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Fuerzas occidentales y árabes bajo mando francés van a Bengasi para apoyar a Haftar

Durante más de dos años, Bengasi ha sido testigo de batallas intermitentes entre los grupos armados de oposición, entre los yihadistas, y las fuerzas de Haftar, supuestamente las más afines al Parlamento reconocido internacionalmente en Tobruk.
El general libio Khalifa Belqasim Haftar.

Una fuente de seguridad ha revelado la versión en árabe del diario Huffington Post  la existencia de una sala de operaciones militares de alta tecnología bajo mando francés en Bengasi, que contaría además con participación británica, italiana, de Emiratos Árabes Unidos y de Jordania. La sala de operaciones sirve de base para apoyar al general Khalifa Haftar, comandante de la operación de Al-Karama, puesta en marcha a mediados de 2014, a pesar del hecho de que éste sigue negándose a cooperar con el gobierno patrocinado por la ONU.

La fuente anónima añadió que esta sala de comando y control se encuentra en el interior de la base aérea de Benina en Bengasi, que es considerado el puesto militar más importante para las fuerzas pro-Haftar.

Los preparativos para la habilitación de la sala de operaciones se iniciaron en diciembre del año pasado, supervisados por las tropas francesas, cuya presencia en Bengasi fue revelada también por la Huffington Post-Arabic. El centro de operaciones contiene una sala principal y habitaciones adyacentes dotadas de equipos electrónicos, ordenadores y pantallas que muestran imágenes en directo de la ciudad emitidas desde aviones de reconocimiento que operan a gran altura hasta 18 horas al día. Ametralladoras dushka de 12.7mm por control remoto están instaladas en el techo del edificio para complementar los lanzacohetes controlados desde los aviones. Pequeños drones- que probablemente incluyen un Schiebel Camcopter S-100 UAV fabricado en Austria – también se emplean para efectuar rondas de vigilancia permanentes.

Según la fuente, la sala de operaciones lleva operando desde mediados de febrero. También hay otras tropas extranjeras posicionadas en la base que están operando en diversas tareas.

Cuarenta técnicos franceses cubren las comunicaciones y el control de la aviación, analizan las fotografías y dirigen la infantería en el terreno, así como gestionan la sala de operaciones. Son apoyados por 15 miembros de las fuerzas armadas británicas, cuya tarea es recoger datos y observar todo lo que ocurre sin intervenir en las operaciones militares. Hay además en torno a 10 soldados jordanos que llevan a cabo misiones sensibles, como la formación de los infantes de marina de Libia en las operaciones navales: desactivación de minas, esconder trampas y sabotear barcos y dragaminas. La contribución de los EAU está limitada a 4 soldados que llevan a cabo tareas muy importantes para las fuerzas de Haftar mientras operan los dos lanzadores de cohetes y el avión no tripulado que fue entregado a Haftar por los Emiratos.

Las tropas italianas, que cuentan con 40 efectivos, se dividen en dos grupos. El primero entrena a las fuerzas de Haftar en el uso de misiles antitanque y se basa en la línea del frente. El segundo grupo de alrededor de 20 personas se encuentra posicionado dentro de la sala de operaciones y comparte funciones con los franceses.

También hay, dice la fuente, una serie de marines de Estados Unidos dentro de la base. Se negó a describir su función o misión.

No están permitidos los libios en la sala de operaciones, aparte de algunos altos mandos militares. El más destacado de ellos es Abd Al-Salam Al-Hasi, de quien se dice que es el oficial de enlace que trabaja entre las fuerzas Haftar y el centro de mando y control.

El gobierno de acuerdo nacional que es apoyado por la comunidad internacional está tratando de establecer su autoridad en Trípoli. Sin embargo, todavía se enfrenta a oposición en el este, ante de la negativa del general Haftar de someterse a él. Libia se ha convertio en un Estado fallido desde la caída de Muammar Al-Gadafi tras la intervención militar de la OTAN en 2011. Las milicias armadas compiten por el control del país, rico en petróleo.

Los extremistas de Daesh se han aprovechado de la situación con el fin de reforzar la presencia del grupo en Libia. Han tomado el control de la ciudad de Sirte, convirtiéndola en un campo de entrenamiento para sus elementos armados.

Durante más de dos años, Bengasi ha sido testigo de batallas intermitentes entre los grupos armados de oposición, los yihadistas, y las fuerzas de Haftar, supuestamente las más afines al Parlamento reconocido internacionalmente en Tobruk. Las tropas del general se benefician además del apoyo brindado por algunos países árabes.

La ONU y varias potencias internacionales han pedido a las facciones enfrentadas que se unan bajo el gobierno de acuerdo nacional, para que su misión principal se centre en hacer frente a la amenaza yihadista representada por Daesh. El general Haftar ha dicho que sus fuerzas “nunca” se unirán al gobierno de acuerdo nacional respaldado por la ONU antes de que se disuelvan las milicias aliadas con el gobierno.

El acuerdo de unidad alcanzado en diciembre el año 2015 llamó a poner fin a la división entre los gobiernos contendientes en Trípoli, la capital, y el de Tobruk, al este de Libia, que han luchado por el control de los recursos petroleros del país desde el año 2014. Cada uno se beneficia del apoyo de grupos armados que han estado luchando desde la caída de Gadafi.

Al comentar sobre las demandas de reconciliación con el gobierno de unidad encabezado por Fayez Al-Sarraj, Haftar dijo: “No tenemos nada que hablar con Al-Sarraj en la actualidad ya que el Consejo Presidencial que dirige no fue reconocido por el Parlamento [de Tobruk] “.

El general lidera lo que se conoce como el Ejército Nacional de Libia, pero su futuro papel en cualquier fuerza militar nacional de unidad, ya sea como ministro de defensa o comandante del ejército, ha sido el tema más polémico frente a los intentos de lograr la unidad.

Durante dos años, ha participado en una operación centrada principalmente en Bengasi, la ciudad más grande en el este de Libia, contra los extremistas islámicos y otros antiguos adversarios, quienes lo ven como alguien apoyado por Egipto y que representa los restos del antiguo régimen con ambiciones presidenciales.

Traducido el 21 de junio de 2016 del Huffpostarabi.com.

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