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“Mantener vivo el recuerdo de Abu Khdeir ayudará a crear conciencia de la causa palestina”

Conocí a Suha Abu Khdeir, la madre del adolescente palestino Mohammed Abu Khdeir que fue secuestrado y quemado vivo por colonos israelíes en 2014, en el segundo Foro de Medios Palestinos en Estambul, Turquía, el mes pasado.

El dolor estaba engravado en su rostro mientras hablaba conmigo sobre la importancia de participar en conferencias internacionales y eventos que tratan de atraer atención sobre el sufrimiento de los palestinos, incluso si le recordaban su pérdida.

Estaba presente, me dijo, para asegurarse de que la muerte de su hijo no había sido en vano. Suha quería que su hijo fuera más que una noticia o un titular fugaz; quería que Mohammed fuera recordado y que su muerte significara algo y provocara un cambio positivo.

Cada madre palestina que ha perdido a su hijo “carga una enorme responsabilidad” y “tiene un mensaje que debe transmitir,” explicó. Hablar de la trágica muerte de su hijo y destacar las violaciones cometidas por los colonos israelíes en la Cisjordania ocupada y en Jerusalén Este es la manera de Suha de aliviar el dolor de su pérdida y de transformar su pena en algo positivo.

“Somos madres. Tenemos emociones e instintos maternales,” dijo, con los signos del duelo aún en el rostro. “Cada madre ha de mantener esos sentimientos… pero también ha de permanecer fuerte para transmitir su mensaje y el mensaje de su hijo”.

En efecto, el caso de Mohammed fue noticia a nivel internacional y cosechó apoyo para la causa palestina. Un estudio de  Yesh Din, un grupo de derechos humanos israelí, reveló que el 85% de las investigaciones de los crímenes supuestamente cometidos por israelíes contra palestinos en la Cisjordania ocupada se cierran sin que nadie resulte acusado. Del pequeño número de casos que resultan en acusaciones, sólo un tercio acaba en condena. En el caso de Mohammed, los perpetradores fueron condenados.

Aunque sus abogados habían lanzado en el último minute un  alegato de enajenación mental, un tribunal israelí condenó el mes pasado a cadena perpetua a Yosef Haim Ben-David, el cabecilla de la banda judía que secuestró a Mohammed, de 16 años de edad, de una calle de Jerusalén Este en la madrugada del 2 de Julio de 2014 y le llevó a un bosque en el que le golpearon, le rociaron de gasolina y le prendieron fuego. El tribunal también le ordenó pagar 150.000 shekels (39.000 dólares) a la familia de Mohammed.

Sus otros dos cómplices fueron condenados en febrero, uno a cadena perpetua y el otro a 21 años de prisión.

La voz de Suha se estremecía, mientras ella combatía las lágrimas, mientras narraba la muerte de su hijo. “Si mi hijo hubiera sufrido martirio de cualquier otra forma, por lo menos podría decirme que le pasó lo mismo que a muchos otros jóvenes, pero mi hijo fue quemado vivo”.

“Que ninguna madre tenga que pasar por esto,” añadió. Las lágrimas le corrían por las mejillas mientras pensaba en lo él había tenido que pasar, sabiendo que nada podía hacer por ayudarle o salvarle.

Haaretz informó de que algunos habitantes del distrito de Shuafat, en Jerusalén Este, habían denunciado a la policía que unos hombres judíos habían intentado secuestrar en el barrio a un niño de nueve años, dos días antes del asesinato de Mohammed. La inactividad de la policía, daban por sentado, había permitido el secuestro y asesinato de Mohammed. Más tarde salió a la luz que Ben-David y sus dos cómplices eran quienes habían intentado secuestrar al niño de nueve años dos días antes.

Un año tras la muerte de Mohammed, un bebé palestino llamado Ali Dawabsheh y sus padres murieron en un ataque incendiario perpetrado por extremistas judíos en el pueblo de Duma, en la Cisjordania ocupada, dejando atrás a un superviviente, Ahmed, de 4 años de edad.

“Si el tribunal hubiera condenado con más rapidez a los asesinos de Mohammed, quizá se hubiera podido prevenir la masacre de la familia Dawabsheh,” dijo el padre de Mohammed.

Suha me mostró un colgante que lleva entorno al cuello, con una imagen de la cara de Mohammed. Me contó que Mohammed siempre se estaba riendo, y que esa era la imagen que quería guardar de él.

“Mohammed siempre está conmigo,” me dijo, secándose las lágrimas. “Siempre tomo mi fuerza de él”.

Mohammed se ha convertido en un símbolo para los palestinos de Jerusalén Este y de Cisjordania; su madre, en la encarnación de la fuerza y la determinación de las mujeres palestinas.

 

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Jehan Alfarra es una escritora palestina y periodista multimedia que cubre asuntos de Oriente Medio y se especializa en noticias políticas y asuntos sociales palestinos. También es autora colaboradora del libro "Gaza Writes Back".

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