales e internacionales en la llamada “guerra contra el terrorismo”, sino que no permiten que estos países ejecuten operaciones sobre el terreno, o que participen en el desarrollo de las políticas de seguridad. Los argelinos tienen razón en hacer esto porque las potencia europeas han estado interesados en sus  enormes depósitos de petróleo y la ubicación estratégica de su país durante mucho tiempo. Por esto, no es del interés de Túnez entrar en una disputa con su vecino, que se considera actualmente como su principal aliado de seguridad a nivel regional en la lucha contra Al-Qaeda y Daesh.

Sin embargo, la manera en que el terrorismo evoluciona y su complejo status en ciertas naciones, fuerza a Túnez a aceptar la cooperación para la seguridad de los organismos de inteligencia internacionales – a la vanguardia de lo que es la OTAN – con el fin de asegurar sus fronteras y adquirir la capacidad de hacer ataques preventivos contra estos grupos que se están moviendo a la sombra. Estos grupos, ya sean conscientes de ello o no, son los responsables de empujar a sus gobiernos hacia alianzas de seguridad globales con grupos internacionales de seguridad por lo que tal vez pueden tener éxito en esta guerra librada contra ellos.

Se da una lógica política peligrosa entre algunos de estos grupos como los que creen que deben presionar a sus gobiernos para caer en los brazos de las potencias extranjeras. Por lo tanto cada vez que los regímenes se involucren en este sentido, los grupos piensan que van a prevalecer en su batalla absurda, argumentando que empujar a los regímenes  a una dependencia externa perdería su legitimidad y aceleraría su desaparición. Esta es una apuesta espuria, no sólo porque es antipatriótico y conlleva consecuencias devastadoras para todos, sino también porque sólo beneficia a una parte: Occidente.

Traducido del Al-Araby Al-Jadeedel 12 de julio de 2016.

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