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¿Ha cedido la ONU al chantaje saudí?

La Organización de Naciones Unidas y en concreto su Secretario General, Ban Ki Moon, han retirado a Arabia Saudí de la lista de países que violan los derechos de los menores.

La Organización de Naciones Unidas y en concreto su Secretario General, Ban Ki Moon, han retirado recientemente a Arabia Saudí de la lista de países que violan los derechos de los menores. ¿Cómo se ha gestado el proceso según el cual la organización internacional más importante de defensa de la paz y los derechos humanos ha accedido a borrar de esa lista a Arabia Saudí?

Según muchos, Arabia Saudí es un país con escasas credenciales en lo que a respeto por los derechos humanos se refiere, ya que su ideología religiosa oficial, el wahabismo, impone serias restricciones a los derechos de colectivos como las mujeres o las minorías religiosas, especialmente de los chiíes, que constituyen en torno a un 10% de la población saudí. Al mismo tiempo, sobre Arabia Saudí han recaído abundantes denuncias con respecto al trato dado a sus trabajadores inmigrantes, muchos de ellos procedentes de Pakistán, Indonesia o Bangladesh y que viven en un régimen que algunos califican de “esclavista”.

En la política exterior, este país también ha recibido abundantes acusaciones de complicidad con redes de terrorismo internacional. Su presencia en los conflictos de Afganistán en los década de los años ochenta -donde se dio a conocer nada más y nada menos que Osama Bin Laden- , el envío cientos de predicadores de tendencia wahabí o su participación en la menos conocida guerra del Cáucaso, entre Rusia y la separatista República de Chechenia, a través de predicadores salafistas coordinados por el comandante saudí Ibn Al-Jattab que luchó al lado de las milicias chechenas, parece dar cuenta de posibles vinculaciones financieras, militares y políticas entre Arabia Saudí y los grupos extemistas.

El nuevo rey Salman Bin Abdulaziz y su hijo, el joven Príncipe Heredero y Ministro de Defensa Mohamed bin Salmán Al-Saud se han implicado fuertemente en el conflicto que sacude actualmente Oriente Medio. Las constantes amenazas de Adel Al-Yubair, Ministro de Asuntos Exteriores saudí, con realizar un ataque terrestre contra el gobierno de Bashar Al-Asad en Siria o la brutal – y escasamente mediática- guerra contra el movimiento rebelde de los hutíes en Yemen, nos muestra el fuerte deseo que el gobierno de Arabia Saudí siente por reafirmar su posición como gendarme en la geopolítica de Oriente Medio. En lo que se refiere al conflicto yemení, Arabia Saudí también ha sido acusada de servirse del apoyo de grupos extremistas como Al Qaeda en la Península Arábiga, e incluso el autodenominado Estado Islámico en Yemen con el fin de ayudar a su ejército a penetrar en territorio enemigo.

Arabia es un gigante económico con crecientes problemas financieros tras la congelación del precio del petróleo para el año 2016 y 2017. De hecho, la agencia Moody´s bajó la calificación a largo plazo de Arabia Saudí desde Aa3 hasta A1 debido a esta circunstancia, hecho en el quizá radiquen los motivos de la celeridad con que trata de imponer su autoridad en los diversos escenarios regionales.

Al mismo tiempo, Arabia Saudí ha recibido denuncias que le acusan de estar usando armamento prohibido de fabricación estadounidense. Recientemente, la organización norteamericana Human Rights Watch publicaba en un informe que “Arabia Saudí y sus países aliados han utilizado bombas de racimo en su intervención militar en Yemen”, mientras el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), informaba de que Arabia Saudí impidió en Marzo de 2015 el aterrizaje de un avión que contenía un convoy de medicamentos y productos farmacéuticos.

Del mismo modo, la coalición liderada por los saudíes ha sido señalada por haber realizado bombardeos contra la población civil y hacia objetivos prohibidos por el derecho internacional como áreas residenciales, hospitales, colegios e infraestructura de uso exclusivamente civil. Según UNICEF, la guerra de Yemen ha afectado a 21 millones de personas, de los que 2,7 han tenido que abandonar sus casas. Se han producido más de 32.000 víctimas mortales, más de 900 niños han muerto y más de 1.300 han resultado heridos, además de haber 1,3 millones de menores en situación de desnutrición severa. Estos datos arrojan una macabra media de seis niños muertos o heridos cada día en esta guerra, agravada por la situación de aislamiento y el estado de sitio promovida por el gobierno de Riad con su intervención en apoyo del depuesto presidente Abd Rabbuh Mansur Hadi.

La ONU decidió, en base a las anteriores acusaciones, incluir el día 2 de Junio de 2016 a Arabia Saudí en la lista de estados que violan los derechos humanos y los derechos del niño. Tras esta decisión, el gobierno saudí, junto con otros estados aliados, decidieron amenazar a Naciones Unidas con la retirada de sus generosas aportaciones a los fondos de programas de la ONU, entre ellos el programa de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos).

Tras la retirada de Arabia Saudí de la funesta lista, son muchos los que piensan que Ban Ki Moon, en calidad de Secretario General de Naciones Unidas, ha accedido al chantaje de uno de los estados más poderosos del mundo en términos económicos y geopolíticos, que cuenta además con aliados internacionales muy bien posicionados.

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