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Los cinco errores de Hamás y su inevitabilidad

La necesidad urgente es simplemente involucrar a todas las facciones para que encuentren un proyecto integral palestino que reemplace el infructuoso proyecto de Oslo y a un sinfín de conversaciones de paz sin sentido.
Logotipo de Hamás -Movimiento de Resistencia Islámica en Palestina.

Recientemente, se han sucedido fuertes llamamientos por parte de intelectuales de diversos movimientos políticos islámicos en el mundo árabe para  la reevaluación de las estrategias, ideologías, paradigmas y tácticas de los mismos. Algunos incluso, como el tunecino Ennahda, abogaron por un cambio completo desde la religión a la política. Hamás, como un movimiento de importancia crucial, el cual fue pionero e inspiró a los restantes movimientos islámicos, mantiene revisiones periódicas de sus prácticas y perspectivas.

El grupo islamista lleva en el poder en la Franja de Gaza desde hace una década, y durante este tiempo se han cometido cinco inexcusables – aunque inevitables – errores.

No hace falta decir que la causa palestina ha pasado por una recurrente inestabilidad, que complica el proceso de toma de decisiones políticas y ha dado lugar a consecuencias desastrosas. Después de los Acuerdos de Oslo de 1993, Hamás fue arrinconado y acusado de ir al son de la melodía nacional mediante la adopción de la lucha militar como única solución estratégica a la causa palestina.

En aquel entonces, en una conferencia en la Universidad Islámica de Gaza, el Dr. Abdel Aziz Al-Rantisi, co-fundador de Hamás, dijo en respuesta a una pregunta acerca de la participación del movimiento en la escena política tras los Acuerdos de Oslo,: “En el caso de que Hamás gane las elecciones y forme el gobierno, inmediatamente será impuesto un estado de sitio, las personas serán castigadas y no tendremos más remedio que alimentar a la gente que nos eligió.”

Originalmente, Hamás fue fundado como un movimiento de resistencia, orquestando la lucha armada contra la ocupación. La doctrina de Hamás es liberar toda la tierra ocupada de Palestina y participar en el logro de un sistema de gobierno islámico. El proceso de Oslo barajó de nuevo todas las cartas y el movimiento islámico se vio obligado a hacer frente a los continuos intentos de alienación social y política y de su misma aniquilación.

Históricamente, Hamás tiene un impresionante historial de triunfos electorales en los sindicatos y uniones locales. Sin embargo, se creía que un cambio dramático para combinar la lucha armada con la vía política no era un paso sensato, debido a las previstas consecuencias en caso de que el movimiento ganara las elecciones, pero había que preguntarse si quedaban otras opciones.

Finalmente, en 2005 Hamás ganó las elecciones y su aplastante y abrumadora victoria llevó al indiscutible intento de Washington de “domesticar a la fiera”.

Tras ganar los comicios, las conspiraciones para derrocar a Hamás comenzaron a ser preparadas por su partido rival, Fatah. Mohammed Dahlan, ex jefe de las Fuerzas de Seguridad Preventiva en Gaza, y el líder más prominente de Fatah en la Franja, amenazó con que cualquier persona que ayudara o participara en cualquier gobierno de coalición sería castigada severamente. Se comprometió entonces a dar lecciones a Hamás sobre lo que él denominó “política de danza del vientre”. Por lo tanto, Hamás fue literalmente asaltado a nivel nacional e internacional. Escrupulosamente, el movimiento realizó todos los esfuerzos posibles para crear alternativas y encontrar soluciones. Sin embargo, la incitación y la provocación de sus rivales fue inasumible e insoportable.

Hamás se vio obligado a defenderse a sí mismo con el fin de proteger su proyecto y sobrevivir. Principalmente, la doctrina de Hamás ha sido: “Si vas a levantar la mano contra mí para matarme, no voy a levantar mi mano contra ti para matarte. Ciertamente solo temo a Dios, Señor de los mundos.”

Sin embargo, la situación en el momento justificó plausiblemente el golpe militar. Hamás ganó las elecciones y a pesar de su disposición a hacer concesiones, no estaba facultado para embarcarse en su legítimo derecho. Era indudable que cualquiera que fueran las compensaciones o concesiones que hiciera Hamás, este sería inexorablemente aislado y condenado al ostracismo regional e internacional. Desde la perspectiva del movimiento islamista, no había lugar a dudas de que la inminente prioridad era frustrar, por todos los medios, la estrategia norteamericana que tiene como objetivo exterminar a Hamás.

No hay que olvidar que la conspiración contra Hamás era colosal, y así las cosas, Hamas fue rápidamente reconducido a resolver el conflicto político nuevamente con medios militares.

Tras su fracaso en dominar a Hamás, Washington rápidamente comenzó a preparar otra operación furtiva para capacitar y respaldar a las fuerzas armadas bajo el mando del teniente general Keith Dayton, quien había sido designado como coordinador de seguridad estadounidense en Cisjordania. El trabajo de Dayton era abiertamente fortalecer a Muhamamd Dahlan y desencadenar una sangrienta guerra civil en Gaza que eventualmente conduciría a la pulverización de Hamás.

Por otro lado, parte de los indescriptibles desafíos de Hamas fueron las ininterrumpidas y consecutivas guerras que drenaron la población de Gaza y devastaron la ya destrozada economía de la Franja. Hamás ha demostrado persistentemente tener una gran capacidad militar y de resistencia en el campo de batalla.

Es común que después de una pelea, las partes en conflicto deban negociar. Los líderes presos de Hamás negociaron directamente con los israelíes para recuperar los derechos de los detenidos palestinos en las cárceles de Israel. Hamás también está familiarizado con la parcialidad y la hostilidad de todos los mediadores. Por lo tanto, es prudente estar involucrado en conversaciones directas con Israel para evitar los argumentos de Egipto los cuales favorecieron a Israel a expensas de los derechos de Gaza.

La reticencia de Hamás a mantener conversaciones directas con Israel es simplemente porque no quiere repetir el error de Fatah en monopolizar la decisión palestina que eventualmente nos arrastró a la solución eterna de “dos prisiones” a través del llamado proceso de paz.

Hamás estaría dispuesto a negociar bajo el paraguas de una verdadera OLP nacional que no excluya a las facciones palestinas activas. Es una cuestión reconocida que la OLP no es suficientemente representativa, y más recientemente sus acciones han sido suspendidas y completamente paralizadas por el presidente palestino, Mahmoud Abbas.

Abbás ha supuesto un serio dolor de cabeza para Hamás, y el segundo error incurable perpetrado fue despilfarrar la extraordinaria oportunidad de reconciliarse con él cuando el expresidente de Egipto, Mohamed Morsi aún estaba en el poder. El impulso de la primavera árabe y la influencia ascendente del movimiento islámico se colocaban entonces en una posición de fuerza para imponer sus condiciones y arrastran a Abbás a un acuerdo satisfactorio.

Mohamed Morsi, entonces presidente de Egipto, y los líderes de Hamás realizaron todas las promesas posibles para facilitar la realización de una verdadera reconciliación nacional que pudiera poner fin a la fractura abierta durante 10 años, pero la dilación habitual de Abbás y la obstrucción deliberada de un acuerdo en ese momento hacen surgir preguntas sobre su conocimiento previo de la gran conspiración tramada contra Morsi y Gaza.

Los palestinos aún tienen la esperanza de que Hamás, el cual no ha ahorrado ningún esfuerzo para llegar a un acuerdo con Fatah, volverá a levantarse de las cenizas del enclave devastado para establecer un organismo nacional integral que incluya el espectro político palestino al completo y sólo excluya a las “envejecidas marionetas de Israel”.

La experiencia ha demostrado la inutilidad de las conversaciones de reconciliación bilaterales entre Fatah y Hamas. Por lo tanto, la necesidad urgente es simplemente involucrar a todas las facciones para que encuentren un proyecto integral palestino que reemplace el infructuoso proyecto de Oslo y a un sinfín de conversaciones de paz sin sentido.

A la luz de un presunto plan árabe secreto para derrocar a Abbás y reemplazarlo con Dahlan, quien está públicamente respaldado por Egipto, los Emiratos Árabes Unidos e Israel, Hamás sabe plenamente que dicho plan es parte de una gran acuerdo para resolver regionalmente la cuestión palestina bajo los auspicios de los países del Golfo, a saber: Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

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